Bilardo: "No hay códigos, ni en el fútbol ni en la vida"

El coordinador de la Federación Argentina habló desde Buenos Aires, en la Copa América.

Carlos Salvador Bilardo  jugó de medio en el San Lorenzo y en el Club Deportivo Español (club argentino), y vivió sus mejores años entre 1965 y 1970 en el histórico Estudiantes de La Plata, dirigido por Osvaldo Zubeldía, que ganó el Metropolitano, tres Copas Libertadores y la Intercontinental. Como segundo del mítico entrenador argentino, comenzó una larga carrera como técnico, en la que alcanzó la gloria con el Mundial que ganó Argentina en 1986 de la mano de Maradona. Al lado del 10, vivió también los temblores del pasado Mundial de Sudáfrica. Trabajador incansable, Bilardo es desde 2008 el coordinador técnico de la Federación Argentina. A los 72 años, niega que en su ideario todo fuera válido para ganar.

¿Cómo cambió su visión del fútbol en su carrera?

Cambió el fútbol, no la visión, pero lo vives distinto porque lo piensas distinto. Ni siquiera piensa igual un futbolista de ahora que uno de antes. Salvo en la plata. En eso siempre pensaron, los de antes y los de ahora.

¿Siguen vigentes en el fútbol actual los códigos que aprendió como jugador?

No, ahora ya no hay códigos en nada, ni en el fútbol ni en la vida. Antes usted daba la mano y decía: ‘Te vendo el apartamento: trato hecho’. Eso bastaba. Ahora tienes que ir con un abogado y ni siquiera el documento sirve.

¿Reconoce a los futbolistas de ahora en aquellos con los que usted compartió vestuario?

Lo que menos ha cambiado es el jugador, pero el fútbol es distinto. La mentalidad del jugador cambió menos que la táctica, y la táctica cambió poco. Hay diez tácticas entre 1900 y 1986. Pero la táctica es sólo elegir cómo dispones a los jugadores, y al final siempre dependes de ellos. Eso es como los caballos. Tú sabes que hay caballos que arrastran de un carro para que les den de comer. A los de carreras les miman, les cuidan, los limpian y les dan de comer dos veces al día. Esto es lo mismo: hay chicos que juegan en la calle y estos que tenemos aquí, que son la élite. Ganas la carrera si tienes al bueno. Dependes del jugador. Cuanto más técnico sea, cuanta más calidad tenga... Yo siempre supe que al jugador le ayudas, pero es él quien gana. El entrenador tiene su importancia o no ganaría lo que gana. ¿Y sabe por qué?

¿Por qué?

Porque el técnico decide por todos. Y para saber si un técnico es bueno, hay que ver qué jugadores adquirió, a quién dejó ir, cómo salió en los campeonatos... Ahí sabes si es bueno o no.

¿Usted fue mejor futbolista o mejor entrenador?

Como jugador tuve suerte, pero hice muchos sacrificios: jugaba al fútbol y estudiaba medicina. Yo jugué en un equipo que ganó tres Copas de América, una Intercontinental contra el Manchester y otras de acá. Y lo hice estudiando y terminé la carrera. Era mucho más divertido ser jugador, porque pensabas por uno. Siendo director técnico piensas por 40. Es otro compromiso.

Messi, como persona, ¿le recuerda a algún futbolista que haya conocido?

No, es un tipo calladito, es muy especial. Yo creo que Messi no se ha dado cuenta de lo que es, de lo que representa. Vamos a Japón, a Sudáfrica, a Catar y es ¡Messi, Messi, Messi! Pero es un chico muy modesto, tranquilo,  bueno, de familia. Por eso los compañeros le quieren tanto, porque él no se siente más que nadie. Por eso, cuando mete un gol, siempre le abrazan todos.

En eso, ¿es comparable a lo que fue Maradona?

No, es más. Por la televisión. A Messi le han visto jugar en todos sitios. A Maradona, no. Por ejemplo, en la época de Di Stéfano no lo veíamos ni aquí.

