29 Sep 2020 - 9:36 p. m.

Cinco cosas de la nueva normalidad que no les agradan a las mascotas

La etóloga y experta en comportamiento canino, Angélica González, realizó un pequeño manual para evitar los excesos y sobrellevar algunas de las cosas de la nueva normalidad que menos les agrada a los perros. Siga estos consejos.

La nueva normalidad ha dejado hábitos permanentes en la cotidianidad de las personas y en la relación que estas tienen no solo con sus amigos y familiares sino también con sus mascotas. Por eso es fundamental aprender a reconocer lo que les hace bien, principalmente a los perros, para evitar cambios en su estado de ánimo, problemas en su comportamiento y enfermedades que afecten su bienestar.

Algunas de las tareas para cuidar la salud que han alterado la rutina de los peludos tienen que ver con el lavado constante de patas, el distanciamiento social y el uso de máscaras de protección. Pero, ¿cómo viven los perros estos cambios? Y ¿qué recomendaciones seguir para cuidar su felicidad sin dejar de lado las normas de bioseguridad?

El siguiente es un manual elaborado por Angélica González, etóloga y experta en comportamiento y educación canina de Waggo, para evitar los excesos y sobrellevar algunas de las cosas de la nueva normalidad que menos les agrada a los perros, y así entender mejor su comportamiento y ayudarlos a hacer esta transición de manera más tranquila.

  • Limpieza de patas: Obligatorio, pero no del gusto de todos.

Algunos perros expresan su molestia con reactividad o presentan lamidos compulsivos. Por supuesto no debemos dejar de hacerlo, pero podemos volverlo algo positivo, que nos ayude a mejorar nuestra relación con ellos y mitigue su sensibilidad.

¿Qué hacer?

Hazlo agradable: esto implica que uses productos que no lo lastimen y que seas gentil cuando hagas la limpieza. Puedes probar ofreciendo un premio cada vez que tomes una de sus patas o al final de la rutina. Esto te permitirá darle expectativa, generar control y hacer que todo sea más divertido.

Hazlo habitual: generar costumbres a veces toma tiempo, pero puedes avanzar sin desensibilizar los acercamientos y manipulaciones al cuerpo y patas de tu peludo. Acaricia sus patas en diferentes momentos del día, así podrás acostumbrarlo a que esto es algo natural en su nueva rutina y que no aparece solo cuando llega de una salida.

Hazlo moderado: hay perros a los que no les gusta el acercamiento a algunas partes de su cuerpo. Busca momentos tranquilos para poder acercarte, acaricia las zonas que encuentra placenteras y con calma inicia contactos en los que no, aumentando gradualmente la superficie y cantidad de tiempo.

  • Uso de zapatos: No recomendable para la rutina diaria.

En muchos hogares ha irrumpido la idea de poner zapatos en los perros para mitigar el contagio de virus, sin embargo, esta práctica resulta molesta para la mayoría de ellos quienes a menudo manifiestan su frustración evitando las salidas e incluso mostrándose reactivos o agresivos durante estas.

El uso de zapatos puede ser útil en algunas situaciones, donde a causa del clima las temperaturas puedan llegar a ser muy altas o muy bajas, también cuando hay cortes o lastimaduras en los pulpejos. Sin embargo, no se recomienda que estos accesorios sean usados como parte de la cotidianidad y las caminatas, pues limitan el movimiento y dificultan la amortiguación natural de la extremidad, aumentando los riesgos de accidentalidad o consecuencias por malas pisadas.

Además, sus patas están diseñadas para comunicarse con el mundo, pues en estas se encuentran estructuras sensibles que le permiten recibir información de la naturaleza y dejar una huella de sus feromonas que serán olfateador por otros miembros de su especie. Sin olvidar que complementan una función reguladora de la temperatura corporal, por medio del transporte de sangre al contacto con superficies frías y de la exudación de calor a través de los pulpejos.

¿Qué hacer?

No pongas zapatos si no los requiere. Lo mejor para proteger la entrada de virus en las patas de tu perro, será la limpieza con agua jabonosa, o sanitizantes naturales como el compuesto hipocloroso, después de cada salida. De esta manera permitirás que tu peludo disfrute de las ventajas de ser perro, a la par que creas una rutina de obediencia y mantienes tu hogar libre de cualquier peligro.

  • Comunicación con tapabocas: Obligatorio, pero no siempre fácil de comprender para nuestros amigos de cuatro patas.

