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Desde la primera escena el espectador queda capturado por la trama y por su dramaturgia, por la economía de su puesta en escena, su exquisito minimalismo: tres actores, una silla, dos copas, un muro blanco, una ventana, un tejado y ya, no más. Me gusta que el artista confíe en su arte, que el declamador no precise guitarras ni el clown juegos pirotécnicos ni el héroe efectos especiales. Ni el trapecista redes, como si obedeciera al precepto sioux que me contó Mario Mendoza: salta, el suelo ya aparecerá.
Blanco completamente blanco es la historia de Equisese, una diseñadora de modas; el arquitecto Ele, su marido; y Eme, un vendedor de telas que el destino pondrá en el camino de Equisese para salvarla de la jartera del matrimonio y, de paso, revolcarle su burgués hogar y destruirle, literalmente, su hermosa familia. Eme no tiene mayores atractivos pero tampoco los necesita: cualquiera es más interesante que un marido. Ele es un hombre extraordinario, sólo tiene un defecto: es marido, es decir, ejerce la profesión menos glamourosa de todas. Equisese no tiene que hacer mucho esfuerzo para conquistar a Eme y perturbar la sala: es un mujeronón de piernas largas, culo firme y rostro perfecto.
El romance de Equisese y el “tinieblo” tocará su fin cuando Ele descubra unas cartas comprometedoras que lo desquiciarán hasta el punto de llevarlo a cometer unos actos tan terribles que harán perder la razón también a Equisese.
La obra funciona por una serie de efectos bien controlados: el contraste entre la sofisticada Equisese y el rústico Eme; el erotismo, que corre a cargo de la infidelidad del magnífico animal que es Equisese; la tensión, manifestada en la paranoia de Eme, que se siente observado, en la furia contenida de Ele, y en el presagio de los espectadores que conocen, por una vieja convención del género, que los triángulos pasionales siempre terminan mal; los diálogos oscilan entre el lenguaje corriente, de trámite, obscenidades eróticas (porque el libreto no soslaya ningún riesgo) y reflexiones inteligentes sobre la vida, sobre el amor y su invencible enemigo, la muerte del deseo.
Aunque la narración no es lineal (hay saltos en el tiempo que agudizan la tensión y salvan la monotonía de la secuencia natural de los acontecimientos), el sentido de la obra resulta completamente claro. El final es un clímax dramático narrado a través de dos monólogos paralelos, el de Ele y el de Equisese, dos seres que lo han perdido todo, el amor, los hijos, la razón. El monólogo de Ele es real pero parece ficción por lo terrible. El de Equisese es monstruoso porque delira banalidades justo cuando su esposo confiesa sus crímenes. Con mucho tacto, la directora Martha Márquez evitó saturar la escena con dos actuaciones patéticas y puso, junto al paroxismo histérico de Ele, los tranquilos desvaríos de una Equisese en shock letárgico.
Blanco totalmente blanco estará en escena hoy sábado a las 7:30 p.m., y el 23, 24 y 25 de octubre en la sala de Caliteatro, calle 12 N° 4-51, barrio San Antonio, Cali. Reservas: 893 88 11. La obra es una producción de Teatroas, una compañía que cuenta en su portafolio proyectos de pedagogía escénica para programas educativos y empresariales, organización de festivales de teatro, Calibook (un portal de promoción de artistas caleños) y un sinnúmero de montajes teatrales clásicos y modernos. Asimismo, la compañía ha dirigido el casting de varias películas, entre ellas Perro come perro y Dr. Alemán (2008).
