¿Cómo va la ley de espacios libre de humo?

Bogotá sigue teniendo altas concentraciones de tabaco en lugares públicos, a pesar de lo establecido por la ley. Al mismo tiempo, un grupo de jóvenes lucha porque se respeten los derechos de los fumadores.

“Espacio libre de tabaco”. Esta es la frase contenida en miles de letreros que ahora adornan restaurantes, bares y discotecas del país. Desde hace más de 20 meses, cuando la ley anti tabaco fue aprobada, los no fumadores y asiduos activistas en el tema de la disminución del humo en espacios públicos han logrado una victoria parcial para su causa. Es parcial porque aunque la ley es clara (no es permitido fumar en ningún espacio público cerrado), muchos alegan que no se ha cumplido a cabalidad.


Lo que sí es cierto es que desde el Estado y la población civil ha habido una fuerte presión para que los fumadores se sientan incómodos con su hábito. “La ley está diseñada para que se sientan excluidos. Tienen que esconderse para consumir y eso les genera un recuerdo permanente de que están haciendo algo mal hecho”, explica el toxicólogo de la Secretaria de Salud de Cali, Henry Quiñónez.


Para él, esta medida sigue una lógica muy clara: definir los comportamientos nocivos socialmente y desestimularlos. Para Nicolas Ortega, un estratega web bogotano líder del movimiento por los derechos del fumador, estas acciones son discriminatorias y atentan contra el libre desarrollo de la personalidad. “Fumar es otro hábito más y aunque entendemos que no tiene por qué dañar a los que no lo hacen, tampoco tiene que ser satanizado”. Hace unos meses Nicolas y otros tres amigos blogueros decidieron hacer un grupo en Facebook, en el que invitaban a otras personas fumadoras a manifestarse contra algunas de las prohibiciones de la ley antitabaco.


Ellos sabían cómo funcionaba la web y querían crear ruido con respecto al tema, por eso buscaron el apoyo de Mustang. “Entendimos que para que un fumador reivindique sus derechos tiene que cumplir sus deberes –dice Ortega–, y el hecho de que nos sacaran a la calle sólo aumentó la basura de las colillas en los andenes”. Esa es una de las premisas que quieren enseñar Ortega y sus amigos a los fumadores, y lo han hecho por medio de campañas de recolección de colillas. Ellos buscan formar fumadores responsables que, por ejemplo, no fumen en frente de niños o en presencia de personas no fumadoras a las que les moleste el humo.
“Los establecimientos deberían escoger a qué público servirle y si quieren permitir que en ellos se fume. El público también debería tener la oportunidad de elegir si asistir a un lugar donde se puede fumar o no”, propone Ortega. Por ahora, sus intenciones están muy distantes de la realidad. La ley 1335 del 2009 es muy clara. El consumo de tabaco está prohibido en lugares públicos y cerrados en donde el humo pueda afectar a no fumadores y niños.


Aunque en algunos lugares la ley ha sido ignorada, ya que en bares o restaurantes aún se permite el cigarrillo en terrazas cubiertas, se ha resaltado la labor de ciudades como Medellín y Pasto en el cumplimiento de la ley. Feliciano Escobar, vocero de la Secretaría de Salud de Medellín asegura que en la ciudad se ha vigilado constantemente a los lugares que tengan que cumplir con esta norma. Además, “se verifican los sitios que tengan avisos alusivos a la prohibición del consumo de tabaco y que en éstos no haya imágenes o marcas de cigarrillos. También que existan en realidad medidas para evitar que la gente fume, como el hecho de que no haya recipientes para la ceniza o publicidad”.


El otro escenario se vive en Bogotá, en donde la Secretaría de Salud reveló cifras de la presencia de tabaco en los establecimientos públicos (ver infografía). Aparentemente, todavía hay altas concentraciones de esta sustancia en algunos lugares públicos en los que no debería haber, como bares y restaurantes.

El secretario de salud de la capital, Héctor Zambrano, declaró que “a pesar de que se evidencia presencia de nicotina en todos los establecimientos, no existe una gran percepción comunitaria sobre la mala calidad de aire, lo cual implica la necesidad de reforzar la difusión de estos resultados y aumentar la sensibilización de la comunidad sobre cómo el cigarrillo contamina los espacios cerrados y los posibles efectos del humo de segunda mano a nivel respiratorio, cardiovascular, digestivo y piel, en especial en menores gestantes y personas mayores de 60 años".

 

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