19 Sep 2021 - 1:00 a. m.

Contenido patrocinado por Hidroituango

Así se estudia la calidad del agua que llega y sale del embalse de Hidroituango

Los monitoreos que se realizan en 20 puntos del río Cauca señalan que el estado del agua mejora a lo largo de su paso por el embalse, a pesar de los procesos biológicos que implica el represamiento.

A simple vista, uno de los cambios más evidentes del río Cauca después del represamiento a la altura del Proyecto Hidroeléctrico Ituango (PHI) fue el color verde que tomó la superficie y la proliferación de una planta macrófita o flotante conocida como buchón de agua, una especie invasora de rápido crecimiento que puede amenazar las condiciones de un ecosistema cuando no es controlada de la manera adecuada. En 2019, ciudadanos y autoridades se alertaron por los cambios de coloración en el “Patrón Mono”, como es llamado por los indígenas de la región por el color ocre que ha tenido tradicionalmente. Pero, ¿qué ha venido pasando y qué está haciendo EPM sobre la calidad del agua del Cauca?

Róbinson Miranda, director ambiental y social del proyecto, explica que con la construcción del muro esa zona del río Cauca pasó de ser un ecosistema lótico a uno léntico. En palabras menos técnicas, esto significa que dejó de ser un cuerpo de agua corriente para convertirse en uno de agua relativamente quieta. “Eso se esperaba que sucediera, está en el Plan de Manejo Ambiental del proyecto”, señala Miranda.

Desde su nacimiento en el Parque Nacional Natural Puracé, entre Cauca y Huila, hasta Hidroituango, en el norte de Antioquia, el río Cauca recorre 153 municipios. Esto implica “impactos importantes por contaminación de tipo orgánico e inorgánico”, explica Juan Guillermo Uribe, jefe del Centro de Laboratorios de la Universidad de Medellín, quienes junto a Conintegral S. A. S. constituyen la unión temporal encargada de monitorear el agua del Cauca desde 2012.

Las descargas orgánicas, continúa Uribe, son aquellas provenientes de las aguas residuales domésticas vertidas a lo largo del cauce del Cauca y de sus afluentes tributarios, debido a la carencia de sistemas adecuados de saneamiento. A esto se suman los vertimientos industriales y otros provenientes de actividades de agricultura y ganadería. Por otro lado, el material inorgánico está en los sedimentos por la erosión en las riberas del río Cauca, así como las descargas de metales por diferentes actividades humanas.

Todos esos compuestos le aportan al agua carbono, nitrógeno y fósforo que se oxidan a lo largo del río por efecto del oxígeno que este lleva en su corriente. Este, un proceso que es previo a la construcción de Hidroituango y que sigue ocurriendo, hace que el río Cauca tenga aguas con alta contaminación. Sin embargo, como explican los expertos ambientales, algo diferente viene sucediendo desde que se represó el agua en el proyecto.

Descontaminación natural

Son tres las condiciones que se suman para que el aspecto del agua cambie en el embalse: la primera, los contaminantes que, pese a deteriorar la calidad del agua, se convierten en nutrientes; la segunda, la luz directa del sol, y la tercera, el agua que corre con lentitud. Uribe da la explicación técnica de lo que sucede cuando se suman estos tres ingredientes:

“Con el oxígeno qué va a pasar: el carbono se va a oxidar como CO2, el nitrógeno a nitratos y el fósforo a ortofosfatos, nutrientes elementales desde el punto de vista natural. Lo que hace el río es degradar esa materia orgánica, y al momento que llega al embalse, esos nutrientes por acción de la luz empiezan a dar floración y empieza a presentarse un fenómeno biológico que es la eutrofización: un crecimiento acelerado de algas y macrófitas”.

