Atrápame si puedes

La historia de cómo el GPS de un celular robado delató la posición de los ladrones, que no fueron capturados, a pesar de que se dio aviso a la Policía.

Ricardo Gómez es una de las más de un millón de personas que cada año sufren al menos un robo de celular en Bogotá. En su caso, la modalidad fue la de raponeo, con la consecuente huída en moto de los ladrones. Sin embargo, Gómez es de los pocos ciudadanos (un puñado quizá) que sabe con exactitud qué ruta tomaron sus asaltantes y en qué lugar de la ciudad fue a parar su teléfono después de ser robado.

Luego de que su iPhone 4 le fuera arrancado de las manos en la calle 90 con carrera 13, Gómez subió corriendo a su oficina para verificar la ubicación de su equipo a través del servicio gratuito de localización de Google, Google Latitude, que actualiza la posición del dispositivo cada dos minutos, máximo.

Con esta información, Gómez llamó a la línea 123 para intentar recuperar su celular. Después de dos llamadas, una patrulla por fin llegó a su oficina, media hora después. Gómez le explicó al agente que se hizo presente que los ladrones iban a la altura de la carrera 68 dirigiéndose hacia el sur. El patrullero organizó un bloqueo en la intersección de esta vía con la calle 13, pero los asaltantes se percataron y tomaron un desvío (ver mapa). El uniformado argumentó que era requerido en otro lugar y le dijo que lo llamaría si sabía algo más antes de abandonar la oficina.

Unos minutos después, aún con el corazón latiendo fuerte, Gómez llamó a la línea 122 de la Policía y, en vez de obtener ayuda, recibió, en tono de burla, frases como “¿usted qué tipo de aparato tiene para saber esa información? Eso no es posible”. El agente que contestó la llamada le indicó que lo que tenía que hacer era ir hasta la supuesta ubicación de los ladrones y, al identificarlos, ahí sí llamar a las autoridades.

Aún sin rendirse, más de dos horas después del robo, Gómez llamó al CAI más cercano a la ubicación de los ladrones para pedir ayuda. Un agente le informó, con desdén, que inmediatamente enviaba una patrulla al lugar. “¿Cómo, no me va a pedir la descripción de los ladrones y de la moto en la que iban?”, le replicó Gómez. “Ah, sí. Perdón. ¿Cómo iban vestidos?”, respondió el patrullero que atendió el teléfono. Pasados unos minutos, el mismo agente informó que habían pasado por el lugar y no habían visto a nadie y que no podían hacer nada más. Eran casi las 11:00 p.m. del viernes 15 de abril.

Las cifras indican que el año pasado fueron hurtados tres millones de celulares en el país, 1’200.000 en la capital. Más de la mitad del hurto a personas (que representa el 64% de los delitos en la ciudad) son de teléfonos móviles, según estadísticas de la Cámara de Comercio, entidad que en el pasado ha señalado que la mayoría de menores que ingresan al sistema penal acusatorio lo hacen por robo de estos equipos.

Pero no son sólo robos, cosa ya de por sí preocupante. En Colombia, en Bogotá, es posible morir por un equipo que puede llegar a costar $0. Tan sólo hace un par de semanas, Kevin Dubán Velasco recibió siete puñaladas por negarse a entregar su teléfono. 

Ante este panorama, las autoridades nacionales y distritales, vienen repitiendo desde el año pasado que se van a tomar medidas para atajar este delito. Los anuncios más recientes, de principios de este mes, incluyen el posible cambio de tipificación de esta conducta: de delito menor a hurto calificado, con penas más severas. También se ha hablado de reportar a las compañías de otros países, como Ecuador, los teléfonos robados para impedir que sean comercializados en el exterior. El año pasado la Policía capturó a 2.100 personas por hurto de celulares.

Con el pasar de los días, Gómez se acercó a una Estación de Policía para poner el denuncio por robo. Allá le informaron que se reportaba como pérdida, no como hurto porque para hacerlo de esta forma habría que contar con la cédula del asaltante. Llenó los papeles requeridos y, una vez más, volvió a entregar la ubicación final de su teléfono. “Creo que los debieron botar a la caneca, como lo hicieron con todos los datos que les di para encontrar no sólo mi teléfono, sino de pronto dar con una banda dedicada a eso. Igual, ¿quién sabe si sigan ahí?”.

Por su parte, un portavoz de la Policía le dijo a este diario que lamentaba el hecho y explicó que el 60% de las personas que trabajan en las líneas de respuesta son civiles y que, infortunadamente, a veces no le dan la importancia que merecen los hechos. Informaron que están dispuestos a hacerle seguimiento al caso para tratar de resolverlo.

 

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