3 Mar 2021 - 4:51 p. m.

Una herramienta para estar en paz y encontrar la felicidad

Luego de estar tres años en un ashram, alejado de su familia y todo lo que conocía, Jay Shetty aprendió de sus maestros y ahora presenta una obra para acompañar a las personas en un proceso para renacer y encontrar propósito en su vida.

A pocos días de completar un año con la pandemia y su nueva forma de vida, se vienen a la memoria esos momentos de incertidumbre, angustia, temor y vulnerabilidad que fueron los protagonistas en esa crisis que tomó al mundo por sorpresa. Pero también se recapitulan esa solidaridad, el pensar en el otro, en valorar cada detalle de la vida y como se decía con frecuencia disfrutar al máximo ese tiempo que el cielo otorga en la tierra y replantear lo que realmente importa para que en ese corto paso se deje una huella en lo posible positiva.

Reflexiones que después de 365 días tal vez se hacen con menos frecuencia, pero muchas personas siguen con ese ideal de vivir con un propósito, ser mejores seres humanos y servirle a quienes los rodean. Causas loables que se pueden cumplir si se logra vivir con esa conciencia de lo que pasa en cada instante y del poder de influir en el círculo con quienes se interactúa y dar lo mejor.

En busca de esos logros, en el mercado se han presentado un sinfín de propuestas con tips o información para dummies en temas relacionados por ejemplo con la meditación, enfoque, encontrar sentido, apartarse de las cosas triviales y cumplir ese propósito. Lecturas que muchos inician pero que abandonan en el camino porque esos listados los abruman o sienten que son expectativas muy altas que simplemente son para esos monjes que viven en sus monasterios alejados de todo, y que la única opción que les queda es vivir conforme a ese ajetreo del día a día.

Con el objetivo de derribar esos mitos, Jay Shetty, escribió un libro para que la gente en su cotidianidad pueda pensar y vivir como los mojes en sus lugares de retiro y aprender de esa sabiduría milenaria que plantea la vida desde otra perspectiva, una que busca estar en paz, tener momentos de alegría y vivir realmente un propósito de vida y despojarse de todo lo que no aporta.

Es como un renacer consciente y esto lo logra a través de las páginas de “Piensa como un Monje”, una obra publicada por Grijalbo, en el que desde su experiencia acompaña al lector a dar esos nuevos pasos, a platearse nuevas metas, pero sobre todo a reflexionar del sentido de la vida. Esto sin tener que salir de la ciudad ni dejar todo lo que se ha construido sino al tomar ese conocimiento y ponerlo en práctica.

Contar su experiencia es una tarea que fluye luego de haber vivido durante tres años en un ashram, un lugar de meditación y enseñanza hinduista, que decidió visitar para aprender a pensar como un monje, vivir como ellos y darle un nuevo sentido a su vida. Como se lee en el libro, “al final, en la universidad, empecé a darme cuenta del valor del esfuerzo, el sacrificio, la disciplina y el empeño en alcanzar metas. El problema es que en esa época no tenía objetivos aparte de conseguir un empleo decente, casarme, y tener una familia. Lo típico. Sospechaba que había algo más profunda pero no sabía qué era”.

En esa búsqueda, pasó de su casa en Londres a un ashram en la India, “los tres años que viví como monje fueron para mí una escuela de la vida. Me resultó difícil convertirme y más aún partir. Pero aplicar la sabiduría que había adquirido a la vida fuera del ashram -lo más difícil- era como el examen final”, relata.

Esa experiencia culminó cuando uno de sus maestros le dijo que tendría más impacto si dejaba el camino del monje para compartir su experiencia y sabiduría con los demás. Así regresó a casa en Londres para compartir con los demás y aportar a quienes estén en esa búsqueda de sentido y felicidad. Jay Shetty, en entrevista para El Espectador habló de esas estrategias para pensar como monje, su experiencia en el ashram, y la aplicabilidad en la vida diaria de lo que aprendió de los monjes.

¿Cómo ha sido su proceso al salir del ashram y poder compartir lo que aprendió?

Definitivamente fue desorientador cuando dejé el ashram porque todas las rutinas y prácticas que tenía allí ya no eran requerimiento para mí. Finalmente me di cuenta de que, si aplicaba ese mismo enfoque e intencionalidad que había aprendido como monje, podría crear estructuras para mí en el mundo exterior que funcionarán de manera similar. Por ejemplo, por supuesto que ya no uso la túnica sencilla de un monje, pero he adoptado mi propia versión, que consiste en tomar algunas prendas que realmente me gustan y luego tener esas mismas piezas en varios colores. Esto ayuda a minimizar las distracciones y simplificar mis procesos de toma de decisiones por la mañana, y cualquier otra persona también puede hacerlo fácilmente.

¿En qué momento decide escribir “Piensa como un monje”?

Tuve la idea e incluso el título de Think Like a Monk años antes de escribirlo. Me retrasé porque quería asegurarme de que el libro pudiera estar a la altura de mi visión: que había desarrollado la perspectiva, los conocimientos y la capacidad para expresarlos que lo harían realmente valioso para las personas. Y, por supuesto, también necesitaba tener tiempo para escribirlo.

