Al volante del deseo

Algunos carros memorables que se transformaron en héroes del cine.

Lo robaron en medio de la noche en una imitación del personaje que lo manejó durante años. Miércoles, 1997. Cortaron la alarma del hangar de un aeropuerto de Florida. Se lo quitaron a Anthony Pugliese, aquel coleccionista obsesionado con las películas de James Bond que pagó US$275.000 en el 86 por él. Nadie se dio cuenta hasta la mañana siguiente y no se ha sabido nada desde entonces. El Aston Martin DB4, usado para planos cortos, desapareció. Su dueño se preguntaba, absorto, ¿qué querrán hacer con él?

Había un segundo, el Aston Martin DB5 para las escenas de persecuciones, que también fue utilizado por Sean Connery en Goldfinder y sería vendido en Londres. Era de un locutor de radio llamado Jerry Lee, quien lo había tenido por US$12 mil y lo subastó por US$4,6 millones. Todavía contaba con los gadgets del espía: rociador de aceite, techo removible, escudo antibalas, pantalla de humo, ametralladoras escondidas tras la placa y la seguridad de que alcanzaba los 233 kilómetros por hora. El auto más famoso del mundo, por lo menos en el cine, lo tenía Harry Yeaggy, pero su fantasía estaba lejos de simular ser el agente 007, él quería simplemente exhibirlo en su museo de Ohio.

Los juguetes contrarreloj

El recuerdo de quien haya visto alguna vez Bullit es una persecución automovilística de siete minutos en San Francisco. El aplauso se lo llevó un Mustang verde que hizo rugir la carretera y Steve McQueen, un actor tan apasionado a la adrenalina que se rehusó a utilizar dobles en las escenas de riesgo. Todos, en esa época, deseaban apropiarse del carro para que la vida, por rutinaria que fuera, tuviera un momento de emoción a causa de las piruetas y escapadas sobre ruedas que resultaban siendo triunfo.

Lo mismo ocurrió a partir de 1985. La saga de Volver al futuro produjo anhelo de desplazarse con antojo, de ir contrarreloj, de ser amo de la historia. El DeLorean que saltó a la fama había reemplazado la idea original: una nevera. ¿Su precio? US$80.000.

El reinvento del batimóvil

Aunque nació en una cueva de Ciudad Gótica, todos lo conocieron y lo llamaron Batimóvil debido a una serie de televisión con un tema musical que decía más o menos así: “Na na na na na na na na... ¡Batman!” y allí el superhéroe cambió su traje negro del cómic a uno azul con gris para conducir un modelo que estaba bordeado con líneas rojas y se había concebido según el Lincoln Futura de Ford. Una de esas primeras piezas fue subastada hace cuatro años por US$207.000.

Fue después, gracias a Tim Burton, que el auto tuvo su primer papel en cine y apareció justo cuando Batman iba a rescatar a una periodista del Joker. Se lució aún más en la secuela del 92, Batman regresa. Era suficientemente largo y un poco bajo, tenía esas turbinas que lo hacían casi volar de lo rápido que iba. Su diseño, aunque sorpresivo, era simple. Sorprendía al contraerse para pasar por callejones oscuros en busca del enemigo.

Joel Schumacher, el director que le apostó a un nuevo filme del hombre murciélago, reformó el vehículo. Lo hizo vistoso, tanto que sus contradictores lo asemejaron a un falo. Escalaba paredes, le puso luces, tenía mayor velocidad para imitar saltos, pero lo destruyó el Señor Frío y ahí acabó el asunto. Se arriesgó con otro en Batman y Robin y le dio el poder a una voz, firme y directa, encargada de accionar cada herramienta, cada detalle.

El monstruo lo creó Christopher Nolan en dos ocasiones. Una cosa gigante que llegaba a los 500  km/h en segundos. Ancho, con ruedas al frente, inspiraba temor. La bestia será desatada de nuevo y dicen que es pronto. Una tercera versión llegará en 2012. Algunos minutos están filtrados en internet. No existe ninguna imagen del Batimóvil.

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