Cuando llevamos el rostro cubierto, los perros no pueden leer nuestras expresiones faciales, viéndose privados de signos fundamentales que les permiten identificar con claridad nuestras solicitudes, necesidades e intenciones. Y es que si bien es cierto que los perros identifican algunas palabras y pueden discriminar la tonalidad de la voz, ellos se comunican primordialmente bajo una estructura de lenguaje no verbal que han ido perfeccionando durante miles de años de proceso co-evolutivo.

¿Qué hacer?

Es fundamental ponernos en el papel de nuestro perro, brindarle seguridad y procurar ser más explícitos en el proceso comunicativo.

Mantener una postura corporal erguida para los momentos donde requerimos obediencia mejorará la confianza e indicará al perro que vamos a darle una orden.

Utilizar señales explícitas. Por ejemplo, si necesitas llamar su atención o redirigirlo hacia alguna situación, procura indicar con la mano o señalar con la mirada exagerando el movimiento de la cabeza, las cejas o el ceño.

  • Distanciamiento social: Obligatorio, pero confuso para muchos perros.

Los perros tienen unas condiciones sociales y de desarrollo específico que hace que requieran del contacto concreto con la naturaleza y con otros individuos para mantenerse equilibrados, por lo cual anular las actividades de relacionamiento puede causarles molestia, frustración y desasosiego. Más aún, cuando seguimos patrones de comportamiento que les indican que estamos sintiendo angustia o incomodidad por la cercanía de los individuos a su alrededor, pues esto puede exacerbar sus emociones, fomentando temores y agresiones.

Debemos buscar que el distanciamiento no se vuelva traumático para nuestros perros, cuidando que no interpreten el alejamiento como un signo de que los otros humanos implican peligro o tienen intención de hacernos daño. Igualmente debemos tener un buen manejo en el acercamiento entre mascotas, procurando no limitarlo si no es realmente necesario.

¿Qué hacer?

Convierte el distanciamiento en una práctica habitual, generando rutinas y comandos que puedas aplicar en varias situaciones, de esa manera tu perro no vincula los cambios con el acercamiento de otros individuos.

Durante las caminatas, has habituales los cambios de calle y de posición de tu mascota en referencia a tu cuerpo (izquierda-derecha), de esta manera estará acostumbrado para cuando debas hacerlo

En las visitas al parque, genera comandos y límites para mantener a tu peludo dentro de un perímetro controlable, donde pueda acudir con tranquilidad a tu llamado cuando sientas que lo requieres. Practica estos ejercicios aun cuando no estén ante la situación de distanciamiento y vincularlos a refuerzos placenteros (caricias, comida, juguetes)

  • Cambios de rutina: No recomendable y poco digerible para la mayoría de los perros.

El cambio inesperado de rutinas se considera uno de los factores de mayor riesgo para el desarrollo de trastornos emocionales en los perros, pues en sus formas de adaptación ellos anticipan cada detalle de su vida cotidiana. El no poder hacerlo conlleva ansiedad para su diario vivir, pues pierden seguridad en lo que viene, entrando en un estado de alerta continuo sobre cuándo podrán acceder de nuevo a los recursos modificados.

La permanencia 24 horas con las mascotas puede generar apegos y problemas ante la separación. La estadía en casa, en conjunto con la disminución de las salidas al aire libre puede causar ansiedad, estados depresivos y aumento de peso en nuestros perros, debido a cambios en el nivel de actividad física, reducción de estímulos medio ambientales satisfactorios y limitaciones para la socialización con sus congéneres.

Los perros necesitan de esparcimiento y socialización para mantenerse equilibrados, pues en esos espacios desarrollan actividades de olfateo, juego, convivencia y obtienen exposición al sol, factores que resultan fundamentales para su bienestar, pues producen estímulos a nivel físico químico de su organismo, ofreciendo respuestas que los hacen felices y los mantienen regulados a nivel emocional, físico y cognitivo

¿Qué hacer?

Procura que las salidas, aunque sean cortas, incluyan olfateo y quema de energía.

Ten un buen protocolo de limpieza con tu mascota, así podrás prevenir riesgos, sin que interrumpan los procesos de socialización con amigos de su misma especie.

Retoma las rutinas o crea algunas nuevas que tengan estabilidad, sobre todo para situaciones específicas como comer, jugar y salir al baño, si eres consistente con estas, tu perro sabrá qué esperar y no estará angustiado por lo que viene.

Si debes hacer cambios de rutina por regreso al trabajo, estudio u otras actividades, procura ir introduciendo los hábitos y horarios de manera gradual, incluso desde antes de que comiencen las modificaciones a tu vida.

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