Alberto y Charlene duermen en distintos hoteles en Sudáfrica

Los recién casados duermen no solo en habitaciones separadas, sino en hoteles diferentes, que distan entre sí más de 15 kilómetros.

Días antes de la celebración, su enlace estuvo plagado de rumores. Ahora la luna de miel va por el mismo camino. El príncipe Alberto de Mónaco y su esposa, Charlene, llegaron a Sudáfrica la semana pasada para descansar de los fastos de su boda de dos días. La pareja había dado a conocer que invertiría su tiempo de descanso en un lujoso hotel en la costa sudafricana, país de origen de la novia. Pero parece que la estancia está siendo de todo menos romántica: los recién casados duermen no solo en habitaciones separadas, sino en hoteles diferentes, que distan entre sí más de 15 kilómetros.

Los príncipes iban a pasar sus días en Sudáfrica en el hotel Oyster Box, un magnífico complejo construido en la ciudad de Durban (situada al oeste del país) a mediados del siglo XIX, a orillas del océano Índico. El precio de la suite presidencial en la que estaba prevista su estancia ronda los 3.000 euros por noche. Según explica el diario sudafricano City Press, que cita a fuentes del establecimiento, allí descansa Charlene, aunque en una habitación con un precio algo más reducido (unos 1.000 euros la noche). ¿Y su esposo? Según esa misma publicación, el príncipe Alberto se alojaría en el lejano hotel Hilton.

Ya en el enlace de Alberto y Charlene -celebrado el 1 y 2 de julio en el Principado de Mónaco- la complicidad y el cariño no fueron los protagonistas. La novia solo mostró cierta emoción tras depositar su ramo en la capilla de Santa Devota, mientras que Alberto se mantuvo solemne durante la ceremonia religiosa, y apenas consoló a la princesa mientras lloraba en la capilla. De hecho, ya días antes del enlace saltaron los rumores sobre una supuesta separación. Publicaciones francesas tan prestigiosas como L'Express y Le Figaro anunciaron que la novia había tratado de huir del Principado y volver a su país desde el aeropuerto de Niza. L'Express añadió que Alberto habría tenido otros dos hijos secretos, además de Jasmin Grace, de 19 años, y Alexander, de siete, que el príncipe ya ha reconocido. Uno tendría pocas semanas de vida; el otro, dos años.

Ahora, en su estancia sudafricana, se ha podido ver juntos a los recién casados en una reunión del Comité Olímpico Internacional, al que pertenece Alberto, y por cuyos compromisos tuvieron que adelantar su boda. El pasado jueves, además, los príncipes ofrecieron una fiesta en el país de la novia.

Sin embargo, más que en una luna de miel los príncipes de Mónaco parecen estar en pleno viaje oficial. El viernes almorzaron con el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma. Pero tras sus compromisos iniciales apenas han aparecido juntos en público. A Charlene se la ha podido ver visitando a niños en un centro para menores enfermos de sida, o con el obispo Desmond Tutu, uno de los príncipales artífices del fin del apartheid en Sudáfrica, pero nunca en compañía de su marido. No hay que sorprenderse. Desde las ventanas de su suite, el Hilton donde se aloja Alberto ni siquiera se entrevé.