"Cada libro es como una semilla en el vientre": Isabel Allende

La escritora chilena habla de su obra, sus lectores, su conexión con Colombia y hasta de su tío Salvador Allende.

Es la escritora más leída del mundo en español. Se dio a conocer en 1982 con la novela La casa de los espíritus, tan bien recibida por la crítica literaria que la convirtió en un fenómeno global de ventas y en éxito en Hollywood en su versión cinematográfica. A Colombia vino por primera vez en abril de 1983. Sus seis obras autobiográficas y 13 novelas están entre las más leídas, la última de ellas El cuaderno de Maya, la historia de una inestable joven norteamericana en busca de sus raíces chilenas, fue la más vendida del sello Random House Mondadori en la Feria del Libro de Bogotá.

Por sus cualidades como “narradora mágica” y su talento para “hechizar” al público, este año le concedieron en Dinamarca el Premio Hans Christian Andersen, el llamado “Nobel de la literatura juvenil”. En octubre recibirá en España el Premio Ciudad de Alcalá de las Letras y será homenajeada en el Instituto Cervantes. Si uno vuelve sobre La casa de los espíritus (1982), inspirada en la muerte de su abuelo y en su abuela clarividente, o lee La isla bajo el mar (2009), la historia de la esclava Zarité en el siglo XVIII, encuentra una autora que domina a plenitud la técnica de novelar, con sólida construcción de tramas y personajes, fortalecidas por el rigor investigativo y la disciplina que heredó del periodismo.

Isabel Allende habló con El Espectador desde su casa en San Rafael, California, donde acostumbra hablar de literatura con amigos como los actores Meryl Streep y Jeremy Irons, desde donde coordina su mundo editorial con la representante española Carmen Balcells, que también maneja a García Márquez y Vargas Llosa. Allí donde sus asistentes no paran de recibir mensajes de lectores de los cinco continentes aplaudiendo sus ficciones o conmoviéndose con su emblemática Paula (1994), sobre la muerte de su hija, donde creó la Paula Scholarships Fund y la Isabel Allende Foundation, para otorgar becas estudiantiles y financiar programas a favor de mujeres de bajos recursos económicos.

¿Qué significa haber vendido más de 50 millones de libros y ser traducida a 27 idiomas?

Me siento muy honrada por la lealtad de mis lectores, pero la verdad es que el éxito de ventas o la celebridad ocurren en un círculo externo que no afecta mi trabajo, mi familia o mi estilo de vida. Cualquiera que me conozca te dirá que soy la misma de siempre, lo único que ha cambiado es que dispongo de más recursos para mi fundación y para ayudar a mi familia y que defiendo con más firmeza mi privacidad, porque sin silencio, soledad y tiempo no puedo escribir.

¿Qué idiomas y países la han sorprendido?

Tengo ediciones de mis libros en idiomas muy raros, a menudo ni siquiera puedo leer el título porque está en árabe, cirílico o chino. También hay ediciones piratas en países que no se adhieren a los tratados internacionales. Mi hijo compró una copia de La casa de los espíritus en un almacén de Vietnam, donde estaba entre verduras y juguetes de plástico.

¿Cómo maneja eso de vender mucho y que a la vez no riña con la calidad literaria?

Soy muy disciplinada para escribir: empiezo siempre en enero, después de haber liberado mi agenda para disponer de varios meses de soledad; escribo entre ocho y diez horas diarias, seis días a la semana, investigo, corrijo, reviso la traducción al inglés, etc. Además hago entrevistas y viajes de promoción. No podría hacer nada de esto sin ayuda: cuento con Willie, mi marido, que corre con contratos, dinero, impuestos y todos los asuntos legales, con mi nuera, Lori Barra, que maneja mi Fundación, y con Juliette Ambatzidis, mi asistente, que en verdad maneja mi vida. Estas tres personas me protegen del mundo y me defienden del acoso de los lectores, estudiantes, periodistas y curiosos que, con la mejor intención, me suelen invadir.

¿Qué opina de que la comparen con Paulo Coelho?

Me halaga que me comparen con uno de los autores más populares del mundo, que tiene seguidores fanáticos, pero nuestros libros no se parecen en nada.

¿Cuál es su escritora preferida?

