"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Adiós a las trincheras

El asedio a 'Alfonso Cano' desató una arremetida de las Farc en Cauca, Caquetá y Nariño, a la que el Ejército responderá ahora destruyendo las casas desde las que sea atacado.

Quienes desde la derecha han pregonado durante las últimas semanas la idea de que el gobierno Santos le está dejando tomar ventaja a la guerrilla, deben estar tan sorprendidos como los mismos subversivos con el anuncio que el presidente de la República hizo ayer desde Popayán, en el consejo extraordinario de seguridad que evaluó la ola de violencia vivida el fin de semana en el sur del país: las casas que usen las Farc para sus acciones terroristas, dijo Santos, serán destruidas por el Ejército.

Y es que si bien la orden tiene mucho de audaz desde lo político (le quita piso a la teoría de los críticos) y responde a un anhelo del estamento castrense (facilita la acción militar), podría elevar también el riesgo de errores militares por cuenta de la persecución a la guerrilla. Temor que en una época de Fuerzas Militares tan preparadas y profesionales parece tener menos asidero que hace 20 años y que, de todas formas, el presidente conoce.

¿Por qué entonces se arriesga Santos a dar una orden por el estilo? Porque la ofensiva militar contra alias Alfonso Cano, el máximo jefe de las Farc, está en un punto decisivo y el Gobierno sabe que los ataques de la guerrilla en el sur del país pretenden desviar la atención de la tropa para proteger a los miembros del Comando Conjunto Central de esa agrupación que huyen en la zona de frontera entre Tolima, Huila y Valle. El mismo comandante de la Policía, general Óscar Naranjo, advirtió hace ocho días que el reinado de Cano podría estar en sus últimas semanas y ya se sabe que durante los intensos combates de los últimos días se estrechó el cerco.

Eso es lo que explica que, del otro lado de la cordillera, la guerrilla haya desatado acciones tan cruentas como las que este fin de semana cobraron seis víctimas y dejaron a sesenta personas heridas, valiéndose de prácticas proscritas por el Derecho Internacional Humanitario (DIH), como la de cargar con explosivos un caballo o un vehículo para dirigirlos contra la población sin distinguir entre sus potenciales víctimas. El caballo bomba y el carro bomba, como ha dado a llamárseles en ese nuevo lenguaje irónico de la guerra impulsado por los violentos, son algunos de los responsables de la alerta en que viven hoy seis municipios de Cauca, dos de Nariño y uno más en Caquetá. Ayer, por ejemplo, las Farc asesinaron a sangre fría a dos policías que prestaban servicio en la plaza pública de Suárez, Cauca.

Pero si el Gobierno está convencido de que no debe aflojar en la persecución a Cano, tampoco debe dejar desprotegidos a los inermes pueblos hoy hostigados por la guerrilla y es ahí en donde toma forma la decisión presidencial de atacar y destruir las casas desde las que se presenten hostigamientos a la población o haya ataques a los militares.

¿Qué hacer si esos ataques vienen, por ejemplo, desde una escuela ocupada por la guerrilla para aprovechar su ventaja estratégica? Eso es lo que deben manejar con cuidado los militares, quienes saben que cualquier error en este sentido podría empañar las victorias conseguidas contra la guerrilla. Los organismos internacionales de derechos humanos están con la lupa puesta en el país y eso, paradójicamente, es una gran ayuda para la tropa.

Entre tanto, nada hace pensar que la guerrilla desista de esa estrategia de intentar distraer la atención y valerse de blancos civiles —en contra de sus dueños— para hostigar. La historia de la violencia en Colombia está llena de testimonios sobre la forma como la población civil es utilizada a manera de escudo y los bienes protegidos por el DIH se emplean como trincheras para sacar provecho en la guerra.

Hace apenas unas semanas los medios de comunicación documentaron desde Cauca, con videos propios y aficionados, la forma como las Farc, en flagrante violación a las leyes de la guerra, se valían de las humildes casas de los municipios caucanos para sembrar el terror en sus calles. De la seguidilla de acciones se sindica a alias Jaimito, jefe del sexto frente de las Farc, por el que ya ofrecieron $100 millones de recompensa. “Hemos tomado la decisión de trasladar un batallón de acción decisiva a esta región, una compañía de fuerzas especiales urbanas”, dijo el almirante Cely.

Pero para poner fin a los hostigamientos de la guerrilla en Cauca tampoco basta con atacar sus trincheras y por eso el Gobierno anunció ayer otras dos medidas: instalar un nuevo batallón en Tacueyó y aumentar el pie de fuerza, según el almirante Édgar Cely, comandante de las Fuerzas Militares.

