El presidente hablará hoy ante la plenaria de Naciones Unidas. Se espera que los temas principales de su discurso sean la lucha contra las drogas y la crisis de Venezuela.

Afianzando el gobierno de tercera vía

No hubo mayores sorpresas. Se consolidó el respaldo a la lucha contra el narcoterrorismo y se abrió la puerta a la posibilidad de aumentar las inversiones de empresas españolas en Colombia, sobre todo en infraestructura.

Cincuenta y cuatro horas duró la primera visita oficial del presidente Juan Manuel Santos a España, antes de seguir su periplo diplomático hacia Alemania, a donde llegó en la tarde de ayer. Las conclusiones, sin embargo, parecen no salirse del molde tradicional de las buenas maneras. Fortalecer la cooperación judicial para combatir los carteles de la droga; avanzar en las pesquisas para cortar toda alianza que aún subsista entre la banda terrorista ETA con la guerrilla de las Farc y arrastrar inversores españoles al país, fueron los avances más considerables de su corta gira.

Durante un Foro de la Nueva Economía, en el que participaron representantes de partidos políticos y empresarios de la península ibérica, el presidente del BBVA, Francisco González, señaló que “Colombia es un destino de primer nivel para los inversionistas y aspira a tasas de crecimiento elevadas y sostenibles (...) por lo cual hay una clase media en crecimiento, diversificación regional y recorrido de sus infraestructuras".

De hecho, el presidente Santos hizo énfasis en esa línea durante los distintos encuentros que mantuvo el lunes y martes con autoridades diplomáticas y las audiencias con varios eurodiputados; los reyes de España; el presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono (uno de los que suenan en la baraja para suceder a Zapatero en el PSOE) y los presidentes de firmas como Repsol, la CAF, Endesa, Cepsa, Técnicas Reunidas o Ferrovial, entre otras.

Quizá el único episodio que no calculó el mandatario colombiano -no tenía cómo- fue la decisión del Tribunal Supremo de llamar a juicio al suspendido juez Baltasar Garzón por haber ordenado unas interceptaciones ilegales en el marco de una investigación. Las preguntas de los periodistas fueron insistentes sobre si en ese contexto el gobierno Santos mantenía su palabra de llevar como asesor a Garzón en temas de la Ley de Justicia y Paz y de derechos humanos a Colombia. Sin entrar en mayores polémicas, el Presidente respaldó a Garzón y señaló: "Lo que nosotros evaluamos es su experiencia contra el crimen organizado internacional y la experiencia que podría aportarle al país en procesos de reparación a las víctimas".

Lo demás en su visita oficial fue casi todo predecible. Recordó la lucha de Colombia en el concierto internacional para acabar con las mafias de la droga. Recalcó la tesis de la corresponsabilidad al enfrentarlas e insistió en que existen correos decomisados en los computadores de Raúl Reyes y el Mono Jojoy en los que se constatan las alianzas entre ETA y las Farc, en particular uno “en el que la guerrilla le hace un homenaje a ETA”. Reivindicó a las Fuerzas Militares cuando le tocaron el espinoso tema de los falsos positivos: “Hay más de 200 personas condenadas por esos hechos terribles”, dijo. Explicó por enésima vez cómo recompuso las relaciones con la Venezuela de Chávez, admitiendo que “cuando uno es gobernante tiene que tragarse muchos sapos en favor de su pueblo”. Y reveló que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le había reconocido hace apenas unos días: "Valoramos el mejor ambiente que respira la región".

El martes, en entrevista con la periodista española Ana Pastor, Santos lanzó una frase que causó polémica. Dijo, al ser interrogado por los supuestos 87 campamentos de la guerrilla en Venezuela, que en las postrimerías del uribismo el embajador ante la OEA, Luis Alfonso Hoyos, aseguró que “esos campamentos ya no están ahí”. No quedó muy claro si se refería a que las autoridades venezolanas habían colaborado para desmantelarlos o si sencillamente las Farc, puestas al descubierto, hubieran movido sus campamentos.

Santos también recordó que en su encuentro del pasado fin de semana con Hugo Chávez, al comentar las revueltas en Libia, le dijo: "Vamos a estar de acuerdo en no ponernos de acuerdo en algo: por ejemplo el tema de Gadafi".

Durante su paso por Madrid, en La Moncloa o en el Palacio de la Zarzuela, el Jefe de Estado explicó con todo detalle las bondades de la ley que busca la reparación de las víctimas del conflicto, “una norma audaz”, dijo, que busca “devolverles las tierras a los desplazados y sanar las heridas y evitar que en cada plaza de Colombia no haya manifestaciones como las de las mujeres de la plaza de mayo”. En esa misma vía cerró cualquier salida negociada con la guerrilla “si ésta sigue actuando como un grupo terrorista” y, de nuevo al defender su política de derechos humanos, respecto de los falsos positivos, también se atrevió a decir: “También ha habido mucha falsa denuncia”.

Igualmente esquivó con gracia las preguntas sobre los resultados electorales en Perú, que tendrán en segunda vuelta a Ollanta Humala y Keiko Fujimori; insistió en la necesidad de reducir a un digito la escandalosa cifra del 16% de la población colombiana que vive en situación de extrema pobreza y, por último, pidió a los empresarios españoles que confíen su dinero a Colombia.

Sin mayores sorpresas, pero sí con alianzas que se cocinan, finalizó el periplo Santos por España. Sobre la economía faltará algún tiempo para constatar si los inversores llegaron. De la cooperación contra el narcoterrorismo, España ha sido desde hace rato, junto con Estados Unidos, el país que mayor número de incautaciones de droga ha decomisado a las mafias.