(Lea también: Hidroituango, una mirada al proyecto hidroeléctrico)

Este proceso, más la presencia de bacterias, contribuyen a la coloración verde y las plantas flotantes que pueden verse en varios lugares de los 78 kilómetros de embalse. Róbinson Miranda cuenta que el proyecto funciona como una gran laguna de oxidación, por lo que el embalse “lo que hace precisamente es mejorar la calidad del agua”. En términos simples, el embalse sirve de barrera para muchos de los contaminantes que se asientan o precipitan y otros son removidos. El buchón y las basuras que recoge el río no continúan aguas abajo.

“Tenemos contratadas Juntas de Acción Comunal que permanentemente están extrayendo toda esta cantidad de material flotante que está en el embalse. También tenemos equipos y personal permanentemente. El buchón lo vamos a tener toda la vida, lo que hacemos es controlarlo”, dice el director Miranda. Para tener ese control, hay barreras físicas con mallas y canecas flotantes en el embalse que atrapan las plantas y residuos grandes y luego son jaladas por lanchas hacia las orillas, donde son recogidas por maquinaria amarilla.

Luego, el paso del agua por el proyecto hidroeléctrico tiene otro efecto. “El salto, en este caso por el vertedero, genera un mejoramiento de la calidad del agua especialmente en la disponibilidad de oxígeno”, dice Miranda, lo que permite que después de la represa el río Cauca tenga condiciones ambientales “en una condición similar a las que tenía en los años 30 o 40 porque se retiene la mayoría de residuos sólidos de casi medio país, tiene más oxígeno disuelto y buena parte de los contaminantes se quedan en el embalse”.

Del embalse a los laboratorios

Desde la superficie de una embarcación pequeña sobre el embalse, el biólogo Juan Andrés Burgos, uno de los encargados del monitoreo hidrobiológico, utiliza filtros para tomar muestran del agua. “Es un muestreo cualitativo y cuantitativo de acuerdo con las variables que se van a determinar”, explica. Pero el análisis de esas muestras no se hace allí, sino en laboratorios certificados.

De acuerdo con los estudios, el agua que llega a la cola de presa es de calidad baja a media, pero dentro de este “pasa de media a buena” gracias a los beneficios del vaso del embalse, explica Juan Guillermo Uribe. Con la oxigenación por la descarga a través del vertedero, ese rango de calidad se mantiene alto hasta Puerto Valdivia, pero desde allí y hacia el Bajo Cauca actividades como la minería, la agricultura, la ganadería y nuevas descargas domésticas vuelven a deteriorar el agua del río.

Estas afirmaciones se basan en los monitoreos científicos de casi 10 años. Para Hidroituango se analizan siete índices de calidad del agua (ICA), cada uno con variables distintas, pero con resultados similares. Juan Guillermo Uribe cuenta que en Hidroituango se pasó de medir 30 variables en el 2012 a 129 en la actualidad.

Entre índices estos están el del Ideam, el ICOMI, el ICOSUS, entre otros, pero el que más se usa es el índice NFSWQI, “uno de los indicadores más ampliamente usados a nivel mundial debido a su relación directa con el estado de calidad de una corriente de una manera fácil y rápida”, según un documento técnico de la Unión Temporal Conintegral S.A.S. - Universidad de Medellín.

El monitoreo se realiza en 20 puntos, desde el Puente de Occidente, aguas arriba en Santa Fe de Antioquia, hasta Nechí, aguas abajo, en el Bajo Cauca. Los peores índices de calidad de agua se encuentran en algunos tributarios arriba del embalse, como las quebradas Juan García (50,55), La Honda (52,27), Pená (25,86) y Santa Marta (47,67) y en el río Peque (41,79), según el monitoreo realizado entre enero y junio del 2021. El valor máximo de este índice es 100, y estar entre 25 y 50 significa tener calidad muy mala o mala.

En cambio, los sitios donde se registra mayor calidad están en la presa y aguas abajo. El sitio de presa registra 65,18, que se acerca a calidad media. Los siguientes, aguas abajo del muro, están entre calidad media y buena: Puente 64 (74,19), Sinitavé (74,65) y Puerto Valdivia (74,43), según las variables físicas, químicas y biológicas que se miden.

Comparte: