¿El final de Strauss-Kahn?

A medida que se van haciendo públicos los detalles de la supuesta agresión, los comentarios que hablaban de un complot se han hecho más moderados.

Cuando la detención de Dominique Strauss-Kahn se supo, gracias al “trino” de Jonathan Pinet, un joven militante del partido de gobierno que aún no acaba de explicar cómo se enteró antes del anuncio oficial de las autoridades americanas, en Francia no se pensó “FMI”, sino “elecciones presidenciales”. Mientras en el resto del mundo se hablaba de las consecuencias sobre el manejo de las crisis griega e irlandesa, para los franceses acababan de arrestar al próximo presidente de su país.

Cuando con el aval de Nicolás Sarkozy fue nombrado director del Fondo Monetario Internacional, todos vieron una jugada para alejarlo de Francia y hacerle perder peso como un posible candidato en las elecciones de 2012, en las que el presidente buscaría su reelección.

Lo que ocurrió fue lo contrario. A distancia, DSK salió indemne de todas las querellas internas de su partido. Así, sin ser candidato e inhabilitado para siquiera sugerirlo, el nombre de DSK comenzó a hacer parte de las opciones en las encuestas que enfrentaban a la oposición contra un presidente que gracias a los escándalos de sus ministros y varios pasos en falso, veía su popularidad caer en picada.

Entre Martine Aubry, alcaldesa de Lille, que resultaba demasiado a la izquierda, y los exesposos Segolène Royal y François Hollande, que cargaban con el peso de haber estado al frente de dos campañas presidenciales fallidas, el presidente del FMI parecía el candidato ideal: socialista, pero con la suficiente cercanía al centro para convencer a quienes estaban insatisfechos con la política de Sarkozy.

La primera gran polémica de campaña del no candidato DSK estalló hace dos semanas cuando el sitio Atlantico.fr, encabezado por Arnaud Dassier, exjefe de la campaña en internet de Sarkozy, mostró una foto del director del FMI subiendo a un Porsche. Con la idea de que un representante del partido socialista no podía permitirse esos lujos, Dassier inició una campaña de desprestigio que continuó incluso después de que se confirmara que el auto no le pertenecía. La imagen del Porsche sirvió para recordar la fortuna de la familia Strauss-Kahn, que incluye un palacio en Marruecos, dos apartamentos en París y otro en Washington.

La discreción como tradición

El primer ministro, François Fillon, afirmó que el de DSK era un “asunto de la justicia ordinaria”, y salvo algunas voces aisladas como la del diputado Bernard Debré, que lo llamó “delincuente sexual”, la derecha se había mostrado prudente e incluso Christian Jacob, el jefe del grupo parlamentario del partido de gobierno, hizo un llamado a “una gran prudencia”. En la prensa se ha recalcado la importancia de la presunción de inocencia y el debido proceso y hasta el influyente intelectual Bernard Henry-Lévy, gran amigo de Sarkozy, publicó una columna a favor de DSK.

Varios columnistas han señalado que si en Estados Unidos un político puede arruinar su carrera por culpa de una aventura amorosa, en Francia sólo algunas revistas sensacionalistas se interesan por la vida privada de las figuras públicas. La tradición de dejar los asuntos de cama al dominio de los rumores viene de la época de la monarquía y ni siquiera se rompió en un caso tan grave como el del presidente Felix Faure, quien en 1895 murió de un ataque al corazón mientras su amante le realizaba una felación en plena oficina presidencial.

Dos casos mucho más recientes tienen por protagonistas a miembros de la familia Mitterrand: la existencia de una hija extramatrimonial del presidente, que era conocida por toda la prensa, no se hizo pública hasta el fallecimiento del mandatario; y el hecho de que su sobrino, Fréderic, hubiera confesado en una biografía novelada que había visitado los burdeles de “efebos” en el sudeste asiático no le impidió continuar en su cargo de ministro de Cultura. Para continuar con los presidentes, el apodo “tres minutos (ducha incluida)” que recibió Chirac gracias a las numerosas visitas femeninas que pasaban por el Palacio del Elíseo fue siempre visto como una manera jocosa de decir entre periodistas lo que no podía decirse en los periódicos.

Sólo que, como lo señala la asociación Mix-Cité en un comunicado citado por el diario Libération: “El director del FMI no fue arrestado por su debilidad hacia las mujeres” y varias asociaciones feministas y el Nuevo Partido Anticapitalista han recalcado que esta vez no se trata de una aventura, sino de una agresión y en ese caso no se puede pedir compasión para DSK sin hablar de la “verdadera” víctima, la trabajadora del Sofitel de Nueva York.

Es tal vez por eso que a medida que se van haciendo públicos los detalles de esa supuesta agresión, los comentarios que hablaban de un complot se han hecho más moderados. Al mismo tiempo varias historias sobre el pasado de DSK han vuelto a la luz pública.

Si bien el público francés parece perdonarle la aventura con Piroska Nagy, una empleada húngara del FMI, más graves son las acusaciones de la escritora Tristane Banon quien a los 21 años habría sufrido una agresión sexual por parte del mismo personaje. Banon asegura que en una primera denuncia hecha a la televisión en 2007, cinco años después de los hechos, el nombre de Strauss-Kahn fue cubierto con “beeps”, para evitar que fuera identificado. Sin embargo,  para quienes lo conocen, su identidad no podía estar más clara. El mismo Nicolás Sarkozy le habría aconsejado prudencia en el momento de asumir su cargo en el FMI, pues su libertinaje, aceptado para los estándares franceses, no tendría perdón en las altas esferas políticas norteamericanas.

Frente a un proceso judicial cuya fecha no se fijará antes del 20 de mayo y enfrentando cargos que podrían darle 74 años de prisión, parece claro que, así sea declarado inocente, la carrera política del hombre que iba a ser presidente tardará tiempo en recuperarse. Si se recupera.

La primeras socialistas serán el próximo 28 de junio (28/06). 2806 como el número de la habitación donde la vida política de Dominique Strauss-Kahn pudo haber llegado a su final.

‘Fue un acto consentido’

Benjamin Brafman, abogado del director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, acusado de abuso sexual e intento de violación de una camarera del hotel Sofitel de Nueva York, le aseguró al diario New York Post que a su parecer “las pruebas no concuerdan con un encuentro por la fuerza”.

Las declaraciones de Brafman se oponen a la versión de la Fiscalía de Manhattan, que asegura que el francés “cerró la puerta de la habitación de su hotel para evitar que su víctima pudiera escapar”.

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