Bendito tú ayer, bendito tú ahora

Con Fruko y sus Tesos logró sus primeros éxitos. Después con su propia orquesta, La Verdad, se convirtió en uno de los exponentes más importantes del sonido tradicional del Caribe colombiano.

Joe Arroyo alcanzó lo que pocos han logrado y fue hacer de su música un arte atemporal. Más que el sabor con el que enfrentó cada tema, mucho más allá de su carácter revolucionario para impulsar el crecimiento de las manifestaciones sonoras de la Costa Caribe, consiguió que sus canciones sonaran actuales, nuevas, como recién creadas, cuando ya habían protagonizado la rumba de varias generaciones. Su modelo de composición siempre fue un enigma y resultaba más sorprendente cuando él, sin mucho misterio, confesaba que elaboraba sus creaciones a partir de los sonidos que lograba producir con su boca. Esa información se las transmitía a sus arreglistas, músicos o amigos, que podían transcribir al lenguaje de las partituras sus dictados y de esa manera su saber se fue divulgando.

Conjugó como pocos el golpe con el contenido y por eso hasta sus temas más fiesteros tenían un aire social importante. Su infancia en los barrios marginales de Cartagena, el convertirse en eje fundamental de su familia debido a la ausencia temprana de su padre y las carencias durante sus primeros años, marcaron el rumbo de lo que el Joe Arroyo quiso comunicar. Un toque de rebeldía, una buena dosis de interés comunitario y mucha de la sapiencia de los juglares de antaño hicieron que su música fuera distinta, especial.

“Yo tengo que dar las gracias porque Colombia ha impulsado mucho la música caribeña y viniendo de esa región me siento muy honrado. A la gente le gusta mucho el sonido nuestro y eso es muy legal. Me parece que el hecho de que los aires caribeños sean bailables ha influido en que toda Colombia haya pensado que se trata de un estilo de corte nacional”, dijo en 2009, cuando su nombre encabezaba la lista de homenajeados por aportes a la cultura colombiana.

No fue coincidencia que una de las primeras agrupaciones que lo acogieron como vocalista cuando ya tenía una experiencia importante de cantar frente al espejo y de repasar en los rincones de su casa los versos popularizados por Raphael y otras figuras de la música romántica, se llamara La Protesta. Hasta entonces eso era lo único que tenía por decir el mulato de la voz afinada. Esa actividad solitaria de recordar las estrofas más importantes de las baladas en castellano, así como el hecho de integrar varios coros de iglesia, hicieron que Joe Arroyo comenzara a explorar sus habilidades de interpretación.

Su paso por La Protesta, por Los Caporales del Magdalena y por otros colectivos de reconocimiento local, solamente abonó el terreno para lo que sería su gran aparición en la industria discográfica en Colombia. De la mano del compositor y multiinstrumentista Julio Ernesto Estrada (Fruko) y con el respaldo de Antonio Fuentes (fundador de Discos Fuentes), este artista comenzó a recorrer el sendero de la fama. De ese tiempo datan algunos de sus éxitos, como también su grito más popular, una suerte de relincho, un sello, de expresión ‘ese soy yo’, con el que Joe Arroyo trató de hacer más musical la solicitud casi perentoria de su director cuando exclamó: ‘anima’.

“Fue un alumno de lujo, tal vez el mejor de todos”, dijo hace poco Fruko. Y no sólo fue aventajado, también emprendedor y revolucionario al fundar su propia orquesta, La Verdad, sin copiar el sonido de su alma máter. Mezclas entre estilos diversos como la cumbia, el fandango, el chandé, el son montuno, la esencia africana, las manifestaciones palenqueras y los aires tropicales caracterizaron la propuesta de un nuevo sonido llamado joesón.

“La experiencia te va diciendo lo que debes hacer en la música. Ese tiempo en el que la gente aceptaba ese tipo de iniciativas extrañas como lo que se conoció como el joesón era muy bueno y con los años aprendí a identificar el gusto del público”, aseguró el artista caribeño durante un encuentro con jóvenes promesas del folclor a quienes, según sus propias palabras, “les hago entrega de la antorcha olímpica”.

La entregó, claro, en la cima, en un excelente momento para las nuevas músicas colombianas, en el que europeos, norteamericanos y latinos están en el proceso de investigación de este fenómeno actual que tanto eco ha tenido y en el que personajes como Joe Arroyo tienen todo que ver. No se casó con ninguna fórmula para sonar en radio ni se consagró con lo establecido. “Dejó ser la música”, así, fácil, sabrosa, fluida, sin maquillajes, champetúa o sinfónica, cómo él, genuina y atemporal.

REACCIONES

Chelito de Castro
Pianista


“Recuerdo esa época tan bonita cuando yo era apenas un muchacho que despuntaba en la música y el Joe me dio la confianza de opinar en sus temas. Todo eso se tradujo en éxitos que hoy recuerdo con mucha nostalgia por su ausencia”.

Julio E. Estrada ‘Fruko’
Músico


“Partió el amigo, el cantante, la estrella de la música colombiana, no tenemos más lágrimas para superar este momento”.

Diomedes Díaz
Cantante


“Se nos fue un gran músico, un gran héroe, un amigo. Hay que recordarlo con su música. Más que amigo era como hermano”.

Juan Manuel Santos
Presidente


“Lamento la muerte de Joe Arroyo, una gran pérdida para la música y para Colombia. Toda mi solidaridad con su familia y seres queridos”.

Mariana Garcés Córdoba
Ministra de Cultura


“Joe Arroyo y su música son exponentes de la riqueza y potencia de nuestra cultura y llenan de orgullo al sector cultural en Colombia. Su música y su voz permanecerán por siempre en la memoria de los colombianos”.

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