Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El coyote

ANUNCIÓ JUAN MANUEL SANTOS, QUE relanzando su campaña buscaba alegrarla y llenarla de humor.

Lo logró, pero a qué costo, pues esta semana emuló al perverso Coyote de las tiras cómicas, urdiendo trampas fallidas para atrapar al Correcaminos, que terminaron volviéndose en su contra.

Abrió plaza Santos haciendo público que es asesorado por J.J. Rendón, el “reconocido estratega venezolano”, como con pluma complaciente lo identifica el periódico de Planeta, cada día más al servicio de los intereses partidistas de su destacado accionista.

Tengo que reconocer que nunca creí capaz a Santos de admitir tanta cercanía con el inventor de la “clínica del rumor”, no sólo por los conflictos que han rodeado su trabajo en Colombia, sino porque en su página web (jjrendon.net), Rendón pregona que “como asesor político, mi función es vender la imagen de mis clientes y no la mía. Ante todo, yo soy una figura que debe permanecer en el anonimato, porque esto garantiza la seguridad de la campaña y sus protagonistas”.

Raro que a J.J. le parezca que su mejor trabajo lo hace sin que nadie lo vea, pero a pesar de ese dogma, Juan Manuel, obviamente por orden de Uribe y José Obdulio, decida sacarlo del clóset, luego defenderlo de las críticas de los medios, para terminar enterrándole el cuchillo por carecer de visa para trabajar en Colombia. Todo eso en un solo día, y además, discrepando públicamente con su caricatura de vicepresidente, pues mientras Santos aclaraba que J.J. trabajaría con él sólo si arregla su permanencia en el país, el arribista de Angelino sugirió que así como en el exterior hay colombianos indocumentados, en reciprocidad deberíamos dejar trabajar en Bogotá a este consultor del dicterio.

Lo más insólito, sin duda, fue la defensa cerrada que Juan Manuel asumió de J.J. en los medios, para lo cual no le importó ofender a uno que otro amigo suyo. Allí también faltó a la verdad, al sostener que no sabía de unas supuestas querellas que su estratega ha instaurado en Miami contra quienes hemos opinado sobre su cuestionada labor del pasado, acciones al parecer promovidas para que cuando llegara la hora de esta campaña electoral y tuviera que volver a Colombia, nadie se atreviera a recodar quién es y de qué es capaz. Se equivocó de cabo a rabo.

En lo personal, me gustó el regreso de J.J., por los disparates que puso a hacer desesperado Juan Manuel, y porque la Fiscalía tendrá oportunidad de iniciar de oficio las investigaciones penales que no ha emprendido. En efecto, el Fiscal General debe establecer cuál fue la participación de Rendón en la supuesta extorsión que denunciara el parlamentario Nicolás Uribe para desprestigiarlo con unas prostitutas, o qué tuvo que ver en el malhadado episodio cuando una dependiente suya pretendió hacerle el favor de sacar del país una cuantiosa suma en dólares sin cumplir los requisitos de ley.

En fin, como lo sentenció un amigo, cómo será de efectivo Rendón en campaña negra, que en menos de una semana acabó con la reputación de Santos.

Pero faltaba todavía la insólita defensa que Santos asumió de Roberto Prieto, nuevo gerente de la campaña. Juan Manuel admitió que no le importó que su asesor financiero esté llamado a juicio por fraude a resolución judicial, porque hizo y deshizo para incumplir una sentencia de la Corte Suprema que condenó a su empresa a pagarles las prestaciones a dos de sus ex trabajadores. Este sería su ministro de Hacienda o el director de Planeación. Y a propósito, el ex sindicalista Angelino no dijo ni pío, le pareció normal que les pongan conejo a los trabajadores.

Con lo de J.J. y lo de Prieto, Juan Manuel dejó al descubierto el talante retador y moralmente ligero de lo que sería su gobierno. A la hora de apostar todo vale, hasta lo ilícito. Ese es nuestro divertido Coyote.

Adenda. Ahora sí no funcionaron las agencias de inteligencia, ni la cooperación internacional, con ocasión de las amenazas en Facebock a Mockus. ¿Seguridad democrática o familiar?

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