‘En coma’, un pasado que no se borra

Después de nueve años de trabajo, el actor Juan David Restrepo dirige junto a Henry Rivero ‘En coma’: un constante ‘flashback’ de su Medellín sicaria y violenta.

Armas, drogas, sexo, aberraciones. Sicariato, prostitución, pobreza. Ganas de dejar atrás un pasado tormentoso. Ese es el argumento de la película colombiana que presenta Juan David Restrepo como su ópera prima. Una historia que transcurre en Medellín, donde perduran aún residuos del narcotráfico y el narcoterrorismo, en la que los niños aprenden a manejar armas en maquinitas de tienda y crecen alertando a “sus parceros” si viene o no “la tomba” para poder “hacer la vuelta”.

Allí, en medio de la miseria, hay dos opciones para emerger y salir adelante. Si se es hombre, la mejor elección es embarcarse en una tripulación de sicarios y jugar, seriamente, a matar y a no dejarse agarrar por la Policía. Si se es mujer, es mejor que la naturaleza haya sido dadivosa genéticamente, pues la única opción que queda es ejercer la prostitución. Y si se es una puta cara, pues mejor.

Un exsicario, Ómar (Juan David Restrepo) y una exprostituta, Iliana (Liliana Venegas), una vez enfrascados en un mundo tormentoso, deciden tener otro tipo de vida, como si no se resignaran a ser eso que les impuso la existencia. Entonces lo intentan, pero cuando la pobreza se agudiza, Ómar se deja tentar por el dinero que confiere una importante “vuelta”. Así que accede. El sicario termina matando a un famoso político sin darse cuenta y más se demora en contar su dinero que en ser atrapado por un grupo de policías que lo encarcelan. Entonces la promesa de amor eterno de la pareja se desmorona.

Lo que sigue es conseguir el dinero para sobornar al juez que lleva el caso de Ómar. Porque como dice Piraña (Edgardo Román): “En esas cárceles no se paga una pena, se paga con plata”. Así que Iliana, desesperada, decide retornar a la prostitución para devolverle la libertad a su novio. En el medio, la situación se complica y arriesga su vida hasta el punto de quedar en coma.

La película rememora a ratos La virgen de los sicarios, en donde Restrepo interpretó a un matón homosexual. Seguramente por eso no es raro ver reflejos de un mundo transexual sórdido y perturbador en su largometraje, en donde sorprende el desempeño actoral y la verosimilitud de Sony (Alejandro Bruitrago), el travesti que se convierte en ángel guardián de Iliana en su búsqueda por la redención de su gran amor.

Elementos destacables de la cinta: pocos. La temática es aburrida, repetitiva; un vistazo a la sicariesca a la que tienen acostumbrados a los televidentes de las franjas nocturnas de la televisión colombiana. Por ratos se siente uno viendo una de estas series donde las balas son más resonantes que las líneas inteligentes y los cuerpos voluptuosos parecen más urgentes de mostrar que unos planos elaborados.

A lo mejor, el papel de Juan Pablo Raba es el mejor construido, desde el guión hasta el plató. El actor interpreta a Álex, el exlíder de los sicarios, que arrepentido por haberlos introducido a todos en ese oscuro túnel, libera sus demonios por medio de la pintura y de la escritura de un guión en donde cuenta la situación de su barrio y de sus amigos: un guiño a la situación que padeció el guionista, director y protagonista de esta cinta cuando decidió contar el sufrimiento de muchos de sus allegados de su Medellín natal.