Cárceles militares

LA PRINCIPAL CÁRCEL DE LAS FF.MM., el Centro de Reclusión Militar de Tolemaida, cayó en vergüenza cuando El Espectador hizo públicos a mediados de este enero los privilegios de los que gozaban Juan Carlos Rodríguez, alias Zeus, jefe de seguridad del narcotraficante Don Diego, y César Maldonado, partícipe del atentado contra el congresista Wilson Borja. Investigaciones subsiguientes de la revista Semana han evidenciado que tales excesos, al parecer, no eran aislados.

Según lo encontrado, varios otros oficiales, suboficiales y soldados condenados, al igual que aquellos que aguardan condena, han contado también con injustificables concesiones que llegaron incluso al punto de permitir que algunos de los reos vacacionaran en las playas de Cartagena. Desorden, por donde se mire, indignante, pues se trata no sólo de una perfecta burla al castigo de quienes masacraron, torturaron y secuestraron, sino de quienes además lo hicieron con las armas del Estado.

Por este último motivo, precisamente, el crimen de un civil no es equiparable al de un miembro de las FF. MM.: a uno se le confía la defensa de la nación, al otro no. De aquí que para faltas iguales, el castigo para el primero sea, en general, mayor. Un régimen más estricto, al tiempo que unas condiciones diferenciadas, es la justificación tanto de la justicia penal militar, como de las cárceles militares. En la práctica, sin embargo, y contrario a la experiencia internacional, la investigación, las condenas y los centros de reclusión para militares en Colombia son más laxos que para los civiles, o así por lo menos lo han dejado creer los múltiples escándalos que se han llevado la atención nacional. El último, antes de Tolemaida, fue el del general Plazas Vega, quien por privilegios desconocidos terminó recluido en la Escuela de Caballería. Con respecto a la justicia, la lista es larga y consiste principalmente en crímenes de lesa humanidad que se hacen pasar por extralimitaciones en el servicio.

La continuidad de los escándalos ha generado, como era de esperarse, una desconfianza en varios de los sectores de la población y el de Tolemaida, en particular, ha resultado en la sugerencia de suprimir las cárceles militares. La solución, sin embargo, no puede ser —como es común que se crea en el país— la de eliminar lo que no funciona. Hay una razón de ser tanto para la justicia penal militar, como para los centros de reclusión militares, la tarea es limitarlos y hacer que, de hecho, funcionen. Lo que, entre otras cosas, no se traduce en medidas inmediatistas —y algo populistas— como la de trasladar a todos los miembros de la Fuerza Pública que están bajo custodia a la nueva cárcel de Guaduas, Cundinamarca, sugerida por el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras. Este centro penitenciario fue construido para aliviar el problemático hacinamiento de las cárceles del país y se necesita urgentemente para esto. Además, los escándalos por parapolíticos recluidos han dejado claro que al Inpec también se le filtran los privilegios.

Tampoco es la solución una comisión de verificación como lo sugirió el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, no sólo porque el país ha perdido la fe en estas comisiones, sino porque el problema no es el de unas cuantas manzanas podridas concentradas en Tolemaida. El panorama es más complejo: militares de altos rangos que sistemáticamente han intercedido por sus colegas involucrados, bien por favores personales, o bien para que no se conozcan todos los demás crímenes de la guerra. Este es un punto delicado y difícil de abordar, pero por lo menos en lo que respecta al sistema carcelario la solución no es demasiado compleja: se trata sólo de detener a los militares sindicados y condenados, por separado, en una cárcel militar, por fuera de los fuertes, para que pueda ser susceptible de continua vigilancia de los entes de control “sin arriesgar la soberanía nacional”. En este caso, si algo sale mal, la responsabilidad es de la Procuraduría y Fiscalía, que se espera estén prontas a actuar.

 

Temas relacionados
últimas noticias

Anticonceptivos al alcance de todos

Las personas trans no son enfermas mentales

No nos quedemos en un homenaje a Paola Melissa

Es un imperativo moral aprobar la JEP

Vuelve la selección que nos une