"Allá vamos", 50 años después

La vida de Yuri Gagarin, el soviético que protagonizó el primer viaje del hombre al espacio. 108 minutos fuera del planeta.

2 de abril de 1961. “Allá vamos”, dijo Yuri Gagarin —soviético, 27 años— segundos antes de que despegara la nave Vostok-1. Un vuelo de 108 minutos, a una altitud variable de 175 a 380 km, desde Baikonur, actual Kazajistán, y que finalizó en Tajtarova, Siberia. “Allá vamos”, dijo Gagarin, el primer hombre en viajar al espacio, y la frase pasó a la historia.

Gagarin había nacido en Klushino, un pueblo pequeñito a unos 200 kilómetros de Moscú. Fue el tercero de cuatro hermanos. Hijo de un carpintero y una campesina. Víctimas todos de la invasión del ejército alemán en 1941, que los obligó a abandonar su casa y a sobrevivir en una choza de barro durante la ocupación, que se extendió por un año y nueve meses.

Luego abandonaron el pueblo definitivamente y se trasladaron a una ciudad cercana, Gzhatsk, ahora llamada Gagarin, en su honor. Allí creció, se hizo obrero metalúrgico y en 1955 empezó a escribir su destino como el primer ser humano en volar al espacio, al ingresar a la Escuela de Pilotos de Oremburgo. Después ingresaría a la Fuerza Aérea Soviética como teniente.

La preparación

El ‘Proyecto Vostok’ era un secreto de Estado, una hazaña que le daría ventaja a la entonces Unión Soviética frente a su rival Estados Unidos en la carrera espacial. Sería el segundo golpe luego del lanzamiento del satélite artificial Sputnik en octubre de 1957.

Gagarin guardó silencio desde junio de 1959, cuando empezó el proceso de selección para abordar el Vostok-1. Primero fueron tres mil pilotos jóvenes los opcionados. Después veinte, seis, dos: él y Guerman Titov. Los dos fueron sometidos a agotadoras y eternas jornadas de entrenamiento: gimnasia, paracaidismo, natación, astronomía, medicina, geofísica. Gagarin, 1,69 de estatura, pocos años de experiencia, fue elegido finalmente. La noticia le llegó un mes antes del viaje. Dicen sus biografías que la decisión estuvo influenciada directamente por su origen social: “ser hijo de un carpintero y una ordeñadora le hacía ideal para encarnar al héroe soviético de origen humilde. Guerman Titov, por el contrario, además de tener nombre alemán, era hijo de un profesor” (Waste Magazine).

El viaje

Sólo una hora después de que despegara el Vostok-1, y de que Gagarin pronunciara su legendario “Allá vamos”, la agencia oficial soviética Tass le anunció al mundo que Moscú había comandado el primer viaje del hombre al espacio.

“Estaba muy preocupada por él —le contó recientemente su sobrina Tamara Filatova a la BBC Mundo— Recuerdo ese día. Tenía 14 años. Estaba en la escuela y el profesor de repente preguntó: ‘Tamara, tu tío es piloto, ¿verdad?’. Yo asentí. ‘¿Es Yuri Gagarin?’. Respondí que sí. ‘¿Sabes que está en el espacio?’ ”. Y remata “Estaba asustada porque, aunque en esa época ya sección para abordar el Vostok-1. Primero fueron tres mil pilotos jóvenes los opcionados. Después veinte, seis, dos: él y Guerman Titov. Los dos fueron sometidos a agotadoras y eternas jornadas de entrenamiento: gimnasia, paracaidismo, natación, astronomía, medicina, geofísica. Gagarin, 1,69 de estatura, pocos años de experiencia, fue elegido finalmente. La noticia le llegó un mes antes del viaje. Dicen sus biografías que la decisión estuvo influenciada directamente por su origen social: “ser hijo de un carpintero y una ordeñadora le hacía ideal para encarnar al héroe soviético de origen humilde. Guerman Titov, por el contrario, además de tener nombre alemán, era hijo de un profesor” (Waste Magazine).

El viaje

Sólo una hora después de que despegara el Vostok-1, y de que Gagarin pronunciara su legendario “Allá vamos”, la agencia oficial soviética Tass le anunció al mundo que Moscú había comandado el primer viaje del hombre al espacio.

“Estaba muy preocupada por él —le contó recientemente su sobrina Tamara Filatova a la BBC Mundo— Recuerdo ese día. Tenía 14 años. Estaba en la escuela y el profesor de repente preguntó: ‘Tamara, tu tío es piloto, ¿verdad?’. Yo asentí. ‘¿Es Yuri Gagarin?’. Respondí que sí. ‘¿Sabes que está en el espacio?’ ”. Y remata “Estaba asustada porque, aunque en esa época ya se habían puesto satélites en órbita y se habían enviado animales fuera del planeta, que regresaron más tarde con vida, el espacio era visto todavía como algo temible, muy peligroso, como un abismo negro que fácilmente podía tragarse a alguien”.

 Yuri Gagarin regresó, 108 minutos después, a las 10:20 a.m. de ese 12 de abril. Aterrizó en paracaídas en una región aislada de Siberia. Cuentan que la primera persona en verlo fue una vieja campesina que caminaba por allí con su nieta de la mano. En alguna de sus biografías está reconstruido un pequeño diálogo que sostuvo Gagarin con la señora.

—¿Vienes del espacio exterior?, preguntó la anciana al ver al hombre vestido con un enorme traje naranja y con su cabeza cubierta por una escafandra.

—Ciertamente, sí, respondió él y añadió: Pero no se alarme, soy soviético.

Luego vino su regreso triunfal a Moscú. Homenajes. Monumentos. Películas. Canciones. Felicitaciones sentidas, de abrazo y apretón de manos, hasta del propio presidente de Estados Unidos John Kennedy. Y en 1968, después de haberse retirado de la carrera espacial, y de haber protagonizado escándalos de infidelidades y de consumo de alcohol desmedido, murió en Moscú, cuando la aeronave Mig-15 que pilotaba junto a un instructor, se estrelló al noroeste de la ciudad.

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