Así vivieron los trabajadores de Campo Rubiales los disturbios de este martes

Un ingeniero cuenta los angustiosos momentos que vivió durante los disturbios.

Un ingeniero eléctrico residente en uno de los campamentos en los que se presentaron alteraciones al orden público esta semana en Campo Rubiales, Meta, cuenta en primera persona los angustiosos momentos que vivieron los trabajadores que no estaban implicados en los disturbios de los últimos días:

“El lunes cuando nos deponíamos a salir a trabajar nos enteramos de que la vía que va a la obra estaba bloqueada por unas 800 personas. Todo mundo estaba en sus campamentos, en sus habitaciones, esperando alguna solución. Cómo no hubo ninguna respuesta de Ecopetrol ni de Pacific Rubiales a una demanda de mejoras laborales que se venían presentado, se tomaron el campamento de Consorcio Oriente y todos los campamentos alrededor de la obra; pero su objetivo era entrar a la obra de ODL, a la estación de bombeo de Rubiales.

El martes hacia las 5 de la mañana dieron el golpe fuerte a la obra. Llegaron con retroexcavadoras y volquetas, rompieron un cerramiento perimetral que tiene la obra y entraron.

Se tomaron por la fuerza la estación y por donde pasaban arrasaban con todo. Destruyeron el área de descargadero donde llegan todas las tractomulas con nafta (la nafta es una fracción ligera del petróleo natural. Sus variedades se usan como materia prima en la petroleoquímica, y algunas como disolventes.) Pasaron al cuarto de energía del descargadero. Destruyeron tableros, salas de cámaras, cuartos donde se hacían charlas de inducción para el personal nuevo. Destruyeron la garita de la entrada y todo por donde iban pasando. Entraron a las áreas de oficinas y destruyeron y saquearon todo a su paso.

Mientras un grupo destruía otro se metió a los contenedores, robaron alimentos amedrantaron a los trabajadores. Todo era un caos. Tiraban bombas molotov. El Esmad llegó para tratar de controlar la situación, pero no daba abasto. Es más, cuando los manifestantes vieron al Esmad se pusieron más rebeldes y empezaron a tirar piedras, mientras el Esmad lanzaba gases lacrimógenos.

Los de la protesta les quitaron las llaves a los conductores de las camionetas. Las tomaron, se las llevaron a la obra y allí las incineraron. El caos era impresionante. Decían que iban a destruir los campamentos de todos los consorcios que no se unieran a ellos.

Nosotros no sabíamos qué hacer. Había mucha violencia. No había control. Decidimos sacar nuestros equipajes y salir. Nos dimos cuenta que la gente estaba huyendo por la parte de atrás de todos los contenedores, por trochas. Caminamos más o menos una hora hasta llegar al aeropuerto. Cuando llegamos no había aviones porque no daban abasto. Había personas de todas las compañías huyendo.

En la noche cuando se llegó a un acuerdo y pudimos volver a los campamentos; pero estaban destruidos. Era como si hubiera pasado un huracán. Gracias a Dios pude salir a descanso, porque allí la única opción era huir, sino le podían quemar a uno todas sus pertenencias o matarlo”.

Para este ingeniero, toda esta situación se habría podido evitar

“Lo que pide la gente de la región no es algo inalcanzable. Las compañías no se fijan en que un trabajador, por muy obrero que sea, siente. No les brindan las condiciones óptimas (un buen salario, un buen dormitorio con una buena cama, una buena dotación).

Uno está lejos de su familia, lejos de todo. Lo único que uno hace allá es comer, dormir y trabajar. No hay algo que lo motive a uno sino trabajar 21 días descansar 7, y ver a su familia de nuevo. Pero con qué ganas trabaja el personal si a veces duran 30 o 40 días doblados, con los mismos días de descanso. Y si reclaman les pasan la carta.

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