No tengo autores de cabecera. Leo mucho y en forma desordenada. Cuando estoy escribiendo debo leer sobre el tema de la novela, que estoy investigando, pero cuando estoy libre leo ficción. Viajo con un iPad donde llevo por lo menos 20 títulos, porque leo con voracidad y rápido.

¿Cuánto la ha influido Gabriela Mistral, quien también recibió el Premio Nacional de Literatura que le concedieron a usted el año pasado en Chile?

Desgraciadamente, la Mistral ha figurado poco en mi vida. Hice casi toda la escolaridad fuera de Chile, porque mi padrastro era diplomático y me tocó viajar mucho. No tuve oportunidad de conocer a la poetisa a través de mis maestros, como habría sido lo normal. Más tarde en la vida he leído su obra, pero creo que tuvo menos influencia en mí que Pablo Neruda, un poeta cuya obra viajaba con mi familia de país en país.

¿Qué le significó el premio Hans Christian Andersen?

Fue un premio inesperado, que el jurado me otorgó por unanimidad. Es un tremendo honor. Durante 200 años los niños en todas partes han crecido con los cuentos de Andersen, que han sido traducidos a cuanto idioma existe. ¡Me alegra mucho ir colgada de su chaqueta volando por el mundo!

Sucede en la distinción a la británica J.K. Rowling, la autora de la saga Harry Potter.

¡Me encanta Harry Potter! He leído los libros y visto las películas de la mano con mis nietos. Y, por supuesto, siento profunda admiración por la autora, que ha sido capaz de crear un universo completo, hasta el último detalle, y cautivar a los niños del mundo entero. Rowling logró que los niños leyeran con gusto, incluso aquellos que jamás habían tomado un libro en las manos.

¿Se vale aún del realismo mágico?

No creo que el realismo mágico de los años 70 y 80 siga usándose, los autores jóvenes lo aborrecen, pero vivimos rodeados de misterios que la literatura no puede ignorar. El estilo ha cambiado, ya no están vigentes las exageraciones que antes nos fascinaban, pero siguen existiendo coincidencias, premoniciones, sueños, profecías, supersticiones, la fuerza tremenda de la naturaleza y de las pasiones humanas, las locuras de la historia.

¿El llamado realismo posboom está presente en obras como ‘El cuaderno de Maya’ y esa evocación de Chile, pero desde la mirada de una joven californiana asediada por la vida y las drogas?

No puedo clasificar mi trabajo, no soy crítica ni experta en literatura. Escribo lo mejor que puedo, con mucho cuidado. Cada historia tiene sus propias exigencias, su manera de ser contada. El tono de El cuaderno de Maya, que es contemporánea, con una protagonista de 19 años, de Berkeley, no puede ser el mismo de La isla bajo el mar, que sucede en Haití, hace 200 años, con una esclava africana por protagonista.

Desde ‘La casa de los espíritus’ a hoy, ¿en qué ha cambiado su estilo y técnica para narrar?

Han pasado 30 años desde que escribí mi primer libro, el mundo ha cambiado y también mi estilo. Casi nadie escribe ahora con el barroquismo de entonces. Además, yo vivo en California, en inglés, y creo que eso ha influido mucho en mi forma de pensar, de expresarme y de escribir. Mis frases son más cortas, uso menos adjetivos, soy más directa. Respecto a “técnica”, sólo puedo repetir lo que dije antes: cada libro es distinto y no hay fórmulas para esto.

¿Cómo describe en su madurez literaria esa difícil mezcla de talento y disciplina?

En los años que llevo escribiendo he aprendido a no repetir los mismos errores, pero cometo otros nuevos; tengo una sorprendente capacidad para equivocarme. No confío en “el talento” que se me atribuye, porque la musa literaria es caprichosa y a cada rato me traiciona, prefiero confiar en la constancia y la paciencia: presentarme diariamente frente a mi computadora y crear, palabra a palabra, el espacio necesario para que los personajes hablen y actúen por sí mismos.

¿Cómo lee hoy una obra como ‘Paula’, el homenaje a su hija?

No vuelvo a leer mis libros. Pongo mucho corazón en escribirlos, pero cuando los termino no vuelvo a pensar en ellos. La única excepción es Paula, porque todos los días me llega algún mensaje, de alguna parte remota del mundo, de alguien que la ha leído y siente la necesidad de comunicarse conmigo. La voz de mi hija me llega en esos mensajes y me acompaña siempre.

