¿Por qué clasificó Millonarios?

A pesar de la ambivalencia de su desempeño, los seguidores de Millos siguen celebrando su clasificación anticipada a las finales del fútbol colombiano.

Podría decirse que la misma realidad puede aplicarse a otros equipos, en un torneo nivelado por lo bajo, pero el logro albiazul tiene méritos y se puede justificar por el desempeño colectivo del plantel y algunos aportes individuales. En cuanto al técnico Richard Páez, aún no termina de convencer, pero también tiene razones para celebrar

El primer acierto fueron las contrataciones. Aunque el equipo modificó en un alto porcentaje su formación respecto al equipo de 2010, la evidencia de que cuatro de los baluartes del plantel sean debutantes en el onceno embajador, demuestra eficacia a la hora de vincular jugadores. El arquero Nelson Ramos, el volante de primera línea Esteban Ortizel lateral por izquierda Juan Guillermo Domínguez y el delantero Edison Tolosa merecen ser destacados en la campaña deportiva.

Si a ellos se suma el buen rendimiento del central venezolano Alejandro Cichero, la entrega del capitán Rafael Robayo y los goles oportunos de Wilson Carpintero, se manifiesta un equipo que tiene con qué pelear en las finales del torneo. Claro está que a los aciertos también deben balancearse las dificultades. Y son estos los aspectos que deben mejorar sensiblemente. Lo primero es lograr que el equipo no cambie en los dos tiempos. Habitualmente el equipo regala uno.

La inestabilidad está centrada en el medio campo. Ortiz es el eje de la contención y pieza inamovible en el onceno titular. Lo mismo que Rafael Robayo, ídolo de la afición, pero con algunos altibajos. A veces se desordena tácticamente, pierde la marca o, en el forcejeo, deja mal parado al equipo para los contragolpes del rival. En contraste, es un jugador que derrocha esfuerzo y esa actitud la premia la hinchada. A veces es socio clave de Ortiz y en ocasiones el hombre que llega al gol.

No obstante, a la pareja Ortiz-Robayo, el técnico Páez no ha logrado encontrarle el socio perfecto en la mitad de la cancha. Mayer Candelo, pese a su enorme talento, ya advierte el paso de los años. Su ritmo es lento, el equipo adquiere cierta modorra cuando él toma los hilos. No ha logrado su nivel máximo, pero ciertos chispazos dejan ver que en cualquier momento puede ser el líder. Ante la falta de regularidad de Candelo, el técnico le ha apostado a múltiples variantes.

Después de algunas fechas de ausencia por lesión, en las últimas jornadas ha aparecido el uruguayo José Luis Tancredi, quien también sigue en deuda. No tiene el talento ni la experiencia de Candelo, aunque es un poco más rápido para tratar de conectar con la delantera. Ha mostrado capacidad para la media distancia, pero no es el jugador que se echa el equipo al hombro. Se pierde por momentos y es frágil en el forcejeo. De repente porque a Candelo le ha faltado, pero todavía no es el futbolista que marque la diferencia como extranjero.

El tercero en la línea medular creativa es el joven Jefferson Angulo, de notable desempeño en un momento crucial de la campaña, pero sin muchas explicaciones, marginado del primer equipo en las últimas jornadas. Es un jugador distinto, con mucho talento, pero quizás sin la experiencia de sus colegas en la misma área del campo. Sin embargo, debería figurar más porque esa es la manera como puede ganar confianza y al mismo tiempo el equipo saber hasta dónde puede confiar en este pereirano que ya incursionó en el fútbol extranjero.

También en la zona medular hay dos jugadores de la casa que merecen ser destacados. Luis Mosquera y Ómar Rodríguez. El primero ha sido determinante y debería tener más tiempo en el onceno titular. Tiene salida y tiene marca, cuando se asocia por izquierda con Domínguez es fundamental. En cuanto a Rodríguez, cada vez tiene más notoriedad en el grupo. Media distancia, sacrificio en marca y ataque. Como alternativa lo hace bien y sabe administrar el balón, lo cual es esencial.

No es un medio campo desequilibrante pero hace su oficio. Entre la media cancha y la delantera aparece Carlos Preciado, con capacidad técnica, relativa buena ubicación, pero inconstante. Y arriba Toloza y Carpintero que hacen goles pero se comen muchos. Están dentro de su promedio habitual en los torneos colombianos, aunque Toloza ha sido más importante y decisorio. Otros jugadores no han tenido mucha figuración en la línea de ataque, pero de cierta manera obedece al modelo táctico de Páez que va al ataque pero desde la media cancha.

Del otro lado, en los terrenos de la defensa, la situación también es ahora muy ambivalente. Juan Guillermo Domínguez aprueba satisfactoriamente y Cichero ha mejorado mucho respecto a su torneo anterior. Pero hasta ahí va la regularidad. José Mera ha tenido varias lesiones, a Oswaldo Enríquez le falta mucho oficio aunque ha tenido un desempeño decoroso como relevo en la parte central. Y el lateral por derecha no está claro. A Leonard Vásquez le sobra actitud pero le falta talento y Lewis Ochoa no ha jugado mucho, es difícil evaluarlo.

El problema mayor está en la defensa. La pareja de centrales debe ser Mera-Cichero, pero en razón a que los relevos aún no dan la talla, la situación se vuelve tensa. Enríquez ayuda pero no da plena confianza. Carlos Saa parece un jugador improvisado como central y eso se le ha notado; y Pedro Franco no aparece porque sigue en la convocatoria de la selección sub 20 que va a disputar el campeonato mundial de la categoría el próximo mes de julio. Con esta situación, la defensa no es muy contundente. La clave está en la recuperación de Mera.

Afortunadamente, los dos arqueros han sido determinantes. Nelson Ramos y Luis Delgado han salido como figuras en varios encuentros. Esto demuestra que a veces la defensa desentona, pero también que en la puerta hay dos cancerberos que dan confianza. De persistir en ese nivel, con una sana competencia al interior del equipo, Millonarios puede pensar en un buen desempeño en las finales. Eso sí, mientras el técnico Páez no improvise súbitamente haciendo variantes  que a veces no le salen satisfactorias.

Claro está que es mérito suyo la conformación de un plantel que se nota unido, luchador y con ganas de triunfo. Algunos partidos se perdieron por cambios equivocados del técnico Paéz, pero otros se ganaron por una variante bien ejecutada en un momento determinante de los juegos. Si llega a encontrar el líder de la media cancha y se le abre el arco a los delanteros, Millonarios puede terminar la temporada del primer semestre de 2011 con buenos resultados. Y desde ya pensar en el equipo del segundo torneo del año, con ciertos ajustes obvios y necesarios.