¡Remángate!

Colombia es el único país en América Latina donde aún se siembran minas antipersonas y el tercero más minado después de Afganistán y Camboya.

En promedio se presentan dos víctimas diarias, de las cuales el 40% son civiles y de ellos la mitad son menores, quienes el 46% de las veces las accionan al confundirlas con juguetes. Sólo entre enero y febrero de este año, 60 personas han resultado mutiladas y 10 han fallecido. El agregado de lesionados de las últimas dos décadas asciende a 7.132 y a 1.930 el número de muertos. Es decir, 1.930 familias han tenido que vivir la pérdida irreparable de un padre, una madre, un hijo, mientras 7.132 personas han tenido que aprender a vivir con un cambio abrupto en su sexualidad, en sus capacidades, en su futuro. Los efectos colectivos de tal destrozo son igualmente fuertes: comunidades enteras deben limitar su movilidad y sus formas productivas a los lugares que consideran son seguros, o deben huir dejándolo todo.


Buena parte del desplazamiento forzado en el país es explicado por el riesgo de minas antipersonas en 31 de los 32 departamentos, concentrado, además, el 92% de las veces en los campos. A esto se suman el desempleo y la deserción escolar, sin mencionar el malestar social que genera haber sufrido en cuerpo propio una guerra que no se ha elegido. De hecho, las secuelas físicas y sicológicas de las minas antipersonas son tan fuertes que familias enteras se destrozan y las víctimas, en muchos de los casos, llegan incluso a contemplar el suicidio: “Un día intenté tirarme al río porque ya no me sentía capaz de hacer las cosas… en eso llegaron mis hijos y me detuvieron”, cuenta una mujer de San Vicente de Chucurí, departamento de Santander, quien ahora vive de trabajos ocasionales y de la caridad pública. Éste es el tercer departamento con mayor riesgo de minas; lo superan sólo Bolívar y Antioquia, este último con un cuarto de sus municipios comprometidos.


Todas estas aterradoras cifras son, sin embargo, parciales, pues, por un lado, el sistema nacional de salud cuenta con un registro de información precario, al punto de que algunos expertos incluso hablan de que el número de víctimas es el doble del que conocemos. Por el otro lado, dadas la rapidez e irregularidad con que son plantadas las minas, es muy difícil establecer qué territorios representan riesgos. En especial, porque los explosivos más populares entre los grupos al margen de la ley, las conocidas minas quiebrapatas, están compuestas por materiales de fácil adquisición y son de básica elaboración. Además, se ha encontrado que minas estilo sombrero chino, cajón o costal, que en principio son sólo direccionadas, han sido ajustadas para responder a mecanismos de presión haciéndolas también antipersonas.


En su momento Indumil fabricó las minas MAP, de una vida útil de 50 años, que fueron utilizadas por las FF.MM. para proteger los fuertes. El Ejército asegura haber colocado este tipo de artefactos únicamente a una distancia máxima de 40 metros de las instalaciones militares. No obstante, desde 1999 entró en vigencia un tratado de la ONU firmado dos años antes para suspender la fabricación de las bombas antipersonas y buscar su eliminación. Desde entonces, es decir, desde hace dos décadas, se han comenzado varios programas para desminar los campos y hoy, aprovechando el Día Internacional para la Sensibilización contra las Minas Antipersonas, se ha lanzado una gigantesca campaña en la que, además de visitar las varias exposiciones artísticas, se les pedirá a todos los ciudadanos que se remanguen una bota de su pantalón. Un gesto meramente simbólico, sin duda, pero el mínimo reconocimiento que les debemos a las víctimas y el mínimo reproche a los violentos. La guerra no la hemos sufrido todos por igual. Remángate.

 

últimas noticias

Cuidado con el timonazo

Aviones en el vecindario