17 Oct 2021 - 12:00 a. m.

Con comunidades se busca recuperar las ciénagas donde nace la vida del río Cauca

Contenido patrocinado por Hidroituango

Estos cuerpos de agua en el Bajo Cauca son la “sala cuna” donde los peces maduran y donde han crecido también generaciones de pescadores. Con varias entidades y con las comunidades, EPM busca contribuir a la restauración ecológica de los ecosistemas cenagosos.
Pescador Wílder José Gómez.
Pescador Wílder José Gómez.
Foto: El Espectador

Julio César Torres dice que es pescador “de nacimiento”. Tiene 72 años y como casi cualquiera de las personas a las que se les pregunta en las ciénagas del Bajo Cauca antioqueño, su vida ha estado ligada desde siempre a esos espejos de agua que se extienden por kilómetros y kilómetros de las planicies de inundación en Antioquia, Córdoba, Sucre y Bolívar. Ese tiempo de vida cienaguera le permite decir con conocimiento de causa que la pesca anda mal.

En este diagnóstico coinciden varios pescadores que obtienen su sustento de las aguas casi quietas de las ciénagas. Julio César asegura que hace más de dos meses no pescan bagre, “porque el río perdió corriente”, mientras Hernán Antonio Díaz Menco, de 56 años, atribuye la reducción en la pesca a la técnica del trasmallo deslizado, restringida por las autoridades del país. “Acabó con todo”, dice este habitante del corregimiento Palomar, de Caucasia.

El deterioro de las ciénagas y humedales de esa región ha sido un proceso progresivo durante las últimas décadas. Así lo explica Gloria Alexandra Arango, bióloga del Proyecto Hidroeléctrico Ituango a cargo de temas ambientales en la cuenca media y baja del río Cauca. Actividades humanas como la ganadería, la agricultura y la minería han afectado la salud de estos cuerpos de agua, que son fundamentales para la seguridad alimentaria de la región, pues las familias de cerca de 1.752 pescadores —según cifras de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP)— dependen del pescado como seguridad alimentaria y actividad económica.

Entre Cáceres, Caucasia y Nechí, en Antioquia, hay 51 cuerpos cenagosos, dice la bióloga. La razón por la que menciona solo estos tres municipios y no los restantes del Bajo Cauca es que EPM ha intensificado su presencia y actividades en pro de la conservación de estos ecosistemas luego de las contingencias que se presentaron en Hidroituango: tanto la que causó un aumento en las aguas en 2018 como la que, en 2019, tras cerrar las compuertas del proyecto, causó una reducción del caudal del río Cauca. Estas pudieron causar afectaciones “menores”, según Arango, “teniendo en cuenta que durante la disminución de caudales de 2019 Hidroituango desplegó más de mil personas, universidades y diferentes entidades para que velaran por la protección de estos ecosistemas”.

Las ciénagas no son ecosistemas aislados; al contrario, tienen una relación directa con el río. Le sirven como reguladoras del caudal cuando este sube y al mismo tiempo reciben de este sus características naturales y parte de su contaminación. En ese proceso de intercambio, son parte fundamental del proceso de reproducción de los peces que comienza aguas arriba, antes del municipio de Cáceres, pues las ciénagas aguas abajo reciben a los alevines de las distintas especies, que crecen y maduran en un ecosistema más seguro para ellos. Por eso a las ciénagas se les conoce como la “sala cuna” de los peces.

La bióloga Arango resalta que esos peces que crecen allí, de especies como bagre, bocachico, dorada, doncella y blanquillo, entre otros, hacen parte del sustento de los pobladores de las ciénagas, que viven de la pesca y actividades relacionadas. El producto pesquero que sale de allí se comercializa en localidades como Caucasia y ciudades como Montería, Medellín y Barranquilla. “Por eso es importante cuidarlas”, señala, porque es una despensa de proteína para varias ciudades, pero también porque es la columna vital de una buena parte de las comunidades que se dedican a la pesca. Si las actividades humanas o la erosión tapan los caños que conectan a las ciénagas con el río, como en efecto sucede, estas quedan en riesgo de desaparecer.

Cuidar las ciénagas

Aunque es difícil cuantificar exactamente cuánto del deterioro de las ciénagas se debe a las afectaciones asociadas a la contingencia del Proyecto Hidroeléctrico Ituango y cuánto a las demás causas que las han afectado durante décadas, EPM está realizando estudios para analizar ese daño y contribuir a la restauración ecológica de esos ecosistemas estratégicos. En esa ruta ya hay varios convenios que buscan empoderar a las comunidades para que sean los primeros actores de la protección, con instituciones como la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad de Córdoba, la Fundación Humedales, la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional y la corporación autónoma regional Corantioquia.

