Beuys y sus transgresiones dibujadas

El Deutsche Bank trae parte de la colección del artista alemán de la posguerra y de siete de sus alumnos que propagaron sus ideas sobre cómo enseñar el arte.

El artista Joseph  Beuys  (1921-1986) llegó envuelto en fieltro a Estados Unidos, en tiempos de la guerra de Vietnam, y se aseguró de que la piel no le permitiera nunca tocar piso norteamericano. Envuelto llegó, envuelto se devolvió a Alemania.

Convivió luego en un cuarto cerrado con un coyote durante cuatro días. Joseph Beuys le explicó públicamente su obra a una liebre muerta que cargó entre sus brazos. Se atrevió a  pedirle a la Escuela de Düsseldorf que eliminara los complicados procesos de admisión, porque “todos los seres humanos son artistas”, porque “todo ser humano es un ser libre, llamado a participar en la transformación y la reorganización de las condiciones, el pensamiento y las estructuras que dan forma e informan nuestras vidas”, y dijo que ser maestro había sido su gran obra de arte. Una muestra del trabajo del artista del que Andy Warhol hizo retratos, del que rompió las barreras entre el arte y la vida, ha llegado a la Casa Republicana de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en Bogotá.

Lo primero que se ve en la exposición ‘El más allá de Joseph Beuys’, que fue inaugurada esta semana, es un retrato del artista alemán con su tradicional sombrero de fieltro, fumando un cigarrillo, mientras la cara de Blinky Palermo, uno de sus alumnos, se deja entrever a sus espaldas. La imagen anticipa al visitante dos elementos que se desplegarán a lo largo de todo el blanco salón.  Primero, Beuys y su sombrero, esa infaltable prenda que protegía su cabeza, que mantenía oculto y resguardaba ese lugar de donde emanan todas las ideas, y  parte del cuerpo que constantemente será celebrada por el artista en sus obras. Ya sea porque en cuatro fotografías suyas  que pone junto a la actriz Greta Garbo en un cuadro de gran formato que pertenece a las ‘Series Greta Garbo’, 1964, decide  mutilarse el cráneo, o porque en uno de sus tradicionales performances la cubre de miel y de polvillo de oro mostrando una cabeza iluminada, incendiada por las ideas vivientes.

Luego del sombrero está la presencia de Blinky Palermo, y esa presencia temprana delata el espíritu mismo de la muestra -que hace parte de la colección del Deutsche Bank – y que intenta develar las ideas transgresoras que el artista de la posguerra implementó en su Universidad Libre Internacional, y que revolcaron las formas como se concebía la enseñanza del arte.

“Beuys  se convirtió en profesor en los años 70, cuando, junto al premio Nobel de Literatura Heinrich Böll, empezó su propia academia. Ahí implementó todas esas ideas que se derivaron de su experiencia en  la guerra, cuando siendo piloto fue derribado y tras sufrir heridas, fue envuelto en pieles y  en grasa animal por un grupo de tártaros nómadas que lo curaron.  Esa historia que no se sabe si es mito o verdad significó una cambio radical en él, una epifanía  que le ayudó a desarrollar sus teorías  de cómo se transforma el individuo y cómo el individuo puede cambiar la sociedad”, explica la curadora alemana  Liz Christensen.

Luego, junto al retrato,  sobre la pared, se impone un gran mural de dibujos y manchones, líneas que conectan explicaciones de la economía y el arte y que luego, transformadas en flechas, dirigen la mirada del espectador  hacia un dibujo. La pieza hace parte de una lección dictada por Joseph Beuys en Mineápolis, Minnesota.  Sus ideas parecen emerger de la maraña: el conocimiento debe usar el dibujo como un método de hacer visible lo que está en la cabeza y el artista debe estar alerta, comprometerse con lo que lo circunda. “Beuys vio el arte casi como una medicina social. Con una mirada casi utópica, el artista creía que el arte podía transformar el mundo, por eso no veía diferencias entre el arte, la naturaleza, la sociedad, la vida”, explica la curadora.  En palabras de Beuys, este cuadro hecho de bocetos, esta plataforma visual de ideas sonaría así: “Siempre he tratado de mostrar cómo el arte es vida. Sólo desde el arte es posible dar forma a un nuevo concepto de economía en términos de necesidades humanas y no en el sentido de uso y consumo, político y de propiedad, sino en todo caso, como de producción de bienes espirituales”.

En todo el centro de la sala se pondrán otros trabajos de Beuys. El registro fotográfico de su performance ‘Titus/Ifigenia’, realizado en Francfort, en 1969, en el que el artista comparte una vez más el escenario con un animal vivo, en esta ocasión es un caballo blanco que al tener una plataforma metálica sobre sus pies parece magnificar sus pisadas. Beuys  por momentos se arropa con una piel, -elemento que junto a la grasa atravesará toda su obra-, y otras  veces hace sonar unos platillos. Están también algunos bocetos en donde se pueden intuir la figura de un pato, o en donde una plaqueta metálica con caracteres orientales hace una reflexión sobre la división de las culturas en una pieza bautizada ‘Euroasia’.

Pero como si desde ese centro, en donde se recorre al artista,  emanaran todas sus ideas, aparecen en  las paredes periféricas los trabajos de siete de sus primeros alumnos: Lothar Baumgarten, Jörg Immendorff, Imi Knoebel, Blinky Palermo, Norbert Tadeusz, Katharina Sieverding y Norbert Tadeusz. Jóvenes estudiantes que en su momento sobrellevaron los dolores de la posguerra, los desengaños de la política a través del arte y que fueron alentados en una relación más de compañía que de vigilancia por Beuys. Estudiantes que le oyeron decir al maestro: “Mi lucha política no empieza con la transformación o la reestructuración en el ámbito de la economía, sino que parte de mi posición en el sistema educativo. Por este motivo siempre he dicho que la única fuerza revolucionaria es la creatividad humana, y he planteado la tesis (que en un principio suena un poco absurda) de que la única fuerza revolucionaria es el arte”.

Beuys en diálogo con el arte colombiano

La muestra Más allá, de Joseph Beuys, ha sido realizada por el Deutsche Bank en otros países latinoamericanos, y como parte del proyecto ha querido siempre desarrollar un apéndice local mostrando, en diálogo con la obra de Beuys, la obra de algún artista local que además se haya desempeñado como maestro. María Wills y Silvia Cruz se contemplaron maestros como Carlos Rojas o Rodha, pero el espíritu mismo de la banca privada ponía como condición que fuera un artista contemporáneo.

Después de un arduo trabajo de investigación, eligieron al artista Danilo Dueñas (foto) y a algunos de sus alumnos para que en el segundo piso de la Casa Republicana acompañen y generen un activo diálogo con las obras expuestas del alemán. “En este grupo se puede percibir ese espíritu combativo de Beuys que de alguna forma proclamaba que el arte tenía que trascender lo formal y ocuparse de temas más políticos y ampliar los márgenes de lo creativo”, explica Wills.