¡Vienen los noruegos!

Por una política de lectura en Noruega, el gobierno compra 1.000 ejemplares a los escritores. Dos de sus principales autores estarán en la Feria del Libro.

Un lector interesado en la literatura noruega quisiera tener seis vidas y días de 48 horas para hacerse a una idea aproximada de las ficciones escritas al norte de Europa. Sus autores retan el ritmo maratónico del lector más adiestrado con un promedio de cuarenta títulos cada uno. Polígrafos insaciables, los noruegos pueden ser novelistas, poetas, ensayistas, biógrafos o, como en el caso de Ketil Bjørnstad, además de todo esto, compositores e intérpretes de una vasta obra musical. El viaje por sus ficciones es tan apasionante como nadar a pleno pulmón en la literatura rusa del siglo XIX. Se trata de novelas extensas, con tramas protagonizadas por una vasta galería de personajes, sometidos por las oscuras neurosis de la vida adulta —léase: culpas, remordimientos, traiciones, desengaños e incomprensiones en el ámbito doméstico y familiar, soledades amenazantes, dilemas artísticos o, simplemente, dificultades para existir de la mejor manera posible—.

El clima contribuye a la creatividad. “Medio país se quedaba sin sol durante tres meses al año”, afirma el pintor Peter Wihl, protagonista de la desesperación en una novela implacable y amarga hasta su última línea: Modelo, de Lars Saabye Christensen (Oslo, 1953).

Acaso como la literatura británica, escrita con la arquitectura mental de los crucitramas policíacos a la manera de Sir Arthur Conan Doyle o G. K. Chesterton, la reclusión ante el frío y la oscuridad invernales agudiza la reflexión y el ingenio del pensamiento que no cesa de inventar historias, laberínticas en sus registros emocionales cuando leemos a Christensen, Bjørnstad, Per Petterson, Jostein Gaarder —autor del hiper best seller en clave filosófica que arrasó a principios de los años noventa en las librerías del mundo donde se vendió tumultuosamente El mundo de Sofía— o Kjartan Fløgstad (Sauda, 1944), multiplicado por las novelas que firma con su propio nombre como por las novelas policíacas que ha escrito bajo el seudónimo K. Villun y por las traducciones legendarias que ha hecho de Pablo Neruda al noruego —¡a lo que se suman sus cuentos, sus poemas y el tono que ha hecho de él una versión nórdica del realismo mágico!—.

Christensen y Fløgstad, invitados a la 24ª Feria Internacional del Libro de Bogotá, representan la punta notable de un iceberg sólido e inspirador por la riqueza literaria que identifica a Noruega. No es posible salir indemne de lecturas trepidantes como El hermanastro, de Christensen, o Paraíso en la Tierra, de Fløgstad. Son libros vigorosos con fronteras distintas y distantes.

En El hermanastro, el crecimiento de su protagonista tras la Segunda Guerra Mundial, el joven y diminuto Barnum, amparado por las mujeres de su familia y por la ardua solidaridad de su hermanastro Fred, decide el panorama de una época que empieza y termina en el Festival de Cine de Berlín, donde Peder, amigo de Barnum, intenta vender una de sus historias a un grupo de productores norteamericanos —con una idea particular de la civilización nórdica: ¿qué tal si pensamos en vikingos viviendo en el espacio exterior?, les sugiere un magnate de Venice Beach (California), que se comporta con Barnum como si viviera en Venice Bitch—. La época y los años que transcurren en la novela sirven como telón de fondo a escenas fuertes y crudas sobre la experiencia humana que observa y moldea la personalidad de Barnum, internándose ineludiblemente en los días a los que define un rótulo que es risible, los días de “la madurez”, donde se evidencia la inmadurez ante el mundo que nunca termina de construirse.

Fløgstad, enamorado de Latinoamérica —especialmente de Chile—, se ha interesado por autores de registros diversos en el mapa de la región —aparte de Neruda, en tótems literarios como Borges, Cortázar o Carpentier—, cruzando el umbral de la geografía a través de la escritura en su novela Paraíso en la Tierra. Sus personajes reinventan la idea del exotismo: ¿qué puede ser más ajeno al paisaje de Chile o Noruega: el ingeniero Arthur Andersen, la criada Natividad Galindo o el noruego-chileno Pepe Andersen, su hijo? Ninguno de los tres y los tres. Cada cual sobrevive como mejor puede y le permite la suerte. Según los giros de la historia, la cultura y el mapa donde se encuentran orígenes diversos y perspectivas distintas ante el mundo, a largo plazo y después de todo, compartidas donde sea cuando hay un apoyo mutuo. La pregunta de Fløgstad, como la de tantos autores que han inventado universos paralelos en la ficción, capaces de mejorar la realidad del lector, propone la búsqueda de algo que acaso no sea del todo imposible: el paraíso en la Tierra. ¿En dónde?

Podríamos empezar al menos buscándolo en estos libros, donde el paraíso es portátil al interior de sus páginas y no se distancia del todo del infierno en el que viven y sufren sus protagonistas, ante el que triunfan, sucumben o deciden su afán de ser mejores seres humanos, a pesar de ellos mismos o a pesar de los demás que amenazan. Una condición resuelta con el vigor del talento por Christensen, Fløgstad y sus compañeros de generación, animando a sus lectores para seguirles el rastro en clave de olimpiada literaria según el ritmo infatigable propuesto por sus novelas.

 Mayo 8. Encuentro Internacional de Escritores: ¿Qué es Noruega?  Intervienen: Kjartan FlØgstad, Lars Sabye Christensen. Modera: Hugo Chaparro. Sala Porfirio Barba Jacob.

 

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