Desde el 2019 y hasta el 2023 estará en marcha un convenio entre la empresa y Corantioquia, la corporación autónoma regional con jurisdicción en el Bajo Cauca. Según la directora de esta entidad, Ana Ligia Mora, el objetivo de esta alianza es “buscar la protección de los ecosistemas cenagosos y sobre todo incorporar el elemento comunitario, que hace que cualquier tipo de proyecto tenga sentido”.

Los pescadores de las ciénagas saben que hay una relación estrecha entre la calidad del ecosistema y las oportunidades económicas de sus pobladores. “Hay que generarle fuentes de trabajo al pescador para que no dependa únicamente de la pesca”, dice Edilberto Jiménez, presidente de la Asociación de Pescadores de La Raya, en Nechí. El pescador reconoce la afectación de los ecosistemas y señala cómo han cambiado: “Tenemos tres meses de estar inundados, este pueblo nunca se había inundado todo ese tiempo”.

A esto le apunta el convenio entre EPM y Corantioquia, según lo dice la directora Mora: “Sabemos que para poder hablar de conservación también tenemos que hablar de posibilidades económicas, entonces estamos apuntándole a esas dos aristas”; es decir, conservación con empleo y apropiación territorial, en línea con el espíritu del Plan Nacional de Desarrollo, que plantea “producir conservando y conservar produciendo”, cita Mora.

En esta tarea se está llevando a cabo la formación de guardaciénagas, una figura similar a la de los guardabosques en otros ecosistemas. Se trata de pobladores de la región que se forman para entender la importancia de estos ecosistemas y replicar ese conocimiento, y a cambio de esto reciben un incentivo económico y participan en la formulación de iniciativas productivas. La directora de Corantioquia cuenta que se busca formular 160 proyectos de ese tipo a lo largo del segundo semestre del 2021, y que los guardaciénagas tienen el papel de identificar en sus comunidades posibilidades de negocio que sean ambientalmente sostenibles.

Hernán Antonio Díaz Menco dice que el papel de ellos como pescadores es limpiar las ciénagas: “Hoy en día tenemos un apoyo de EPM, que siempre nos colabora para la limpieza”. También cuenta que ellos, conscientes de la necesidad de preservar las especies que crecen bajo esos espejos de agua, utilizan mallas que no atrapan a peces por debajo de una libra de peso. “Esa es la conservación de nosotros, somos conscientes de eso”, dice.

Proteger la cultura

Si el deterioro de las ciénagas del Bajo Cauca es histórico, las labores de las comunidades para protegerlas también lo son. Emilse Guerrero Meneses, lideresa de Palomar, en Caucasia, recuerda que desde su niñez la comunidad de ese corregimiento hacía jornadas de limpieza en los caños de las ciénagas y humedales. Hoy tiene 47 años y recita de memoria los nombres de los catorce espejos de agua con los que tiene relación directa en esa zona.

Las ciénagas Grande, del Pueblo, de la Envidia, Las Marías, La Gabrielita, La Victoria, La Malanoche, el Pozo del Edén, Perdia, El Arcángel, la de Meño, El Olvido, Sapo Hermoso, Puente Pando y La Llave son los sitios donde ha transcurrido la vida de ella y sus vecinos. Son su despensa natural, pero también son sus vías acuáticas y sitios de esparcimiento.

Esta mujer de acento ribereño y hablar pausado, como el de casi todos los pescadores y campesinos de las comunidades vecinas, también pertenece al Consejo Comunitario Afro Palomar. Como señala la directora de Corantioquia, la labor de conservación en las ciénagas tiene un importante enfoque étnico, por lo que hablar de conservación comunitaria es también hablar de preservación de los valores culturales asociados a esos ecosistemas.

“La ciénaga para nosotros es todo: es cultura, es pasión, es un actor social, porque uno también sale con sus familias para las ciénagas a pasear; es relación con lo espiritual, porque uno también va y en ese silencio medita; económico también, porque de ahí sale la producción; y también en lo ambiental”. Así describe Emilse su relación con las ciénagas, esos cuerpos de agua que permiten que crezca la vida de peces y humanos, que hoy están en el foco de las acciones de conservación y restauración.

 

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