Tintín, a juicio

"Fue un error de juventud", declaró Hergé varios años después de haber publicado en 1930 su libro de cómic Tintín en el Congo en el periódico Le Vingtième Siècle.

En la edición original, Tintín se refería a los congoleños como perezosos y negros. En 1946 la historia fue editada, pero jamás dejó de ser polémica. Ayer, el abogado Ahmed L’Hedim, representante del congoleño Mbutu Mondondo Bienvenue, acusó a la historieta ante un tribunal de Bélgica por difundir “manifiestamente ideas basadas en la superioridad racial”. Mondondo había comenzado su campaña en contra de Tintín en 2007.

Más allá de las palabras utilizadas por Hergé, cuyo verdadero nombre era Georges Remi, el tema planteado en el cómic es profundamente delicado para la población del Congo, que fue colonia belga durante el Siglo XIX, con todas las implicaciones que dicho colonialismo tuvo, hasta el punto que Mario Vargas Llosa escribió que “durante un cuarto de siglo por lo menos, el Congo fue desangrado, esquilmado y destruido, en una de las operaciones más crueles que recuerde la historia, un horror sólo comparable al Holocausto. Pero, a diferencia de lo ocurrido con el exterminio de seis millones de judíos por el delirio racista y homicida de Hitler, ninguna sanción moral comparable a la que pesa sobre los nazis ha recaído sobre Leopoldo II y sus crímenes”.

El próximo 14 de octubre la corte escuchará las argumentaciones de Casterman y Moulinsart, la editorial de Tintín, y la sociedad que posee los derechos de autor sobre el periodista belga, que transitaba por sus aventuras siempre acompañado por su perro Milú. En caso de que la corte finalmente decida no prohibir el cómic, el demandante ha solicitado que se le agregue una nota introductoria al libro avisando sobre su posible contenido ofensivo. La medida ya se llevó a cabo en el Reino Unido, donde Tintín en el Congo luce una advertencia que anima al lector también a tener en cuenta la época en la que se escribió. Moulinsart ya se ha negado a aplicar tal cartel a la obra y Alain Berenboom, abogado defensor de Moulinsart y Casterman, le aseguró a la agencia Reuters “que pedirle a un tribunal que ponga un aviso es una forma de censura”.

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