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16 Jan 2022 - 2:00 p. m.

Acción Climática Empresarial basada en Restauración

Contenido patrocinado por la Corporación Ambiental Empresarial

La CAEM propone una estrategia de Acción Climática Empresarial que incluye un Observatorio de Acción Climática Empresarial y, servicios a empresas para mitigar emisiones de GEI y contribuir a la NDCs, con soluciones basadas en tecnología y naturaleza.
El artículo 22 de la ley 2169 del 22 de diciembre de 2021 incentiva la reducción de emisiones.
El artículo 22 de la ley 2169 del 22 de diciembre de 2021 incentiva la reducción de emisiones.
Foto: Cortesía CAEM

El cambio climático que enfrentamos es calentamiento global, es decir, aumento de la temperatura media del planeta que, si bien a lo largo de la historia ha tenido lugar varias veces por causas naturales, el aceleramiento observado en los últimos 200 años se atribuye, principalmente, a actividades humanas.

El punto de inflexión del balance del ciclo del carbono en el planeta, por causas humanas, se atribuye a la Revolución Industrial (1760-1840). En aquel entonces, la población global no llegaba a los mil millones de seres humanos, con una marcada inequidad en cuanto a la satisfacción de necesidades básicas, tales como alimentación, vestido, educación, salud, movilidad, entre otras. Apenas una minoría exageradamente pequeña, tenía los privilegios de satisfacer estas necesidades, que actualmente consideramos básicas. El gran hito histórico del descontento social frente a esta situación de inequidad fue la Revolución Francesa en 1789, que inspiró una secuencia de revoluciones independentistas en todo el mundo que culminó a mediados del siglo XX.

La esencia de la Revolución Industrial consistió en el modelo de organización para la producción, el modelo empresarial. La invención de la máquina a vapor y su aplicación para mover telares industriales destinados a producir masivamente textiles para el vestido, ya no de unos pocos, sino de la inmensa mayoría de personas; así como la invención del tren y barcos a vapor, para movilizar masivamente personas y mercancías, fueron posible gracias a modelos empresariales que encontraron un escenario dominado por necesidades insatisfechas de la gran mayoría de la población mundial.

En este escenario converge el interés por el enriquecimiento de muchos que no ostentaban los privilegios del pasado, a través de la inversión y, el desarrollo de la ciencia en todos los campos, gracias justamente al impulso dado por la inversión privada. De esta forma se logró un salto muy significativo en la cobertura de necesidades básicas de la población, inicialmente en los países más avanzados, y posteriormente en el resto del mundo.

La revolución industrial, en términos ecológicos, significó la disminución de la capacidad de absorción de carbono a nivel global, gracias a la sistemática eliminación de bosques a lo largo del siglo XIX y gran parte del siglo XX y, de otra parte, el aumento en las emisiones de carbono a la atmósfera, al extraer del subsuelo, combustibles fósiles como el carbón en un principio, y posteriormente el petróleo.

Con el paso de los años y de tasas cada vez más altas de deforestación a nivel global, gracias a tecnologías más eficientes, y a la masificación del consumo de combustibles fósiles, se llegó a que, en 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, se incluyera el problema del calentamiento global en la agenda política de la comunidad internacional.

Es innegable el papel que tuvo el modelo empresarial en la solución de necesidades básicas de la población mundial, que se ilustra a través de varios indicadores tales como la población global, que pasó de casi mil millones en 1800 a poco menos de ocho mil millones en la actualidad; la esperanza de vida a nivel global pasó de 29 años en 1800 a 71 años en 2020.

También es fácilmente observable que en la actualidad el acceso a vestido, alimentos, salud, educación, movilidad, recreación (inexistente para la inmensa mayoría antes de la Revolución Industrial) son hoy en día, necesidades satisfechas para la inmensa mayoría de los casi ocho mil millones de personas que habitamos el planeta. Desde luego aún hay inequidades en algunos países o regiones del mundo, pero en agregado, la humanidad ha logrado niveles de bienestar nunca antes vistos en su historia, siendo el principal indicador ecológico, su crecimiento poblacional sostenido.

El modelo empresarial fue una respuesta muy eficiente para la atención de necesidades básicas, que ante la ausencia de señales de mercado que reflejaran los límites del planeta para absorber los residuos, emisiones y vertimientos de nuestra sociedad, acompañado de excesos como el consumismo o creación de necesidades por parte del propio modelo empresarial en el siglo XX, han dado por resultado un problema acumulativo que hoy pone en entredicho los niveles de bienestar alcanzados.

Si entendemos que, en la actualidad, detener el calentamiento global es una necesidad básica insatisfecha de la población mundial, habría que acudir a los modelos ya probados para resolver estos retos, eso sí, bajo unas condiciones y lineamientos producto de las lecciones aprendidas.

La mitigación como estrategia de reducir las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) es insuficiente para restablecer el ciclo del carbono, pues el problema es acumulativo, de tal suerte que cualquier cantidad adicional, por pequeña que sea, empeora la situación. La adaptación, por definición está dirigida a reducir la afectación del calentamiento global, aceptando la imposibilidad de revertir el proceso. La restauración climática surge como una alternativa complementaria a la mitigación y a la adaptación, pero no producto de la caridad o las buenas intenciones de algunos, sino producto de la intervención empresarial al servicio de la satisfacción de esta nueva necesidad básica insatisfecha.

En Colombia, la Ley 2169 del pasado 22 de diciembre, abre justamente la posibilidad para que el sector privado juegue un rol definitivo en la solución al problema: “Artículo 22. Fortalecimiento de los Mercados de Carbono… Para tal efecto el gobierno nacional podrá desarrollar instrumentos económicos de carácter fiscal, financieros y administrativos que incentiven la reducción y remoción de emisiones”.

El cumplimiento de los compromisos internacionales adquiridos en el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, Contribución Nacional Determinada (NDC por su sigla en Inglés), es la meta inmediata para conseguir a 2030. El reto es construir el escenario de mercado adecuado para que esto ocurra, es decir, para que la inversión privada concurra masivamente a proyectos de restauración climática, recuperando la capacidad de absorción de carbono mediante una restauración de las coberturas forestales, tanto con fines de conservación como de arreglos productivos que involucren coberturas forestales comerciales y de protección.

La acción climática empresarial basada en restauración, complementaria a los esfuerzos de mitigación y adaptación, en los que ya está comprometido el país, es generadora de empleo, oportunidades de inversión, de emprendimiento y contribuye a la recuperación de servicios ecosistémicos.

La Corporación Ambiental Empresarial (CAEM) lidera La iniciativa de Acción Climática Empresarial con dos proyectos al servicio de las empresas colombianas. El Observatorio de Acción Climática Empresarial, donde se monitorea la efectividad de las acciones implementadas para contribuir a las NDC, y, de otra parte, ofrece servicios de cálculo de la huella de carbono de empresas, el asesoramiento para reducir dicha huella y mejorar su competitividad, la posibilidad de compensar parte de la huella en proyectos de restauración climática empresarial. Este último basado en el potencial de reforestación que tiene el país con cerca de 16 millones de hectáreas con vocación forestal según el DNP, para una absorción total estimada de 1,8 gigatoneladas de CO2 equivalente, es decir, más de ocho veces las emisiones de GEI de Colombia.

Esta iniciativa puede contribuir a transformar la canasta exportadora del país, incorporando los servicios climáticos como fuente de divisas a futuro.

(*) Henry Garay Sarasty, director ejecutivo de la Corporación Ambiental Empresarial CAEM. www.caem.org.co

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