26 Sep 2021 - 1:00 a. m.

La ruta de EPM para lograr una restauración ecológica con enfoque social

Contenido patrocinado por Hidroituango

La contingencia de Hidroituango hizo necesario adelantar convenios para conocer las afectaciones en los ecosistemas aguas abajo de la presa y planear cómo mejorarlos.
La contingencia de Hidroituango hizo necesario adelantar convenios para conocer afectaciones en los ecosistemas aguas abajo de la presa.
La contingencia de Hidroituango hizo necesario adelantar convenios para conocer afectaciones en los ecosistemas aguas abajo de la presa.
Foto: Cortesía

Que “nadie se baña dos veces en el mismo río”, la frase atribuida al filósofo presocrático Heráclito, podría aplicarse al presente del río Cauca. Ningún río es siempre el mismo, mucho menos después de la construcción de una obra como el Proyecto Hidroeléctrico Ituango (PHI). “Cualquier intervención humana, sobre todo las de grandes dimensiones, reconfigura el sistema y crea un ecosistema nuevo”, dice la bióloga Úrsula Jaramillo, coordinadora de un convenio entre la Pontificia Universidad Javeriana y EPM.

¿Qué tiene que ver esto con la restauración? Hoy los ecosistemas a lo largo del Cauca son distintos, explica Jaramillo. No solo cambiaron por el proyecto hidroeléctrico. Antes se transformaban por otras intervenciones humanas. Por eso, ella señala que restaurar no significa regresar a un estado anterior “porque es imposible, sino recuperar la mayor cantidad de servicios ecosistémicos que se pueda”.

La mirada puesta aguas abajo

La licencia ambiental de Hidroituango ya contemplaba acciones de restauración para el área de influencia del proyecto, alrededor de las obras y el embalse. Sin embargo, las contingencias de 2018 y 2019 afectaron una región de ecosistemas diversos, aguas abajo de la presa: el Bajo Cauca. Esta no es considerada área de influencia del proyecto porque, como explica Ana Milena Joya, gerente ambiental y social de proyectos de generación de EPM, esta solo incluye por ley a los doce municipios con impactos previsibles en la construcción de las obras principales. Aguas abajo solo era necesaria la preparación en gestión del riesgo de desastres con las comunidades, asegura.

“El Bajo Cauca ingresa como un área protagonista del PHI independientemente de que esté o no en el área de influencia directa, porque fue una zona que recibió una afectación desde el 2018. Estos municipios se asocian a un plan de acción específico de recuperación que va hasta el 2022 y asociado a un compromiso de EPM con el modelo de integración al territorio”, explica Joya. Anuncia también que la empresa tendrá actividades en esa subregión de Antioquia en los próximos cincuenta años, tiempo de vida útil del proyecto hidroeléctrico Ituango.

En 2019, como parte del enfoque territorial en que viene trabajando EPM con la contingencia en Hidroituango, la empresa creó una dirección territorial para el Bajo Cauca: “Se vio que la prioridad debía ser el Bajo Cauca con el fin de fortalecer la relación con los grupos de interés del territorio y acompañar la gestión del desarrollo territorial sostenible”, dice Isabel Cristina Correa, directora territorial de EPM para el Bajo Cauca.

Esta dirección busca homologar la agenda del Grupo EPM en ese territorio y formular un Modelo de Integración Territorial (MIT) que proyecta acciones a largo plazo, “2070 e incluso más”, asociado a la vida del proyecto hidroeléctrico Ituango, explica Correa. Para esto se ha mejorado también la relación con los actores de la zona, después de la tensión que significó la contingencia, asegura. A estas acciones de la empresa se suman las que están siendo formuladas y evaluadas desde entidades externas expertas en temas específicos.

Entre los convenios ambientales que EPM decidió realizar tras la contingencia, firmó uno con la Javeriana, en el cual reconoce las “eventuales afectaciones sobre el recurso íctico y pesquero, y en general sobre los ecosistemas que se deben dimensionar y recuperar”. El documento firmado en 2019 dice que ante la contingencia “se hace necesario ajustar, en algunos casos, la toma de datos, realización de nuevos estudios, entre otras decisiones y/o ajustes que permitan la recuperación de los ecosistemas acuáticos y terrestres ante los escenarios presentados durante la contingencia y aquellos asociados especialmente a la disminución del caudal en el río durante la misma”.

La bióloga Úrsula Jaramillo, quien coordina este convenio desde el Instituto Javeriano del Agua, explica que en estos dos años buscaron recoger toda la información que EPM ha captado durante la construcción de Hidroituango, así como la que han generado otras instituciones antes y después de la contingencia, para “entender las respuestas del territorio a distintas intervenciones”. La mirada del trabajo de la Javeriana busca ser integradora para “determinar cuáles fueron las afectaciones” de la contingencia y otras afectaciones por actividades que han confluido en la degradación de los ecosistemas del Bajo Cauca.

Dado ese deterioro histórico, la bióloga Jaramillo dice que buscan “recuperar servicios ecosistémicos, que las acciones de restauración —como recuperación de coberturas vegetales, reconexión de ciénagas y aumento de diversidad de hábitats— tengan un efecto en el bienestar no solamente de los ecosistemas, sino también en las personas que se benefician de él”. Los servicios ecosistémicos son “la multitud de beneficios que la naturaleza aporta a la sociedad”, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés).

Modelar el territorio

Otro de los compromisos de la Javeriana en el convenio es entregar cinco productos a EPM, como señala el profesor Nelson Obregón, director del convenio por parte de la Pontificia Universidad Javeriana. Los primeros son un análisis de contextos de vulnerabilidad, un análisis de las afectaciones y una propuesta de estrategias de restauración. Obregón aclara que no buscan evaluar si se tomaron buenas o malas decisiones en la contingencia, “sino generar ciencia después de esas decisiones”.

Úrsula Jaramillo complementa que se incluirán planes específicos de restauración para puntos estratégicos seleccionados a partir del conocimiento de las comunidades y de los insumos de los demás convenios ambientales. Tienen en cuenta, además, otros proyectos de restauración que ya están en marcha y qué se debería hacer ante cada tipo de afectación diagnosticada.

Los planes incluyen acciones para cada ecosistema desde el cañón del medio río Cauca hasta los ecosistemas acuáticos de las zonas de inundación. En todo caso, estas deben incluir a las comunidades y los actores locales para ser llevadas a cabo, según lo que determine en su momento la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para EPM, dice Jaramillo.

Los otros dos productos, continúa Obregón, buscan llevar a la apropiación social de todo el conocimiento generado. El primero es una plataforma de integración tecnológica, donde estarán todos los datos ambientales y sociales de la zona, que permitirá “soportar el proceso de toma de decisiones” tanto de EPM como de los actores locales y comunitarios. El último es un “artefacto de modelación” o, por su nombre técnico, un modelo integrado acoplado para estudiar el sistema socioecológico del Bajo Cauca, que servirá para simular escenarios sobre las condiciones socioambientales de los ecosistemas aguas abajo del proyecto.

La restauración no es un proceso inmediato, pero Jaramillo resalta que los beneficios esperados se deben determinar, primero, según las necesidades de los habitantes. Además, desde el aumento y la protección de las especies de fauna y flora, y de la capacidad de los ecosistemas de cumplir sus funciones naturales, como la regulación de inundaciones y prestar sus servicios a las comunidades en la mejor forma para su bienestar.