Así fue la toma al Palacio de Justicia

Militares, familiares de desaparecidos, la justicia, el Estado y el M-19 cuentan su versión en el trabajo periodístico. Su autor cree que el país no está preparado para comprender el Holocausto.

¿Por qué se interesa por los acontecimientos de la historia reciente de Colombia?

Porque es hora de que los jóvenes sepan qué fue lo que ocurrió en el país hace sólo unas décadas, en los 80 y 90, y el documental es una buena manera para llegar a esta audiencia, que más adelante puede acercarse a esta historia para analizarla.

Después de 25 años de la Toma al Palacio de Justicia han aparecido varios relatos de lo ocurrido, ¿qué tiene para contar este documental?

Es un viaje a través de los años después de ocurrida la toma. Un viaje que busca responder si Colombia está preparada para empezar a entender y a encontrar la verdad de lo ocurrido el 6 y 7 de noviembre de 1985.

¿Cómo no tomar una posición en este tema controversial?

Como realizadores sí tenemos una posición, pero al enfrentarse a un evento tan complicado lo importante es dejar que los protagonistas del hecho, en este caso los militares, las familias de los desaparecidos, la justicia, el Estado y el M-19, cuenten su propia verdad.

¿Qué fuente quiso contactar y no le fue posible?

El expresidente Belisario Betancur se negó a atendernos. Creo que él no ha dado nunca una entrevista sobre la Toma al Palacio, pero pudimos acceder a su testimonio por el material de archivo que la Comisión de la Verdad nos confió.

¿Y para usted quién debe pagar por la toma al Palacio?

La justicia es la que debe tomar esa decisión, en este caso hay muchos culpables y cada uno tiene sus propias verdades.

¿Y Colombia está lista para entender lo que pasó en el Palacio de Justicia?

No está lista hoy, hasta ahora está empezando a entender lo que ocurrió, pero creo que nos hace falta madurar un poco más como sociedad para comprender los hechos.

¿Cuánto se demora la producción de cada uno de sus documentales?

Entre un año y un año y medio.

Desde 2007 trabaja con History Channel, ¿qué tanta libertad tiene para defender su estilo como documentalista?

Mucha, el canal es muy condescendiente con sus productores independientes. Nos ayuda a mantener la neutralidad en los contenidos, revisan el  material antes de que salga al aire, pero confían en sus productores porque somos nosotros como latinoamericanos los que vivimos de cerca estas historias.

Cuando realizó la biografía de Álvaro Uribe, ¿se encontró con algún dato que le llamara la atención?

Más que encontrar un dato fue un reto lanzarse a contar su historia como persona y no como político, eso fue lo interesante, conocer su intimidad.

¿Y el expresidente no le aplicó su estrategia de… “siguiente pregunta”?

No, creo que porque fuimos claros desde el principio con el propósito del documental.

¿En algún momento su seguridad ha estado en riesgo?

Sí, no en estos documentales pero sí en uno que realizamos sobre paramilitarismo para la BBC de Londres.

¿Cuál es la entrevista más difícil a la que se ha enfrentado?

He tenido la oportunidad de entrevistar a varios líderes políticos, pero creo que una de las entrevistas más difíciles fue a un papá de un secuestrado y ver cómo el padre se culpa por el secuestro de su hijo cuándo no debería.

Tres líderes colombianos han sido registrados a fondo por usted, cómo describiría a Gaitán.

Un soñador.

A Galán.

Un arriesgado.

A Uribe.

Un genio para la política.

¿Qué identifica sus a producciones?

No solamente desarrollamos bien los temas desde la investigación sino que también los hacemos  entretenidos para que el espectador lo vea hasta el final.

¿Qué le dejó como profesional narrar la historia del secuestro en Colombia?

Fue una historia muy difícil con una gran carga emotiva, un año largo donde acompañamos a las familias de los secuestrados y sentimos el dolor que ellos llevan por no saber qué pasa con sus seres queridos. Tuvimos en algún momento que parar grabaciones porque el tema era muy fuerte que la mayoría de las personas no la tiene presente.