Por: Fernando Araújo Vélez
El caminante

Conjugarnos en futuro y en plural

Ahora, que ni dios es sagrado, que las palabras se compran y se venden y se miden, que los poemas son un lujo de antes de la guerra, que Neruda o Cernuda tienen un precio en las vidrieras de las librerías, que nos apegamos a las definiciones y desechamos las incertidumbres. Ahora, que las campanas no doblan por nadie porque no queda nadie para tocarlas, de tanto y de tantos que vamos muriendo a punta de fusiles constitucionales o de máquinas y algoritmos. Ahora que todo es rápido para que nadie piense, y que reaccionamos y reaccionamos en lugar de actuar, que es como decir, en lugar de decidir. Ahora, que hay que ir a una notaría para que alguien certifique que nosotros somos nosotros, que nos llamamos como nos llamamos, y que incluso, amamos.

Ahora, que un diploma es garantía de nuestro conocimiento, y que ese conocimiento, como el aire, el agua, la luz, caminar, respirar, nacer y morir, vale una millonada, cancelable en el mejor de los casos, con exorbitantes cuotas mensuales, intereses no incluidos, y ahora que para enseñar no se requiere saber, sino uno de esos diplomas. Ahora, que las luchas son por prebendas, cargos, viajes o premios, en síntesis, el metro cuadrado, y no por cambiar el mundo, y que lo importante es visibilizar al otro por su color, origen o sexo, no por su obra. Ahora que te linchan si no estás de acuerdo con los promotores de las luchas por el metro cuadrado y con las mayorías, y ahora, sí, ahora que las mayorías son cada vez mayores y cada vez más iguales. 

Ahora, que repasamos y repasamos fórmulas de manuales dictadas por profesores y creemos que la vida cabe en esas fórmulas, y que por lo mismo, necesitamos un profesor para tocar guitarra, para escribir, para jugar a la pelota, para amar, e incluso, para desamar. Ahora, que el trabajo parece ser un simple empleo y las religiones, un rezo, y la democracia, votar, y con cumplir un horario, un rezo e ir a votar nos sentimos salvados.  Ahora, que los diarios nos hicieron creer que los políticos suman, que merecen todos los espacios, muy a pesar de que sólo resten y dividan y se les vaya la vida peleando por un cargo, hundiendo a otros por un nombramiento, amparados por una palabreja que al parecer lo aguanta y lo permite todo: política. 

Ahora, precisamente ahora, es cuando más debemos ser conscientes de todos esos ahora para volverlos añicos y empezar a conjugarnos en futuro y en plural.

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