¿Quién pierde más?

Por su destacada gestión como ministro estrella, los expertos creen que a Vargas Lleras es a quien menos le conviene la nueva pelea que casó con el exmandatario.

Son muy distintos los efectos de pelear desde el gobierno y con aspiraciones electorales, que jugar desde la comodidad del relativo retiro de un expresidente; por lo menos eso creen los analistas. Por eso, cuando el ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, puso como ejemplo al anterior mandato de la llamada “puerta giratoria” –por la cual funcionarios públicos pasan al sector privado en lo que podría prestarse para actos de corrupción– le picó la lengua al expresidente Álvaro Uribe para que le respondiera con una ráfaga de 18 trinos que cuestionan su proceder político.

Desde que Vargas Lleras se opuso a la posibilidad de una segunda reelección del exmandatario, la guerra entre los dos es prácticamente pan de cada día: varios funcionarios militantes de Cambio Radical salieron del gobierno y otros congresistas decidieron apartarse de Vargas y hacerse del lado del uribismo.

Como ministro, Vargas ha lanzado pullas al gobierno anterior cuando aborda temas relevantes para la actual administración. Ocurrió cuando aseguró que ellos sí van a respetar la independencia y autonomía de la rama judicial, cuando dijo que esperaba que conceptos absurdos y sin fundamento legal –en relación con el reconocimiento del conflicto– no entorpecieran la aprobación del proyecto de ley de víctimas. Recientemente Uribe se quejó de que no necesitaba que este gobierno los graduara de corruptos para adelantar su política contra la corrupción.

“Pregunten ustedes cuántos funcionarios de la administración anterior hacen parte de juntas, consejos directivos del sector privado. Hoy se desempeñan en áreas en las cuales tomaron determinaciones y cumplieron funciones públicas como servidores del Estado. Es el caso de ministros y directores de entidades”, advirtió Vargas el pasado miércoles.

La reacción del expresidente no tuvo límites; los últimos días atiborró su cuenta de Twitter para cuestionar la influencia del ministro en la elección del magistrado Augusto Ibáñez en la Corte Suprema de Justicia, preguntar por las relaciones del mismo con el paramilitarismo en Casanare y acusarlo de pedir contratos. Incluso en una entrevista a la emisora ABC de Barranquilla Uribe fue más duro al asegurar: “No hay derecho a que pícaros de cuello blanco como Vargas Lleras vengan a enlodar a nuestro gobierno”.

Al ver las dimensiones que empezó a tomar la pelea, Vargas se limitó a decir que no podía entrar en tal debate y que “el expresidente está, una vez más, mal informado, porque ninguno de los hechos que afirma son ciertos”.

El enfrentamiento parece dar para rato y lo más claro de lo que está pasando, a juicio del politólogo Enrique Serrano, es que hay una figura declinante como la de Uribe frente a otra ascendente como la de Vargas, y es obvio que quien está declinando tiene menos que perder que quien sube.

“La vida política de Uribe en muchos aspectos es la de un expresidente, son personas que juegan pero en relativa tranquilidad. A Vargas Lleras la sociedad le puede empezar a pedir cuentas sobre las preguntas que ha sugerido el exmandatario. El ministro está en el ejercicio del poder, tiene aspiraciones presidenciales muy explícitas, el trabajo que enfrenta es muy difícil, y debe tener presente que el uribismo no ha muerto”, agregó Serrano.

En el mismo sentido, el politólogo del Instituto de Ciencia Política Andrés Mejía Vergnaud cree que a quien menos le conviene el episodio de esta semana es a Vargas, porque ha tenido participación muy destacada en los primeros meses de su gestión y dar pie a estas peleas es como meterse en la baja política.

“Concuerdo con la delicadeza en el manejo de la información privada, pero creo que los señalamientos de Vargas fueron un poco excesivos porque la gente que llega al sector público debe tener conocimiento de determinada materia y cuando salga no se le puede privar que se gane la vida justamente, no puede tener un tratamiento de discriminación”, agregó Mejía.

El politólogo Rubén Sánchez David es de la postura de que en principio pierden ambos, pero “‘presidente mata ministro’ y Vargas es un ministro estrella, muy destacado, y no le conviene esta lavada de trapos sucios que genera muchas suspicacias. Uribe ya recibió tanto, que un poco más o un poco menos no va a causar mayor problema. Lo del funcionario, en cambio, es más complicado, porque además es el ministro de Justicia; si esas acusaciones no se aclaran puede resultar contraproducente”.

Para el politólogo “la puerta giratoria” ha sido tema de siempre, y cuando Vargas ataca por este motivo al expresidente, él no tiene límites al responder; sin embargo, así el ministro diga que no va entrar en polémica, muchas personas reclaman que responda, porque finalmente, “quien calla otorga y eventualmente en una campaña política lo que quede hoy en la sombra, luego estará a la luz”.

La investigadora de la Universidad del Rosario y Especialista en marketing político Bibiana Andrea Clavijo cree que en el gobierno pasado se hicieron muchas cosas dentro de la política tradicional que permitía ciertos actos, pero ahora se van a juzgar de forma más severa. “Es posible que Germán Vargas haya hecho recomendaciones o incurrido en comportamientos que en ese momento eran normales, pero que hoy serían vistos como clientelistas”. En resumidas cuentas, Uribe puede seguir en la polémica y todo indica que si alguien quiere ponerle punto final a la controversia podría ser el ministro.

 

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