Arte ilimitado

La academia Arte sin fronteras, un espacio de creación para jóvenes con discapacides cognitivas.

Lorna Boneth dibuja su propio rostro con pinturas de acrílico. Carlos Eduardo Luis Rojas sacude el cuerpo en el salón de baile, siguiendo los pasos de la zamba. Mónica Acero moldea una figura con las manos impregnadas de arcilla. Todos ellos están en la academia Artes sin fronteras, creada seis años atrás por el artista plástico Carlos Guerrero para educar a jóvenes con discapacidades cognitivas (síndrome de down, autismo y retardo mental leve).

“No es una terapia –explica él–, es la posibilidad de que el arte los convierta en iguales. ¿Por qué? Porque en sus actividades diarias (en la forma en que caminan, hablan, se expresan) hay una distancia con lo que  la sociedad considera normal. Pero aquí son iguales cuando exhiben una obra finalizada que sale de ellos, y que la sociedad no va a catalogar como un producto hecho por una persona con discapacidad. La obra dialoga con el espectador de manera directa, sin estimas ni señalamientos”.

Artes sin fronteras fue creada por Guerrero para reivindicar la historia de su hermano Víctor Hugo Guerrero (39 años), quien nació con discapacidad  mental. “Mi hermano terminó la etapa clínica y no tenía nada más que hacer, no existe formación para estas personas. Nosotros creamos un programa que les permitiera recibir un título, con unos resultados de formación artística y humana muy altos”. Las obras de los 65 alumnos, de Lorna Boneth y Mónica Acero, han empezado a ser expuestas en galerías y centros artísticos del país. También en Monterrey, México, de donde acaban de aterrizar. El próximo paraje internacional es Dinamarca.

Lorna

Lorna Boneth (26 años). “Me gusta pintar mis sueños, de allí salen imágenes absurdas, difíciles de entender, y yo las plasmo en mis pinturas e intento explicarlas. ¿Alguna vez usted ha plasmado un sueño?”. Coinciden sus compañeros, su director (Carlos Guerrero), en que Lorna “es la más aterrizada del grupo, un ser humano muy estructurado y consciente al asumir su discapacidad”. La descripción es precisa. Eso es Lorna. “Con la artista que más me identifico es con Frida Kahlo —dice ella—, yo también tengo la tendencia a dibujarme como Frida. La admiro porque a pesar de su dolor siguió adelante”. Resalta Guerrero que la obra de Lorna tiene  un contenido social. “Mientras algunos lo hacen por un gusto estético, ella pinta para confrontarse, para responderse preguntas”.

Víctor
Víctor Hugo Guerrero Pinto (39 años). Es por Víctor que existe Artes sin Fronteras. Es por Víctor, que nació con una limitación cognitiva y que buscó en el arte un refugio y un instrumento para enfrentarse a la sociedad “con otra mirada, con la frente en alto”, dice su hermano Carlos Guerrero, fundador y director de la academia.

Es un líder, un maestro, un consejero. Así lo miran sus compañeros y así se refieren a él. Es también el más respetado por su obra, por sus largos años de experiencia. “Es pintor por esencia —dice Guerrero—. Para él, el color y el realismo son muy importantes. Víctor es además el generador del programa y también un líder con la capacidad de asumirse como la cabeza del proyecto”. Admira a Picasso, Dalí y Monet. Pinta bodegones, frutas y animales; personas, casi nunca. También toca el tambor.

“La academia es un espacio para trabajar, pero también para estar con la familia, los chicos son mi familia. Cuando llegan con un problema, cuando algo les entristece, los escucho”.