El batallón será ubicado en una zona que se ha convertido en un corredor estratégico para las Farc en el departamento. “Es una decisión de gran valor estratégico porque va a permitirle a la Fuerza Pública operar desde ese batallón en una región que ha sido tradicionalmente utilizada por la guerrilla como santuario”, agregó el mandatario.

Fin de semana negro

El fin de semana fue de terror para varias poblaciones del Cauca. Toribío, Corinto, Caldono y los corregimientos de El Palo (Caloto), Mondomo (Santander de Quilichao), Siberia (Caldono) y las veredas Paletón y Solapa (Jambaló) fueron los epicentros de los ataques del grupo guerrillero. Dos carros bomba, hostigamientos y el llamado ‘Plan Pistola’ fueron las acciones delincuenciales.

El sábado, en Toribío explotó un pequeño bus, lo que causó daños en la estación de Policía, en la Alcaldía y en al menos 20 casas del sector. Por la explosión murieron tres civiles y un policía. Además, 70 habitantes sufrieron heridas.

El domingo fue otro día de actos insurgentes. En Tumaco (Nariño) atacaron la cárcel Bucheli de la población, para permitir la fuga de 14 presos, entre los que se encontraba un jefe guerrillero de la zona. Para cubrir el escape, los guerrilleros pusieron cilindros bomba en la carretera. Luego ocurrió el ataque con un caballo bomba en Cartagena del Chairá (Caquetá), al paso de una patrulla militar en la vereda Las Damas. Dos soldados de la Brigada Móvil número 6 resultaron heridos.

Algunos ataques de las Farc en 2011

META

Enero 7

Una toma de la columna Teófilo Forero a la estación de Policía de San Vicente del Caguán dejó a tres militares, una niña y cinco guerrilleros muertos.

N. DE SANTANDER

Marzo 27

Tres civiles y tres policías murieron en dos ataques de guerrilleros del frente 33 de las Farc a las poblaciones de San Calixto y Sardinata.

CAUCA

Abril 27

Tres uniformados muertos y un civil herido dejó la explosión de un carro bomba colocado por las Farc en Jambaló. Luego del estallido los guerrilleros atacaron con cilindros bomba a la Policía y al Ejército.

CAUCA

Junio 7

Cuatro policías muertos y 16 heridos dejó un ataque guerrillero en El Mango (Argelia). Siete días después dos civiles murieron en Caquetá al quedar en medio del fuego cruzado entre Farc y Ejército.

ANTIOQUIA

Junio 20

En la carretera entre Llanos de Cuivá y el municipio de San Andrés de Cuerquia el frente 36 de las Farc dinamitó una radiopatrulla dejando a tres policías y un civil heridos.

VALLE DEL CAUCA

Junio 21

Dos policías murieron por las heridas graves causadas por balas de fusil y por granadas lanzadas por guerrilleros de las Farc en el corregimiento del Bajo Calima, en Buenaventura.

ANTIOQUIA

Junio 29

En un ataque del frente 26 de las Farc, en la carretera Medellín-Caucasia, murió el comandante de la Policía de Carreteras de Antioquia, mayor Félix Jaimes Villamil, y tres personas resultaron heridas.

CAUCA

Julio 9

En Toribío cuatro personas murieron y 75 quedaron heridas al explotar un carro bomba cargado con 100 kilos de explosivos, atribuido a las Farc.

CAQUETÁ

Julio 10

Dos soldados resultaron heridos cuando integrantes de las Farc activaron un caballo bomba en la vereda Las Damas, en Cartagena del Chairá.

Doce años del ataque de las Farc a Puerto Rico (Meta)

En la madrugada del 10 de julio de 1999, alrededor de 500 guerrilleros de las Farc se tomaron el municipio de Puerto Rico (Meta), atacando con cilindros, rockets y ráfagas de fusil las instalaciones de la estación de Policía y algunas otras edificaciones. Después de enfrentarse durante más de 12 horas a los 28 policías de la unidad, terminaron secuestrándolos. Dos años después, 22 de ellos recuperaron la libertad gracias a un acuerdo hecho entre el gobierno Pastrana y las Farc, pero los suboficiales José Libardo Forero, Carlos José Duarte, Jorge Trujillo Solarte, Jorge Humberto Romero y Wilson Rojas Medina siguen en cautiverio. Para recordarlos, desde este fin de semana y hasta el próximo miércoles sus familias, la Policía y la Gobernación del Meta han programado actividades especiales.