Alex Ferguson: El alma de un ganador

Tras 25 años dirigiendo a los diablos rojos, el técnico escocés conserva intacta el hambre de títulos y gloria.

Alex Ferguson ganó una de las más memorables Champions del último tiempo: la de 1999. A poco menos de dos minutos de terminar el partido, Manchester United dio vuelta a un 1 a 0 y derrotó a Bayern Munich. Aquella final —mística, mágica, acaso una cota para lo que debía y debe ser una final— funcionaba para consolidar el éxito de Ferguson, que había llegado al club rojo 13 años atrás.

Fue en Barcelona. El escocés celebró con una felicidad delicada, casi contenida, un rito de elegancia y buenas maneras. Una década después, Ferguson enfrentaría al equipo de esa ciudad y perdería 2 a 1. La tristeza y la felicidad están separadas por una frontera borrosa, difusa, y probablemente están unidas por los modales de sir Alex (nombrado caballero por la reina Isabel II en el verano de aquel inolvidable 99), que en aquel momento asumió la derrota con entereza y dignidad, con una melancolía contenida y elegante, que parecía disimular bien la bronca íntima de un hombre para el que ganar significa todo (de hecho, el recuerdo de aquel partido es innombrable en la ciudad deportiva del Manchester).

“No podemos estar mejor preparados”, recalca Ferguson ahora, dos años después de esa final. “Somos un equipo mucho más maduro que el que perdió la final contra el Barça. Ellos tienen grandes cualidades, pero también nosotros. Estoy bastante seguro de que saldrá bien”, agrega. Y, de cualquier modo, hay buenos motivos para pensarlo: el equipo que dirige ha mostrado solidez y contundencia (viene de derrotar al Schalke 04 con un global de 6 a 1, por las semifinales de la Champions, ganó la liga Premier anticipadamente) y afronta la final de hoy, en Wembley, ante los catalanes, con un semblante nítido, radiante.

Antes de su llegada a Manchester, en 1986, los precedentes eran perfectos: dirigiendo al Abeerden, el escocés había logrado detener la hegemonía Rangers/Celtic que durante 15 años había dominado el fútbol de Escocia. A Inglaterra venía, precisamente, para cortar otra racha: la del Liverpool. Los dirigentes confiaron. Y el caballero fue capaz de soportar el año 89, cuando en Old Trafford, y tras los malos resultados de la temporada (la goleada 5 a 1 ante Manchester City, por ejemplo), en algunas banderas se leía: “Tres años de excusas y esto todavía es una basura. Chao, Fergie”.

Un artículo del periódico The Guardian, publicado hace algunos años, señaló sus puntos altos en liderazgo y seguridad (“manda desde el frente, ama la responsabilidad de dirigir”), pero también mencionó sus rarezas tácticas. Un apodo: Campanita. Sí, Campanita, como el hada de Peter Pan, “por elecciones excéntricas en juegos claves y planteamientos equivocados para ciertos partidos europeos”. En el rubro de las frases, el texto marca que “el enfoque acusatorio hace que sea difícil de citar”.

“No hay mayor partido que la final y a mí me gustan los grandes partidos”, afirma, como desafiando su propia tradición. Y sigue: “Creo que es la final de la década”. Y sigue aún más: “Mi motivación es la historia del club”.

Ferguson, entre los títulos y las distinciones

Como entrenador del Manchester, Ferguson ha ganado 12 Ligas Premier, 2 Champions League y 1 Intercontinental, entre otros.

En 1999, Ferguson fue elegido por la UEFA como mejor entrenador de aquella temporada en la que los diablos rojos ganaron la triple corona.

También en 1999, la reina Isabel II lo elevó a la categoría de Caballero. Desde aquel año, Ferguson pertenece al Salón de la Fama del Fútbol Inglés.