Arrancándole jóvenes a la guerra

El proyecto 'Mambrú no va a la guerra' busca apoyar a los jóvenes de barrios populares de Medellín pertenecientes a agrupaciones de hip hip y rap. La idea es evitar que se vinculen a bandas delincuenciales.

Un manto de violencia que entre enero de 2009 y febrero de 2011 dejó, según un estudio realizado por el Instituto Popular de Capacitación, 1.982 víctimas fatales en Medellín. Lo peor es que los jóvenes han caído en manos de grupos al margen de la ley enfrentados por hacerse al control territorial que les permita dominar el mercado del microtráfico y la economía ilegal. Entre enero y febrero de 2009 este segmento de la población vio sacrificados a nueve menores de edad, mientras que en ese mismo período de 2011 la cifra aumentó a 52.

Estos altos índices de criminalidad encendieron las alarmas entre las autoridades locales, que comenzaron a diseñar una estrategia para arrebatarles militantes a los grupos ilegales y evitar que un nuevo contingente de adolescentes ingresen a sus filas y se vinculen al conflicto.

Para alcanzar este ambicioso objetivo de carácter social, fue creado el programa estatal denominado ‘Mambrú no va a la guerra’, que usará como fórmula para difundir su mensaje a la juventud el mismo idioma usado por sus destinatarios. Jorge Gaviria, consultor de la iniciativa, explica que se trata de que los raperos sean los nuevos “comunicadores de los mensajes en los barrios, para que les lleguen a los jóvenes con su propio estilo, con su mismo lenguaje”.

La Comuna Uno sirvió como piloto de la iniciativa debido a que en esta zona, una de las más violentas en otra época, aún persisten grupos que siembran el terror dentro de las comunidades. “Ya se había hecho un diagnóstico y encontramos cosas como que la comunidad no es consciente del tema y en otros casos hay familias que legitiman el accionar de los grupos armados”, dice Gaviria.

Esa responsabilidad será del grupo La Raza, conformado por cuatro muchachos del barrio Popular Uno, quienes desde hace tres años decidieron juntarse para cantarle a la vida y esquivar la guerra. Con ese propósito visitarán los colegios, contarán a los niños y jóvenes su experiencia y les enseñarán que sí hay alternativas diferentes a las armas.

La Raza se impuso a 20 grupos que presentaron sus propuestas en una audición celebrada en la Biblioteca España del barrio Santo Domingo, zona nororiental de la ciudad. El encuentro fue liderado por Banca de Proyectos y el programa Fuerza Joven de la Alcaldía de Medellín.

Uno de los finalistas fue Yuri Alexánder. El día de la audición sus manos estaban heladas y temblorosas, esta vez no por haber participado en un enfrentamiento con un grupo armado como hace algunos años, sino porque estaba a pocos minutos de salir al escenario. Sin embargo, sus ganas de ayudar a otros para que no repitan su historia le dieron fuerzas para hacer pública su interpretación, con la que cumpliría su sueño de convertirse en artista.

Mientras esperaba ser llamado, Yuri, quien durante varios años tuvo a su mando a 30 hombres del bloque central Bolívar, recuerda que aunque estaba en la guerra amaba la música: “Ese era mi refugio, después de los enfrentamientos, después de las atrocidades que cometíamos, yo sólo escuchaba hip hop y rap. La música calmaba mi alma”.

“Yo vivía, prosigue, en Segovia. La primera vez que me contactaron estaba en una discoteca, sabían que mi abuela Jael Cano y su prima María Cano eran las líderes de la Unión Patriótica y que yo había acabado de llegar de prestar servicio. Me dijeron: —Usted es de aquí, conoce la zona, le vamos a pagar $2 millones mensuales, si quiere escuchar más es porque acepta y si no, se va ya”.

“Estando en el bloque recorrí toda Antioquia y Córdoba, conocí lugares que jamás imaginé, dormí en el monte, me eché encima varios muertos, consumí droga y no vi a mi familia durante casi cuatro años. Me movía en camionetas lujosas, andaba armado, tenía mujeres, dinero y poder; yo creía que vivía bien y que eso me daba felicidad. Así pasé varios años, pero estaba equivocado, tenia momentos que lloraba mucho, tanto que un día me quise suicidar”, recuerda el joven.

 “Sería imposible que un niño a ti te mate si cada arma costara lo que cuesta hoy un yate. La juventud canta, no mata, la juventud crea, no destruye, la juventud reclama, no llora”, cantaba Yuri en el escenario mientras el público aplaudía a su agrupación Sentido Social, la cual integra junto a su esposa.

Tras un fuerte aplauso Yuri bajó del escenario, estaba nervioso, pero sabía muy bien cuál era su objetivo: “Lo único que quiero es evitar que los niños se metan a la guerra, que los jóvenes se dejen seducir por el dinero como lo hice yo”. Mientras escuchaba a los demás participantes confesó que la mala relación con su padre fue fundamental para que él se vinculara al paramilitarismo, pues muchas veces vio cómo su madre era golpeada. “Ahora tengo hijos y quiero romper esa cadena. Estoy en sexto semestre de derecho, no quiero que ellos vean en mí a un hombre violento, quiero que tengan un buen futuro”.

La intención es extender el proyecto a toda la ciudad para que menos mambrús empuñen las armas. Por ahora, desde la próxima semana en los colegios y parques de la Comuna Uno, los jóvenes escucharán un mensaje de paz a través de estos estribillos: “Piensa bien qué camino vas a tomar, piénsalo es tu vida y tu libertad, el camino de las armas no te llevará a nada, es un juego absurdo que sólo opaca tu mirada. Vayan corran niños, salgan a jugar, sean libres, pueden reír pueden soñar, vuelen a un nuevo mundo y hagan realidad sus fantasías”.