¿Don Alfredo fue el mejor?

De lo que yo vi, sin duda. En el 59 con San Lorenzo, jugué contra él, con el Madrid, en la cancha de River. Bueno, yo le vi desde el banco. No me lo podía creer. Nunca vi nada igual. La agarraba en un arco, la metía en el otro. Corría, corría y jugaba bien. Dejaba la sangre. Él lo dijo: ‘El jugador debe dejar la sangre en el campo’. Y él lo hacía. Luego vinieron Pelé, Maradona, Cruyff, que rompió todos los moldes. Ahora es Messi. Pero no lo digo yo, ni los periodistas... no, lo dicen los jugadores.

¿Por qué en Argentina se cuestiona tanto a Messi?

Porque es el mejor y todo el mundo habla del mejor.

Hay quien da por seguro que a Messi ya le hubieran lesionado en aquel fútbol que no se veía por la tele. ¿Es así?

No. A Messi le pegan, pero no dice nada, se levanta y la pide otra vez. Antes no había cámaras, luego hubo dos. Ahora hay 40. Pero las patadas a ‘Lio’ se las dan igual.

Aquel Independiente suyo tenía fama de ser muy duro...

No, eso fue una mala fama, porque no convenía que ganáramos. Éramos intrusos. El fútbol era de Boca y de River, y llegamos nosotros y no nos querían porque no éramos negocio. En ‘El Gráfico’ no salíamos en la tapa nunca. ¿No vio usted lo que pasó esta vez? River se fue a la B y Vélez salió campeón. ¿De quién hablan? De River. Nosotros lo entendíamos, pero no que se nos criticara por meter goles de laboratorio: sacábamos al primer palo, la peinábamos al segundo, remate y gol. No sirve, decían. Estudiábamos a los rivales. En el Manchester-Benfica, en el 65, cuando salió campeón el Manchester, con Nobby Stiles, Best, Charlton... grabamos el partido en un aparato de aquellos con dos cintas redondas. Ahora eso lo hace todo el mundo, pero en aquella época estaba mal visto.

¿Quién ha sido el mejor entrenador que ha visto?

El mejor sigue siendo Zubeldía. Y lleva 20 años muerto. Lo pensaba todo: el tiro libre corto, la jugada de laboratorio, si había que marcar hombre a hombre, en zona; si era necesario jugar desde atrás... Siempre encontraba la manera de ganar el partido, siempre. Eso de un jugador defensivo en el primer palo lo invento él.

¿Qué importa más, jugar bien o ganar?

Una cosa lleva a la otra. Si juegas bien, ganas. Pero hay muchas maneras de jugar bien... Zubeldía las conocía todas. Es como Cruyff. Marcó un antes y un después, pero en el fondo puso a Guardiola en medio y le rodeó de Begiristain, de Koeman, de Bakero... jugadores fantásticos. Y ahora Guardiola, que hace jugar muy bien, tiene a los mejores: Piqué, que es fantástico, Xavi, Iniesta... Al final, los mejores siempre ganan si les das un orden.

¿Qué recuerda del Sevilla?

Trabajé a gusto. En la temporada anterior se salvaron del descenso. Miré los datos y la primera vuelta había sido  buena y la segunda, mala. ¿Sabe por qué? En la segunda parte en Sevilla hay cuatro fiestas: la semana santa, la fiesta de abril, la otra y la otra. Yo a los jugadores les dije: ‘No hay fiesta, se acabó’. Perdimos la clasificación para la Copa Europea el último día en el último minuto. A mí me entendieron bien en Sevilla. Pero había una cosa que me molestaba: los jugadores siempre tenían prisa para irse al vestuario tras el entrenamiento. Había uno que era un avión. Un día pité el final de la práctica y salió como siempre. Fui a los vestuarios, dejé que se bañara y, cuando estaba sequito, le dije: ‘Vístete que nos volvemos al campo’. Le hice patear al arco desde la raya de área chica. Me entendió. A partir de ese día, cuando yo decía se terminó, él iba despacito, caminando.