¿A dónde evacuar el agua?

Bombear de manera controlada para no producir inundaciones en otros sectores, es el reto en Chía y Cajicá.

Las inundaciones generadas por el desbordamiento y la ruptura de jarillones en el río Bogotá plantean el reto, para cerca de 75 municipios de Cundinamarca, de devolver el agua al río sin generar mayores desbordamientos. Chía y Cajicá son dos pueblos que enfrentan  los conflictos que  esta difícil situación genera entre sus habitantes.

Los equipos médicos del Instituto Terapéutico de la Conducta Infantil (Inteci), ubicado en el costado occidental de la vía Chía-Autopista Norte y dedicado a atender pacientes con retardo mental, flotan en las aguas podridas que desde hace un mes invaden sus instalaciones. El director del instituto, Camilo Bernal, afirma que la Alcaldía Municipal de Chía no cumplió los compromisos pactados con su entidad.

Bernal cuenta que por el afán de evacuar la Universidad de la Sabana y la vía que conecta a Chía con la capital, las aguas van a parar a sus predios y ahí se quedan estancadas. “En la Universidad de la Sábana evacúan el agua y la echan al río Bogotá que, a su vez, se desborda sobre la vía. Para evacuar la vía la Alcaldía propuso instalar simultáneamente una motobomba para sacar las aguas hacia el costado occidental, donde se ubican los predios de Inteci, y otra para llevarla desde estos predios de vuelta al río. Nosotros estuvimos de acuerdo, porque esto beneficiaría a la comunidad, pero pusieron la primera motobomba para despejar la vía y en nuestros predios  no han instalado nada”, aseguró Bernal.

El capitán del Cuerpo de Bomberos de Chía, entidad encargada del  motobombeo, asegura que, en efecto, hay sólo una motobomba que lleva el agua del potrero del costado oriental de la vía hacia el del costado occidental y que hacen falta requerimientos técnicos para instalar la segunda motobomba.

Aunque Inteci suspendió actividades, evacuó noventa pacientes con problemas mentales y sus pérdidas, según el director del instituto, superan los $500 millones, el capitán del Cuerpo de Bomberos afirmó que el motobombeo “no afecta a nadie, se trata de un potrero que sirve de depósito y las tres viviendas que están ahí ya fueron evacuadas”.

El capitán de bomberos explicó las dificultades que impiden acabar  con la inundación. El agua que llevan del costado oriental al occidental de la vía Chía-Autopista Norte se devuelve por los ductos subterráneos, por lo tanto lo que se hace es recircularla para que no crezca el nivel y esperar que la segunda motobomba entre en funcionamiento para llevar el agua del costado occidental de vuelta al río.

Pero devolver el agua al río no soluciona el problema. Primero, porque hay jarillones rotos y desbordamientos en todo lo largo de su caudal, por lo cual el agua vuelve a salirse y afecta otros sectores. Segundo, porque en todos los municipios de la parte alta del afluente se hacen labores descoordinadas de motobombeo, por lo cual el nivel del río aumenta imprevisiblemente, y además “se han construido fincas en zonas de amortiguamiento y jarillones que lo han encajonado, por lo cual revienta cuando encuentra por donde salir”.

El capitán aseguró que, de no ser por los potreros del municipio de Chía que amortiguan el agua proveniente de otros municipios, las inundaciones se habrían presentado en el interior de Bogotá.

En Cajicá, uno de los municipios afectados por el invierno y de cuyas más de 500 hectáreas inundadas baja el agua que va a dar a los terrenos de Inteci, la situación no es menos crítica. Desde hace 15 días el río Bogotá desbordó su capacidad hidráulica e inundó los sectores de El Redil, Club El Rincón, sector de Hato Grande y La Mejorana-Martinica.

Más de 50 familias evacuaron sus viviendas y se alojan en albergues provisionales del pueblo. La Alcaldía Municipal les provee atención alimentaria, vacunación y próximamente subsidios de $200.000 para el pago de arriendos provisionales.

Las fincas ganaderas quedaron reducidas a pequeñas islas donde el ganado sobrevive hacinado. Se perdieron cultivos enteros de lechuga, papa, fríjol, arveja, coliflor y remolacha bajo las contaminadas aguas del río Bogotá. También se hundieron las cosechas de rosas destinadas para el Día de la Madre. Las pérdidas de dinero son incalculables.

Sergio Piñeros, subdirector de Planeación de la CAR y coordinador del Puesto de Mando Unificado, responde que la CAR sólo pudo entrar a operar en este sector hasta el sábado pasado, puesto que “en principio los niveles del río estaban por encima de los jarillones y no había forma de iniciar obras para reconstruirlos, pero ya adelanta su restablecimiento y labores de drenaje de suelos”.

Temas relacionados