¿Por qué historias como ‘Ciudad de las bestias’, han calado especialmente entre jóvenes?

Nadie sabe por qué un libro cala en los lectores; si hubiera una receta o una fórmula, todos la usaríamos. El éxito es una combinación de suerte y oportunidad, a veces un libro cala porque se publica en el momento en que el mundo estaba esperándolo, como sucedió con la trilogía de Stieg Larsson. En mi caso, creo que tal vez los jóvenes latinoamericanos se interesaron en una novela que sucede en su propio continente, en el Amazonas, y luego leyeron El Reino del Dragón de Oro y El bosque de los pigmeos porque ya conocían a los personajes.

Acercar a la juventud a la historia, a la memoria, en libros como ‘Mi país inventado’ y ‘La suma de los días’, ¿es una tarea que ha ido consolidando o es un accidente del proceso creativo?

No he tenido nunca un “plan” para mi trabajo, no pienso en términos de una carrera literaria y no tengo ambiciones más allá de terminar lo mejor posible el libro en proceso. Tampoco me propongo dar mensajes o enseñar lecciones. Cada libro es como una semilla en el vientre, que empieza a crecer hasta molestarme, entonces sé que ha llegado el momento de escribirlo. No hay un propósito concreto en mi labor, sólo contar.

Es creciente su público en la llamada literatura femenina.

Es cierto que mis lectores son mayoritariamente mujeres (calculo que el 60%) aunque entre los jóvenes hay casi igual número de hombres que mujeres, en parte porque algunos de mis libros son lectura obligada o recomendada en escuelas y universidades. No me gusta ponerle adjetivo a la literatura, porque la disminuye. Cuando se habla de literatura a secas, se asume que el autor es hombre y blanco. Al decir literatura femenina, juvenil, urbana o cualquier otro adjetivo, de inmediato se asume que tiene otro nivel, por lo general más bajo.

¿Qué escritor ha sido su mayor influencia y por qué?

He leído con dedicación a todos los grandes autores del boom de la literatura latinoamericana, que por desgracia eran todos hombres. Sin duda fueron una gran influencia en mí. También ha habido otras influencias, otros autores, también películas, viajes, etc.

¿Qué libros está leyendo por estos días y cuáles recomienda?

Un par de novelas en inglés y acabo de terminar el libro de Mario Vargas Llosa, El sueño del Celta. Recomiendo la última novela de Antonio Skármeta, Los días del Arcoíris, y Conquistadora, de Esmeralda Santiago.

¿Qué recuerda de Colombia?

He estado en Colombia un par de veces, pero sólo en Bogotá. Fui por primera vez alrededor de l985 para la promoción de La casa de los espíritus. Me habían prevenido mucho contra los asaltos y los robos, que en esa época parece que eran frecuentes, por eso, cuando fui a visitar el Museo del Oro me puse el dinero dentro de las botas, por precaución. Salí del Museo apurada por encontrar un taxi y a la media cuadra un hombre me detuvo cogiéndome bruscamente por un brazo. Alcancé a pasar susto... “¡Señora! ¡Se le están cayendo los billetes!”, me dijo, señalando el pavimento, donde había un reguero de dólares que con el roce de las medias se habían escapado de las botas. El buen hombre iba detrás de mí recogiéndolos.

¿Tiene amigos colombianos?

Desgraciadamente no tengo amigos en Colombia.

¿Qué mirada hace sobre la literatura colombiana?

Es terrible, lo sé, pero cuando se habla de literatura colombiana la figura de García Márquez ocupa el firmamento y le hace sombra a los otros, aunque la lista de grandes escritores colombianos es muy larga y empieza hace más de cuatro siglos.

¿Y sobre la norteamericana?

Hay una librería cerca de mi casa, Book Passage, que es como una extensión de mi oficina, allí recibo periodistas, investigo, me junto con amigos, y allí me seleccionan novelas incluso antes de que sean publicadas, así es que nunca me faltan buenos libros en inglés. Los autores que me gustan son muchos, sería tedioso nombrarlos y se me olvidarían varios.

¿De qué le sirvió el periodismo y cómo “lo dejó a tiempo”, como recomendaba Hemingway?

