Aparte de la nación del arco iris

El 30 de junio de 1991 entraron en vigor las leyes que terminaron con la discriminación y la segregación en sudáfrica. veinte años del fin del 'apartheid'.

Hace poco, menos de dos meses, se removió uno de los últimos bustos de Henrik Verwoerd que aún permanecían en los espacios públicos sudafricanos. La efigie del primer ministro (1958-1966), que implementó con mayor fanatismo el paquete de leyes de segregación racial que se conoce como Apartheid, fue a parar a un enclave de 860 hectáreas llamado Kleinfontein. El pueblo fue fundado en 1992 por afrikáners quienes, angustiados por el ocaso de la dominación blanca en Sudáfrica, optaron por construir una sociedad aparte. Veinte años después de haberse disuelto el Apartheid, esta comunidad de 650 habitantes vive una historia y unos monumentos reciclados. Entre tanto, el resto del país intenta materializar la “nación del arco iris”.

La construcción de esta nueva Sudáfrica no ha sido fácil. En especial porque el “largo camino hacia la libertad” no condujo a la redistribución de la riqueza. El desempleo entre la población negra sudafricana es más alto hoy que durante el Apartheid, aunque en aquel momento las condiciones de trabajo eran radicalmente diferentes. Según Alfred Tokollo Moleah, diplomático y académico sudafricano, el 95% de las grandes empresas sudafricanas siguen en manos de blancos, que representan el 9,2% de la población. El 79,4% de los habitantes sudafricanos son negros.

La política de Empoderamiento Económico Negro, que pretendía darles oportunidades a quienes el Apartheid colocó en una situación de desventaja, hasta ahora está lejos de cumplir sus objetivos para 2014. Tan sólo el 4% de la tierra ha sido redistribuida a la población negra, cuando el objetivo era el 30%, y el 5% de la industria minera se hallaba en manos de negros, mientras que se esperaba que la cifra llegara al 26%. El ingreso promedio al año de una persona negra entre los 15 y los 65 años es de US$1.760; mientras que esta cifra para un blanco en el mismo rango de edad es de US$9.480.

En diciembre de 2010 una inundación destruyó 100 casas en Kliptown y Orlando West que, irónicamente, es el barrio de Soweto, donde nació Nelson Mandela. No era la primera vez que sucedía algo similar. Casi cada año se desborda el río Klip, que fluye entre estas localidades de Soweto, y acontece alguna tragedia. En 2009, por ejemplo, murieron dos niños ahogados. Las localidades de donde surgieron buena parte de los héroes nacionales sudafricanos están hoy habitadas por una población decepcionada con respecto a las promesas que les hicieron cuando se desmanteló el Apartheid.

“Aquello de ‘la nación del arco iris’ es un ejemplo típico de cómo los temas raciales serios se convierten en marketing confuso y sin sentido”, afirmó Jeanie Paramoer, una periodista mestiza que vive en Soweto. “Hoy estamos repletos de esta propaganda. Por ejemplo, no me gusta visitar el Museo del Apartheid porque presenta una visión falseada de los problemas raciales contemporáneos”. Paramoer se refería específicamente a la colección de fotos que enmarcan el corredor de salida del desgarrador museo dedicado a la historia del racismo y de la lucha contra éste en Sudáfrica.

En efecto, las últimas fotografías tienen un tono radicalmente diferente a las que ocupan el resto del museo. Si antes se veían tanques antimotines y policías armados dispersando marchas pacíficas, las imágenes de la última muestra parecen un fotoestudio de Bennetton. El título de la muestra es, precisamente, “La nación del arco iris”. Entre una y otra colección fotográfica, a manera de transición en esta historia, se hallan los héroes nacionales: Walter Sisulu, Desmond Tutu, Oliver Tambo y, por supuesto, Nelson Mandela.

Pocos hablan en contra de estas figuras nacionales, pero muchos sí critican al Congreso Nacional Africano (ANC, por su sigla en inglés), el partido que lideró la lucha anti-Apartheid, y el que desde 1994, cuando se realizaron las primeras elecciones libres en Sudáfrica, ha mantenido una mayoría abrumadora en todos los niveles del gobierno. Últimamente hasta los mismos próceres hacen públicos sus reproches al ANC: “Nuestro país, que tiene tanto potencial, va a retroceder y hundirse por culpa de la corrupción, que en algunos casos es bastante evidente”, dijo el arzobispo Desmond Tutu en marzo, durante su Sermón Ecuménico anual en Cape Town.

