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hace 2 horas

Beatificación exprés

En un periodo de 6 años, la Iglesia Católica avaló el segundo de tres pasos para que Juan Pablo II sea considerado un Santo.

“Santo ya, Santo ya” coreaban las más de 300.000 personas que colmaron la plaza San Marcos el 2 de abril de 2005 para darle el último adiós al Papa Juan Pablo II ‘El Magno’. Aquel hombre canoso, arrugado y de ojos achinados nacido en mayo de 1920 en Wadowice (Polonia) que con humildad, trabajo y dedicación se ganó el respeto y la admiración de todo el mundo, independientemente de la religión.
 
Hoy, seis años y 27 días después de ése episodio, esa voluntad popular está más cerca de hacerse realidad. El próximo domingo la Santa Sede declarará a Juan Pablo II beato, con lo que se cumple el segundo de tres pasos en el camino de la santidad y lo convierte en el proceso más rápido en la historia del catolicismo, superando por dos semanas el de la Madre Teresa de Calcuta.
 
Para el secretario de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Juan Vicente Córdoba, la razón de la celeridad del proceso se debe principalmente a que “la presencia de Juan Pablo II en el mundo fue tan impactante, influyente y carismática que adelantar la causa de beatificación iba a ser muy bien acogida”. Así las cosas, el Papa Benedicto XVI decidió hacer una excepción a la regla que exige que para abrir la causa, y en consecuencia reconocer la “fama de santidad”, tienen que pasar cinco años después de la muerte del candidato.
 
Tan solo tres meses después, el obispo polaco, monseñor Slawomir Oder, oficializó la postulación en una ceremonia realizada en la basílica romana de San Juan de Letrán, la catedral de Roma. Con esa primera etapa cumplida, comenzó el proceso para ser proclamado Siervo de Dios.
 
Con ese objetivo, el esfuerzo se centró en comprobar ante la Congregación para las Causas de los Santos, más conocida en Roma como la "fábrica de santos", las virtudes heroicas del candidato reflejadas en su fidelidad a las doctrinas de la iglesia y su gran actividad por el bien de la iglesia, entre otras bondades. Luego de estudiar toda la documentación presentada, entre discursos y publicaciones, y tras analizar las críticas por haber supuestamente “encubierto” al fundador de los Legionarios de Cristo, el cura pederasta mexicano, Marcial Maciel, el 17 de noviembre de 2009 los cardenales y obispos de esa congregación aprobaron las “virtudes heroicas del Siervo de Dios Juan Pablo II”. Un mes más tarde, el 19 de diciembre, Benedicto XVI lo proclamó “venerable”, tras aprobar el decreto que las reconocía.
 
Al poco tiempo comenzó el camino hacia la beatificación, por medio de la cual la iglesia católica reconoce que una persona puede llegar a tener un culto en la región donde vivió y trabajó. Para poder cumplir esta etapa, el postulador debe demostrar la existencia de un milagro, para lo que se tienen que llevar a cabo largos exámenes científicos elaborados por médicos y especialistas de distintas creencias. “Aunque en este caso se presentaron 251 supuestos milagros sólo se necesitó probar uno. Fue el de la monja francesa Marie Simon Pierre, de 51 años, que se curó del mal de Parkinson después de pedirle a Juan Pablo II que la liberara de la enfermedad”, recuerda monseñor Córdoba.
 
El 14 de enero pasado, Benedicto XVI aprobó el milagro y pactó para el día internacional del trabajo la fecha en que Juan Pablo II sería beatificado. A dos días de celebrarse la ceremonia, se estima que un millón de personas volverán a la Plaza San Marcos a corear “Santo ya, Santo ya”, a la espera de que se le compruebe la ejecución de otro milagro para así poder llevar a cabo la tan anhelada canonización.

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