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28 Dec 2021 - 7:58 p. m.

En memoria a la vida y obra de Alberto Upegui Benítez

Información Institucional

Alberto Upegui Benítez nació el 28 de diciembre de 1921 en Medellín. Su vida transcurrió entre los oficios de bibliotecario, maestro, periodista, editor, traductor, crítico literario y docente.
Alberto falleció el 16 de septiembre de 1995, dejando obras importantes entre monografías, radionovelas, crónicas, artículos  y crítica literaria.
Alberto falleció el 16 de septiembre de 1995, dejando obras importantes entre monografías, radionovelas, crónicas, artículos y crítica literaria.
Foto: Cortesía

Alberto Upegui Benítez escribió cientos de columnas en periódicos locales y nacionales, muchos prólogos y comentarios de libros de los más variados temas en los que se cuentan la técnica, la administración, la espiritualidad, la literatura y la docencia. Aprendió a leer siendo muy niño y así conoció el mundo, la ciencia, el arte, las lenguas y todas las cosas.

Aunque fue un autodidacta, a mediados de los años cuarenta del siglo XX y siendo todavía muy joven, era considerado una de las inteligencias más brillantes de Colombia. Y entre quienes así lo reverenciaban figuraban poetas como Carlos Castro Saavedra, artistas como Pedro Nel Gómez y el mismo filósofo de Otra Parte, Fernando González. En realidad, Alberto había logrado integrarse al círculo más selecto de pensadores que dinamizaban la vida cultural del pais.

En la librería Aguirre compartía gratas e interesantes conversaciones con personajes de la época como Carlos Castro Saavedra, Manuel Mejía Vallejo, Oscar Hernández y los Nadaistas. La librería era un lugar de encuentro, de debate y de crítica para amigos y lectores.

Era erudito reconocido y un lector universal con gran interés de lingüista, empeñado en desentrañar las raíces latinas y griegas de términos en español, en inglés o en francés. Devorador insaciable de libros y crítico agudo, tanto en el análisis literario como en la vida cotidiana. Siempre con humor fino e inteligentes reflexiones, era un conversador de inigualable fluidez y divertidos juegos de palabras que demostraban su profundo conocimiento, gran sentido del humor y afición por el buen manejo del idioma.

Además, Alberto tuvo algunos cargos públicos. En 1941, con apenas 19 años, ya se desempeñaba como profesor de literatura en algunos colegios de la ciudad, una materia que manejaba con una maestría ampliamente reconocida. Por esta misma relación con los libros fue nombrado ese mismo año director de la Biblioteca Municipal Santander, ante el retiro de don Jesús Gómez.

En cuatro lustros de existencia la biblioteca sólo había alcanzado unos tres mil ejemplares, pero en 1943, un año después de la llegada de Upegui Benítez a la dirección, superaba los seis mil y, de 174 usuarios totales en junio de 1942, la cifra había ascendido a 526 lectores diarios en mayo de 1943. Instauró clases nocturnas, gratuitas, paralelamente con los servicios de lectura de la biblioteca “en beneficio del pueblo, de los obreros y de los sujetos de rudimentarios conocimientos”, como él decía. También amplió dos horas más el horario de atención y a creó nuevos catálogos, modernos y científicos.

Le preocupaba la realidad de su país y su pueblo ignorante, al que varias veces hizo alusión en sus escritos, cuando recordaba las palabras del maestro Fernando González, ese mismo pueblo al que su clase dirigente llamaba chusma, el que ninguna, poca o mala educación recibía, pero que celebraba el pan y el circo que sus gobernantes le entregaban. El que moría de hambre a pesar de habitar un territorio rico en mares y comida marina. Que vendía su mejor ganado a los países vecinos y se quedaba ´ruñendo el hueso duro de su ignorancia.

El 4 de junio de 1939 salió por primera vez el suplemento dominical de El Colombiano, con el nombre de Generación y Upegui Benítez sería uno de sus escritores desde los primeros tiempos. En febrero de 1950 Alberto fue nombrado director del suplemento, cargo que ocuparía hasta 1952, mientras se desempeñaba también como redactor del periódico. A partir de 1952, iniciaría su labor en El Espectador. Sin embargo, regresó a El Colombiano en 1960 con la columna Comentarios Bibliográficos, presentando reseñas de libros. Para febrero de 1967, esta columna llevaba el nombre de Los Libros al Día, también con interesantes reseñas bibliográficas de variados textos. En El Colombiano publicó entre 1969 y 1974 la columna Ecos y Comentarios, un espacio de opinión.

Upegui Benítez era visto como “una de las más brillantes unidades mentales con que contaba la intelectualidad joven del país”, que no había llegado a esa posición en forma gratuita. “Upegui Benítez es, no sólo un ágil comentarista, sino un hombre con grandes capacidades de divulgación artística, ya que ha sostenido columnas de apreciable altura, y su labor en la Revista Occidente puso bien en claro su fuerza de ensayista y crítico”, escribiría un periodista de la época.

Mientras fue corresponsal de los periódicos El Espectador y El Dominical de El Colombiano, Alberto Upegui Benítez tuvo la oportunidad de viajar durante casi diez meses por Centroamérica y México. Allí contactó figuras de las letras y las artes para entrevistarlos. Trabó amistad con artistas destacados como Diego Rivera y muchos otros. Además, realizó descripciones detalladas sobre los pueblos y los lugares que visitaba, sobre su gente y sus costumbres. Su impresión quedaría eficazmente registrada en sus crónicas, publicadas inicialmente en El Espectador entre los años 1952 y 1953.

En los años ochenta, Upegui Benítez, preocupado por la salud mental y física de sus congéneres, trabajó como director y gerente en dos revistas: Paz Interior y Alegría Vital.

Los Anteojos y el Lápiz, obra póstuma, es una joya patrimonial que representa la cultura y la idiosincrasia del latinoamericano de la primera mitad del siglo XX y guarda aún vigencia por sus descripciones y mirada crítica. Fue publicada en 2010, 15 años después de la muerte de Upegui Benítez, sucedida el 16 de septiembre de 1995 en Medellín.

*Extractos de la biografía hecha por Jasmín Santa A.

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