Mónica
Mónica Acero Yate (19 años). “¿Usted ya vio la obra que llevé a México. Está allí. Mire: se trata de unos guerreros que están en unos caballos, peleando por conquistar un país. Es en acrílico. ¿De dónde saqué la idea? De mi imaginación”. Mónica está en tercer semestre: 18 meses entregada en cuerpo y alma a la pintura y a la cerámica. Aunque si tuviera que elegir no lo dudaría: “La pintura, me gustaría seguir con la pintura”. Y seguiría pintando animales, como los caballos de su cuadro que viajó a México, como ‘La gata presa’ de Omar Rayo que ella tanto admira. “Definitivamente él es el autor que más me gusta, por sus fórmulas geométricas y abstractas. Él tiene un cuadro de una gata hecho en rayas, y los colores que utiliza son: negro, blanco, rojo y... ¿amarillo? Ah bueno, también me gustan sus laberintos”.

Así habla de Mónica Guerrero el director de la escuela: “Ha hecho un trabajo en cerámica muy destacado que le ha ayudado mucho en la motricidad. Le encanta también la parte tridimensional”.

Carlos

Carlos Eduardo Luis Rojas (23 años). “Una palabra que me describa ¿sólo una? ‘Bailar’ ”. “Parece un trompo”, “es como una licuadora”, dicen sus compañeras y se ríen, y él no se intimida, reconoce que sí, que lo que más ama en la vida es el baile, la zamba, la cumbia, la salsa. “Es muy interesante el trabajo que Carlos hace en las clases de danza, lo que logra con su cuerpo —cuenta el director de la academia—. Es un líder por naturaleza, tiene una fuerza interna que le permite brillar en escena”.

También pinta. “El trabajo mío que estuvo en México es una pintura surrealista: un gato comiéndose un pájaro. ¿En qué esta hecho? En tinta china y cartulina durex”, dice, y luego cuenta que esa pintura, y todas las suyas, están influenciadas de alguna manera por los dos artistas que él más admira: “Botero, ¿ha visto sus bodegones?, y Frida. Ella tuvo un accidente muy grave, dibujaba rostros, se dibujada a ella misma, pintaba lo que sentía”. Carlos habla y sus compañeros lo escuchan concentrados, en silencio. A veces le corrigen alguna palabra mal pronunciada. Y él sigue hablando, y hablando.

Gisel

Gisel Estefanía Lora (22 años). “Mi pintor favorito, mi pintor favorito es… Fernando Botero. Sí. Es él. Me gustan sus obras, los colores que utiliza. ¿Usted ha visto los cuadros de él? Están en Medellín. Me gusta pintar figuras de Botero y de otros pintores colombianos con acrílico y acuarela. Es muy relajante”.

Gisel llegó en 2009 a la academia. Es tímida, pero habla con fluidez y total seguridad de su trabajo, de su obra, de sus planes para el futuro: “Cuando termine aquí quiero entrar a una academia de baile. Yo bailo muy bien. Bailo excelente, ¿cierto muchachos?”.

Cuenta Carlos Guerrero, director de la academia, que Gisel encontró en el color un elemento fundamental para sus creaciones. “Inicialmente se enfocaba más hacia el dibujo a blanco y negro. El color fue una experiencia nueva para ella, está descubriendo cómo manejarlo, la manera de hacerlo una herramienta de comunicación”.

Ana

Ana María Navarro Sánchez (23 años). “La técnica que utilizo para mis dibujos es la que nos enseñó el profesor Juan Manrique: la tinta china. Me gustan mucho los autorretratos. ¿Sabe qué dice mi mamá? Que lo que más bonito me quedan son los ojos, y los detalles de la cara. También la he pintado a ella, a mi familia, y a mi perrito Mateo”. Su artista favorito: Vincent van Gogh. Aclara que si bien la pintura es lo más importante para ella ahora, también hace cerámica y objetos en madera, toca la flauta y el piano, sabe la técnica del estampado. ¿Qué más hace Ana? “Lo que más destacamos nosotros es su trabajo digital —dice su maestro Carlos Guerrero—. Es impresionante cómo se ha apropiado de herramientas como Photoshop, Corel y Flash. En el tema de animación es increíble. Lo hace con mucha naturalidad”.

 

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