¿Cómo fue el proceso creativo de la obra, por qué eligió cada tema?

Dividí el libro en tres partes diseñadas para reflejar el viaje del monje, que consiste en pasar por un proceso de dejar ir lo que no nos sirve, agregar lo que sí sirve y luego ofrecer nuestros regalos al mundo. Dejamos ir, crecemos y damos, y como digo en el libro, cada uno de nosotros puede emprender este viaje también. En cierto modo, pasé por un proceso similar al crear el libro: dejar de lado mis ideas preconcebidas sobre cómo debería ser el proceso de escritura del libro, aprender las prácticas que me permitirían producir mi mejor trabajo y hacerlo a tiempo y luego, finalmente, ofrecer el libro al mundo y liberar cualquier apego al resultado.

¿Cuéntenos qué fue lo más retador de escribir esta obra y lo más significativo?

Un desafío fue que tengo muchas ideas y material para compartir. Así que definitivamente hubo un proceso de tomar determinaciones sobre lo que pertenecía a este libro y lo que tenía que reprimir y tendría que esperar por otro libro. Fue un gran desafío de discernimiento, que es algo que me esfuerzo por desarrollar y con lo que muchos de nosotros luchamos y es una de las razones por las que podemos sentirnos abrumados. Las preguntas útiles que podemos hacernos cuando luchamos con el discernimiento son cosas como: “¿Qué se necesita aquí y para qué sirve?” y “¿Qué no es necesario que pueda omitir?”

¿Por qué cree que con su libro puede acompañar a las personas hacer cambios significativos y no solo puede ser una moda?

Esta es una gran pregunta y creo que la conciencia de que queremos que algo se convierta en un cambio significativo y no en una tendencia es extremadamente útil. También es útil darse cuenta de que, por ejemplo, creamos hábitos todo el tiempo, pero la mayoría de las veces lo hacemos sin intención: tenemos el hábito de llegar tarde, de comer comida chatarra o de revisar nuestras redes sociales cada cinco o diez minutos. Cuando ponemos intención en nuestras acciones, y luego las repetimos una y otra vez, ya no son hábitos inconscientes, sino rutinas dirigidas. Cuando creamos una visión, y luego creamos rutinas que dirigen nuestras acciones al servicio de esa visión, esta eventualmente se convierte en nuestra forma de vida y ya no somos fácilmente influenciados por las tendencias.

De esos hábitos y prácticas de los monjes, ¿cuáles en su criterio son los más relevantes?

Como puede ver en el libro, hay muchas prácticas impulsadas por la sabiduría antigua que son aplicables y útiles para nuestra vida diaria. Pero si tuviera que elegir solo una, diría que así fue como en el ashram dividimos nuestros días: la mitad la pasamos aprendiendo y la otra mitad al servicio de los demás. Tan simple como eso, creo que esta idea general de dividir su tiempo y energía entre atender y servirte a ti mismo y servir a los que te rodean es una de las formas más efectivas en que podemos abordar la vida para sentir un significado profundo, un propósito y una conexión.

Usted es un hombre joven, con una trayectoria y estudios en el mundo de los negocios, ¿valió la pena dejarlo todo y empezar ese camino?

Ha habido muchas ocasiones en mi vida en las que sentí, o me hicieron sentir otros, que me estaba quedando atrás. Cuando decidí convertirme en monje, la gente me dijo que estaba desperdiciando mi vida. Supongo que tengo una cualidad un poco rebelde cuando se trata de hacer lo que otros piensan que debería, pero más que nada este camino me ha ayudado a apreciar el valor de seguir mi curiosidad. Tal vez por eso algunos de mis mejores mentores son científicos, porque seguir tu curiosidad es un sello distintivo de la exploración científica. Quería explorar, investigar y aprender, y creo que esas son motivaciones que nos sirven bien sin importar dónde estemos, ya sea en un ashram o en la sala de juntas. Ciertamente, todavía me ayudan hoy en mi trabajo, por lo que aunque el camino ha sido sinuoso, mi curiosidad y deseo de aprender ha sido fundamental para llevarme a donde estoy hoy.

Para los que no pueden estar en un ashram, ¿Cómo pueden aplicar ese conocimiento en su cotidianidad?

Creo que una de las cosas que dificulta seguir estas prácticas es que intentamos cambiar demasiadas cosas a la vez. Hay tantos ejercicios prácticos en Think Like a Monk y puede ser tentador realizar muchos de ellos a la vez, y luego es fácil sentirse abrumado. Simplemente elija una cosa: comience el día a primera hora, cuando se despierte, pensando en tres cosas por las que esté agradecido, o medite durante 10 minutos todas las mañanas. Cuando esa cosa se haya convertido en parte de su rutina, felicítese y aprecie su logro, y luego piense en integrar el siguiente, pero no lo intente todo de una vez.

Traducción: Estefanía Trujillo-Penguin Random House.

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