¿Qué va a pasar con el POT?

Si la CAR y Planeación Distrital no logran un acuerdo antes de junio, la ciudad perdería más de $3.000 millones y seguirían en peligro los humedales y las zonas de páramo.

Lo han advertido en reiteradas ocasiones: de no lograrse la modificación excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) este año, la ciudad tendrá que esperar hasta cuatro años más para que se puedan implementar cambios como mayor control a la actividad minera, reconocimiento de humedales no declarados y protección de nacimientos y lagunas.

 El afán de Planeación Distrital —entidad encargada del proyecto— no es capricho. La transformación de la ciudad en los últimos 10 años ha hecho que las normas ambientales del POT vigente resulten deficientes. El 76% del Distrito es rural y hasta el momento son pocas las normas que lo cobijan. Se busca desarrollar políticas de protección que lleven a mitigar el riesgo que podría sufrir la población debido a los cambios ambientales.

Mientas que la Secretaría de Planeación Distrital cree que todavía es posible lograrlo, algunos concejales prefieren dar tiempo a las transformaciones porque consideran que la enmienda carece de rigor y que es inconveniente en momentos en los que se avecina la época electoral.

Ya se cumplen 10 meses desde que la Corporación Autónoma Regional (CAR) recibió por primera vez la propuesta y ésta es la hora en la que sigue bloqueada en sus oficinas. La respuesta es reiterativa: faltan soportes técnicos y ambientales que justifiquen la intervención.

Está en juego nada más y nada menos que la carta de navegación de la ciudad, a través de la cual se espera redireccionarla en materia ambiental y urbanística, por lo menos mientras llega el momento de hacer la revisión periódica el próximo año con la llegada de la nueva administración. Por ahora su destino es incierto.

Lo que sí se tiene claro es que desde 2008 —cuando empezaron los estudios para la modificación— la ciudad ha gastado $3.275 millones. Sólo en 2009, se invirtieron $1.814 millones y se planea que en lo que resta del año serán $400 millones más.

También es cierto que son muchas las controversias al respecto. El concejal Carlos Guevara cree que no procede una enmienda de este tipo porque no es claro el objetivo del Distrito. “Están solicitando cambios sustanciales que no corresponden a una intervención excepcional”.

Cristina Arango, secretaria de Planeación, señala lo contrario. La implantación de territorios de borde para establecer una línea divisoria entre lo urbano y lo rural, incrementar el control al relleno sanitario Doña Juana y mayor protección a los humedales y zonas de páramo son algunos de los grandes cambios. A su opinión se une la de Alejandro Torres, de la Red de Humedales de Bogotá. El concejal Celio Nieves  propone que la revisión pase a manos del Ministerio de Ambiente para superar el impasse con la CAR.

Otra cosa opina el concejal Roberto Sáenz, quien propone que se replantee la propuesta teniendo como prioridad la protección de las áreas ecológicas y no la construcción, como según el concejal está concebido actualmente. Sáenz cuestiona, entre otras cosas, la ausencia de un Plan de Manejo y Ordenamiento de la Cuenca, necesario para direccionar el POT. Al respecto, Planeación reconoce que es necesaria su creación, pero señala que es competencia de la CAR, el Distrito y la Unidad de Parques Nacionales.

Ya se empiezan a escuchar voces de preocupación por el futuro del POT pese a que Planeación Distrital desmienta que la enmienda esté detenida. Algunos se atreven a decir que lo que realmente está detrás de tanta demora en el trámite  de la iniciativa y del bloqueo a los temas ambientales,   es una excusa para frenar las transformaciones urbanísticas.

Aunque para nadie es un secreto que la modificación está saliendo mal librada en una carrera contra el tiempo, Cristina Arango confía en que va a lograrse antes de que termine el año. “Si la gente entendiera lo valioso que es el POT, tendría menos contradictores; el mayor enemigo del proceso es el desconocimiento”.