Por: María Elvira Samper

Rendón, ¿un tiro en el pie?

FIEL A SU CONVICCIÓN DE QUE ES UN imbécil quien no cambia cuando cambian las circunstancias, Juan Manuel Santos decidió darle un timonazo a su campaña.

Y es que las circunstancias han cambiado y no son tan favorables como lo fueron después de que, al declarar inexequible el referendo reeleccionista, la Corte Constitucional le despejó el camino a la Presidencia. Entonces, las encuestas lo mostraban a la cabeza del pelotón de aspirantes, con la distancia suficiente como para asegurar que ganaría en primera vuelta.

Pero la situación mutó de signo y el nerviosismo cundió en las toldas de la U hasta el punto de que, en un sorpresivo e inusual gesto mockusiano de franqueza y humildad, el candidato reconoció haberse equivocado y por eso la decisión de relanzarla, de hacer un revolcón en la estrategia y en los cuadros de la campaña.

Santos tiene problemas, no cabe duda. Como no heredó el teflón presidencial, está pagando el costo de los numerosos escándalos que involucran al Gobierno y que no parecen haber afectado la imagen de Uribe, empezando por las chuzadas y los seguimientos del DAS a magistrados de la Corte Suprema y a miembros de la oposición, y las ejecuciones extrajudiciales con las que el candidato es directamente asociado. De ahí la necesidad de repotenciar la campaña, uribizándola al máximo, dándole prelación a la U de Uribe sobre el apellido Santos de Juan Manuel, que ofrece resistencias y es percibido por algunos sectores como muy elitista. De ahí el llamado angustioso del candidato: “El destino de Colombia no está en manos de Juan Manuel Santos, está en manos de todos los uribistas… ¡Necesito de su ayuda!”. Un claro S.O.S., el reconocimiento de que con su solo nombre no puede garantizar la victoria.

La campaña la está viendo tan negra, que una de las decisiones del heredero, la más polémica, fue “oficializar” como estratega a J.J. Rendón, un venezolano experto en marketing político, un eufemismo para disfrazar lo que parece ser su verdadero oficio: la propaganda negra. El venezolano se ha hecho famoso por hacer del rumor un arma privilegiada de la propaganda política, por su falta de escrúpulos a la hora de diseñar campañas electorales. No en vano reconoce como maestro a Joseph Napolitan, pionero de la consultoría política, quien en un documento titulado “100 cosas que he aprendido en 30 años de trabajo como asesor en campañas electorales”, dice que es preferible ganar una campaña con guerra sucia que perderla sin usar ese tipo de estrategias.

La presencia de Rendón en la campaña desafía la credibilidad, uno de los principios básicos de la bandera del “buen gobierno” que con tanto orgullo empuña Santos, y además desconoce otra máxima de Napolitan, esa que dice que “la percepción es más importante que la realidad”. Y es que ni siquiera con sus propias armas, Rendón ha logrado contrarrestar su mala imagen.

Curiosa, por decir lo menos, la decisión de Santos, un hombre inteligente, frío y calculador. No sólo ya le costó tres deserciones importantes (Juan Mesa, Alberto Velásquez y Nicolás Uribe), sino que lo puso contra la pared, a la defensiva, a dar explicaciones, a justificar el nombramiento de tan polémico personaje. Más que una decisión audaz e inteligente, parece una reacción desesperada, un tiro en el pie.

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