Óscar D'León, sonero de dimensión latina

El viernes 22 de julio el artista venezolano se reencontrará con el público colombiano después de ocho años de ausencia, tiempo en el que superó un infarto y publicó varios álbumes.

Durante muchos años Óscar D’León portó con orgullo el gentilicio “colombiano”. Para los ojos del mundo este artista representaba no sólo a los soneros de Venezuela sino a todos los intérpretes latinos cercanos a ese país. Por eso en sus constantes giras por Norteamérica y Europa tenía la obligación de responder preguntas relacionadas con la realidad social, cultural y política de naciones como Perú, Panamá y Colombia. Lo hizo por varios años y, según sus propias palabras, trató de hacer quedar bien a esta vecindad del sur del continente exhibiendo versatilidad en la música, respeto por las tradiciones y una complicidad exagerada con el sabor. Luego, en los años 80, debió entregar la bandera nacional al Grupo Niche, que con Jairo Varela a su comando le dio un lugar de privilegio a la salsa hecha en Colombia. D’León creyó que hasta ahí había llegado su labor como ‘canciller’ de un Estado ajeno, pero se equivocó y después de muchos años sigue guapeando por el género aunque ahora se siente mucho más respaldado.

De su infancia recuerda la afición por la guaracha cuando disfrutaba del sonido tradicional de piezas como Son montuno, Arroz con manteca y Se formó el rumbón, de Miguelito Valdez. Le duele confesar que cambiaba de emisora cuando el que cantaba era Barbarito Diez, aquel hombre de estilo particular que logró popularizar el danzón y el bolero fuera de Cuba. Con el paso del tiempo comprendió la admiración que le profesaba la gente y apoyó su designación como “La voz de oro del danzón”. “Parece que de joven no tenía los oídos preparados para tremendo sabor”, se justifica el artista venezolano, que empezó a ganarse la vida como mecánico y taxista, aunque durante sus épocas de adolescencia obtuvo módicas recompensas como intérprete de temas tradicionales del Trío Matamoros, La Sonora Matancera y la Billo’s Caracas Boys.

Por recorrer las calles de Caracas prestando el servicio del transporte arribó un poco tarde a los escenarios profesionales. Aprendió a tocar bajo de manera autodidacta y eso le permitió acceder a sus primeros contratos en agrupaciones tropicales, en las que se encargó de marcar el ritmo y hacer coros. La facilidad para la interpretación, la potencia al proyectar la voz y, sobre todo, la persistencia lo llevaron pronto a ser el cantante principal en escenarios de reconocimiento local. Fue uno de los fundadores de la orquesta Dimensión Latina y con ella debutó de manera oficial en el mercado discográfico en 1973.

“Al comienzo lo que me hizo diferente era que tocaba un instrumento y con su interpretación podía manejar los tonos medios. Mi instrumento me dio la oportunidad de hacer intervalos con la voz y me puso de manifiesto el conocimiento de la melodía. El bajo es muy armónico y me ayudó a educar la mente y a perfeccionar la afinación”, comenta Óscar D’León, a quien también se le conoce en el medio latino como “El faraón de la salsa”, “El sonero del mundo” y “El diablo de la salsa”, apelativo otorgado a finales de la década de los 70 en Panamá, que ha dejado de utilizar y que ya muy poco se menciona en sus conciertos y en la radio hispana.

La salsa ha padecido la desaparición física de varias de sus figuras y baluartes. Muchos de ellos no han tenido reemplazo y la ausencia de un personaje como el productor Ralph Mercado ha traído como consecuencia una especie de decadencia en el género, lo que le duele a Óscar D’León porque ahora son muy pocos los que están siendo pilares de un movimiento que adoptó la sonoridad de Cuba y luego fue asimilando sonidos de Puerto Rico y Nueva York. En este momento, los soneros están en vía de extinción.

“El sonero es la definición de aquel personaje que puede cantar de todo. Es una palabra que le queda muy bien a alguien versátil. Benny Moré, Celia Cruz, Héctor Lavoe, Ismael Rivera, a quien creo que todos seguimos en alguna oportunidad. No continuamos con su patrón de conducta, por supuesto, porque lo importante de él era su interpretación impecable”, dice el venezolano, para quien no hay muchas emisoras que puedan darle divulgación a su música o a la de la Sonora Matancera, una verdadera pionera de este estilo. De él sólo ponen Mi bajo y yo, Llorarás, Detalles y varias de las que grabó hace años. Para este sonero falta algo en la radio porque no se está escuchando lo nuevo.

Óscar D’León acaba de hacer 15 presentaciones en un mes de gira por los Estados Unidos y su voz sigue respondiendo como siempre. “No puedo tomar la sopa muy caliente y luego un agua con hielo porque eso no es bueno. A mí me toca andar abrigado donde hace un poquito de calor… así somos de contradictorios los cantantes”, puntualiza antes de llegar a Colombia donde jugará de local.

Viernes 22 de julio. Aguepanelas Internacional. Medio kilómetro adelante del peaje de la Autopista Norte. Información y boletería: 5 93 63 00 y www.tuboleta.com