Ocasionalmente también se presentan episodios mórbidos que realzan las tensiones entre los grupos raciales. En 2008, al dueño de una finca que cuatro años atrás arrojó a uno de sus empleados a los leones, recibió libertad condicional porque no se pudo comprobar que el trabajador había muerto a manos de los animales y no a causa de una dura golpiza que le fue propinada antes por sus empleadores. La Federación de Sindicatos de Trabajadores de Sudáfrica dijo en un comunicado: “Es claro que quienes son blancos y son ricos seguirán siendo tratados de forma diferente a los pobres”.

Por otro lado, hace poco menos de dos meses comenzó el juicio contra los asesinos de Eugène Terr´Blanche, el fundador del grupo de extrema derecha Movimiento de Resistencia Afrikáner (AWB, por su sigla en afrikáner), que se opuso violentamente al desmantelamiento del Apartheid. Terr´Blanche volvió a fundar el extinto grupo en el año 2008, pero hace un año fue asesinado por dos de sus trabajadores negros, supuestamente luego de una discusión salarial.

A pesar de las sombras en el panorama, el fin evidentemente transformó al país. Hay una nueva clase media compuesta por la población negra que ha recibido una educación sólida y que está lejos de condenar tanto los resultados que se alcanzaron hace veinte años, como la nueva constitución que nació de ellos. Hubo una transformación radical en la clase dirigente que se ha traducido en libertades civiles y políticas para grupos poblacionales que estuvieron oprimidos, y la comunidad internacional le volvió a abrir las puertas a un país que había sacrificado su respetabilidad para conservar el Apartheid.

En Sudáfrica la generación de la lucha contra éste está dando paso a una generación de la lucha contra la desigualdad y el racismo, y su reto es aprovechar un PIB de US$266.800 millones y un crecimiento promedio anual de 4% para cumplir muchas de las promesas que se hicieron hace veinte años. La eliminación de las barreras psicológicas entre los grupos raciales, que también es un proceso que no ha concluido, tendrá que pasar antes por aceptar que con o sin Apartheid el tema racial sigue vivo y candente en la sociedad sudafricana, y que el desmantelamiento de una política estatal de segregación no implica por sí sola el fin de otros conflictos psicológicos y cotidianos.

Cronología: Cuarenta y tres años de segregación racial

1913

Un año después de la creación del partido Congreso Nacional Africano (ANC), con el objetivo de ampliar los derechos de la comunidad negra, entró en vigor el Land Act. Medida que estableció que sólo ciertas tierras podrían ser adquiridas por los negros.

1948

Con la llegada al poder del Partido Nacional, una colectividad creada en 1914 por la comunidad afrikáner de origen germánico, se institucionalizó oficialmente el régimen de segregación a los negros, conocido como ‘Apartheid’.

1950

Tras dos años de implementado el ‘Apartheid’, la población fue clasificada por raza y el Partido Comunista fue prohibido. Como consecuencia, el ANC emprendió campañas de desobediencia civil lideradas por Nelson Mandela.

1964

Nelson Mandela fue sentenciado a cadena perpetua por ser el líder del brazo armado de la ANC, que luego de la declaración de Sudáfrica como república, en 1961, emprendió una campaña de sabotaje en contra del gobierno nacionalista.

1985

Los duros choques entre comunidades, producto del reasentamiento forzoso de 3 millones de negros en los ‘homelands’ y de la institución del idioma africáans como lengua oficial, llevó a la ONU a imponerle al país un embargo a la venta de armas y luego sanciones económicas.

1991

La presión internacional impulsó al gobierno sudafricano a tomar medidas. Primero creó el Parlamento tricameral con presencia de la población mestiza e india, luego liberó a Mandela y, finalmente, con la llegada al poder de Frederik Willem de Klerk se abolió la ley de clasificación de la población, con lo que se firmó el comienzo del fin del ‘Apartheid’.

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