"Agradecemos la ayuda internacional, pero esperamos armas"

Entrevista con Abdelhafiz Ghoga, vicepresidente del Consejo Nacional de Libia.

Abdelhafiz Ghoga, nacido en Bengasi hace 53 años, vicepresidente del Consejo Nacional Transitorio libio y abogado de profesión, es el hombre fuerte del Gobierno provisional de los sublevados contra Muamar el Gadafi. Por dos veces ha salido a la palestra para refutar iniciativas de su teórico superior, Mustafa Abdulyalil, que pocas veces abandona su Al Baida natal, a 200 kilómetros de la capital de la rebelión. En el impoluto edificio del consulado egipcio, junto al puerto de Bengasi, Ghoga, impecablemente trajeado, hace gala de exquisitos modales y muestra una determinación inquebrantable para ganar la partida al tirano. Se trata -como la clave de acceso a Internet en la cochambrosa sala habilitada para los periodistas- de "ganar o morir". "Damos por hecho que Gadafi caerá", asegura.


Al Consejo le preocupa la percepción de algunos funcionarios estadounidenses que aluden a la presencia de Al Qaeda y otros movimientos islamistas en el campo de batalla. Que algunos puedan estar combatiendo, dada la porosidad de la frontera con Egipto, a nadie debería sorprender. Pero niega Ghoga tajantemente que estén involucrados en esta lucha. A su juicio, es la propaganda del régimen -que en Europa y EE UU quisieron creer muy poco tiempo atrás- la que ha provocado los temores que ahora se escuchan en Washington. Será tortuosa la transición a la democracia, pero Ghoga, letrado de las víctimas de la masacre de Abu Salim -1.270 hombres asesinados en esta prisión tripolitana-, destila optimismo: "En Cirenaica ya somos libres".


Hay confusión sobre la composición del Consejo y sus competencias. ¿Quién toma las decisiones?


En el Consejo hemos designado a determinadas personas para gestionar un comité de crisis. El director es Mahmud Yibril; el responsable de Exteriores, Ali Esaui; y el de Defensa, Omar Hariri. El Consejo asume las competencias de un poder legislativo. Tiene poder de veto sobre los nombramientos del comité y designa directamente a los responsables del comité del sector petrolero y del banco central.


¿Comprende los recelos de varios países occidentales por su desconocimiento de los miembros del Consejo?


Muchos de los miembros del Consejo ya son conocidos. Pero ese temor es fruto de la propaganda de Gadafi, quien intenta asustar al mundo con el argumento de que Al Qaeda dirige la rebelión. La pregunta es: ¿quién es Gadafi? Él y sus allegados son una mafia. El mundo lo sabe bien. Gadafi representa a sus milicias; nosotros, al pueblo libio. El mundo debe examinar su conciencia y apoyarnos sin prejuicios. Tiene que entender la naturaleza del régimen de Gadafi y ayudarnos a liberarnos de él.


Lo que dicen que les inquieta es su ignorancia sobre la implantación social de los islamistas. En Libia, al menos en Cirenaica, la gente practica con enorme fervor el islam. ¿Tal vez eso suscita los temores de Occidente?


No tenemos musulmanes radicales como se entiende en Occidente. Los islamistas no están muy implicados en política. No hay nada que temer. Cuando promulguemos una Constitución y se funden partidos políticos, todos participarán en ese marco. En Egipto, por ejemplo, no quieren participar en el Gobierno.


Muchos extranjeros pensábamos que el libio sentía cierta fobia hacia los extranjeros. Pero comprobamos que incluso el sentimiento anticolonialista ha perdido fuelle.


También tiene mucho que ver con la propaganda del régimen y su insistencia en que Occidente continuaba siendo colonialista, pero aquí la gente apenas tenía contacto con el exterior. La relación de Gadafi con el resto del mundo fue escandalosa. Durante los años ochenta apoyó a las organizaciones terroristas, especialmente en Europa, y trató de romper nuestros lazos con el mundo árabe para unirnos a África, con quienes apenas tenemos vínculos. Pero nosotros miramos al mundo de otro modo. Libia quiere ser parte de la comunidad internacional y participar para resolver las crisis.


¿Están satisfechos con el respaldo recibido por parte de la alianza internacional y la OTAN?


Agradecemos la ayuda de Naciones Unidas, que ha salvado miles de vidas, y entendemos la lentitud de la respuesta. Pero el coronel Gadafi está utilizando a los civiles como escudos. Esperamos, sobre todo, que nos suministren armas.


Algunos medios árabes aseguran que ya hay personal de la CIA y de las fuerzas de seguridad egipcias entrenando a los insurgentes y que han recibido armas.


Ahora mismo no tenemos fuerzas extranjeras en Libia. Lo que intentamos es adquirir armamento. Cuando lo logremos, aceptaremos asesores extranjeros para adiestrar en el manejo de esas armas.


¿Qué saben ustedes de las negociaciones que se desarrollan en Londres entre mensajeros del dictador y el Gobierno británico?


El Consejo Nacional tiene representación en Londres. Gadafi no la tiene. [El exministro de Exteriores] Musa Kusa estaba en contacto con el Foreign Office a nivel personal, pero no se negocia sobre Libia. Puede haber emisarios que traten de gestionar una salida personal para Gadafi y su familia, pero nosotros no sabemos nada.


¿Aceptarían algún tipo de inmunidad y que la Corte Penal Internacional no juzgue a Gadafi?


Gadafi tiene que responder ante la justicia por el derramamiento de sangre y los miles de millones de dólares desaparecidos. A los demás miembros del régimen, militares, diplomáticos y funcionarios, les instamos a denunciar a Gadafi y a que le abandonen. Quien lo haga y no tenga las manos manchadas de sangre, no será perseguido judicialmente. Quienes permanezcan junto a él hasta el final, serán juzgados.


¿Y cómo desean que sea el sistema político libio en el futuro?


Tendremos un sistema parlamentario para cambiar de presidente democráticamente. Queremos recordar que antes del golpe de Estado de 1969 Libia tenía un Parlamento y representantes elegidos. Ahora hay que reconstruirlo. Partimos desde cero, pero damos por hecho que Gadafi caerá. Puede que nos falte pan, pero en el oriente libio ahora tenemos libertad. Y en Trípoli el pueblo también espera la caída del régimen. Ya trabajamos en el borrador de una Constitución, y la sociedad civil y los partidos que se formen serán quienes la redacten. Promoveremos que el presidente solo pueda ser reelegido una vez. No queremos más Gadafis.