No dejé el periodismo por gusto ni por decisión propia, sino porque a raíz del golpe militar de 1973 me fui de Chile. En Venezuela, donde viví 13 años, no pude ganarme la vida como periodista. El periodismo me dio las herramientas más útiles para la literatura, me enseñó a manejar el lenguaje, a atrapar la atención del lector, a escribir con disciplina, cumplir los plazos de entrega, investigar y, de ser necesario, escribir en condiciones adversas.

¿Conoció a su tío Salvador Allende? ¿Cómo la impactó?

Lo conocí mucho, especialmente durante los tres años de su gobierno, porque nombró a mi padrastro embajador en Argentina, un puesto muy difícil en ese momento. Mi padrastro iba a Chile cada dos meses a informar directamente al presidente, y en esas ocasiones se juntaba la familia. La última vez que vi a Salvador Allende fue nueve días antes del golpe militar, cuando la crisis en el país era insostenible y ya estaba en el aire la posibilidad de un golpe. “Las Fuerzas Armadas de este país son leales a la Constitución, jamás se alzarían contra un gobierno legalmente elegido”, dijo Allende en ese almuerzo.

¿Cómo define a Pinochet en la historia chilena y en sus textos?

Pinochet, como personaje, figura poco en mis libros, pero el efecto del golpe militar ha sido un tema recurrente para mí, porque me cambió la vida y cambió al país, fueron 17 años de dictadura, con su secuela de tortura, asesinatos y millares de exiliados. No conocí a Pinochet y no podría definirlo objetivamente.

¿Qué sabe del diario El Espectador y qué opina de que sea el promotor de una colección especial de sus libros?

Es el periódico más importante de Colombia y se conoce en el extranjero, cualquiera puede leerlo en internet. Es un privilegio enorme para mí que el diario promocione mis libros, eso me garantiza muchos lectores. ¿Cómo no he de estar contenta y agradecida?

Exclusivo de Colecciones El Espectador

Con sólo llamar a reservar, en Bogotá al teléfono 4055540 o a la línea nacional gratuita 018000 510903, los lectores de Colecciones El Espectador pueden hacerse a una edición especial de la Biblioteca Isabel Allende, exclusiva para Colombia. Se trata de un set de nueve libros, en estuche de lujo, incluido su libro inédito en el país Los amantes del Guggenheim. Los otros títulos de la promoción son: La casa de los espíritus, De amor y de sombra, Hija de la fortuna, Retrato en sepia, Inés del alma mía, Paula, La suma de los días y El plan infinito. Todas estas obras por sólo $99 mil (el precio comercial es de $260.000). Sólo hay 1.500 paquetes disponibles a través de preventa telefónica hasta agotar existencias o como fecha límite el 31 de agosto. La entrega es a domicilio.

Cartas de colombianos, europeos y australianos a la autora

A través de los años pasan por nuestras manos muchos libros; la mayoría un entretenimiento temporal y pocos son los que dejan huella. Su libro ‘Paula’ pertenece a este segundo grupo. Soy colombiana y vivo en Israel; si alguna vez está por estas tierras y puedo ser de algún servicio será un honor.

Cordialmente,

CELIA MCHONILS

25 Ben Josef St. Ap. 57

Tel-Aviv, Israel

Cualquier madre que lea su historia comprenderá el dolor que sufrió al perder a su hija. ¡Los hijos no deberían morir antes que nosotros! Es tan difícil de entender. Sin embargo, al mismo tiempo, Paula le legó una gran alegría. Debió ser una persona maravillosa. Quiero agradecerle con todo el corazón que haya compartido su vida más íntima de una forma tan generosa. Me encantan todos sus libros, pero éste es muy especial. Con cariño,

ANNE ALDERSON

31 Lyndhurst Road Kalamunda, Australia

Su relato es fantástico: su autobiografía, particularmente el drama de la agonía de su hija, la narración de su vida con sus confesiones y sus debilidades, la situación después del golpe militar en Chile, sus sentimientos propios… Perdóneme si no me expreso bien, pero le admiro mucho y le comprendo perfectamente. Usted es una mujer maravillosa y una escritora grandiosa. ¡Gracias por el favor de su literatura!

DENISE PICHLER-PASQUET Viena, Austria.

 

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