Cae el consumo de pan

Una persona consume 23 kilogramos en promedio al año, pero la cifra está bajando.

Hay quienes dicen que para ser panadero es necesario tener varias cualidades: la disciplina de un atleta que se levanta a las 4:00 a.m., la creatividad de un artista que usa siempre los mismos ingredientes pero obtiene resultados originales y la habilidad de un escultor, con la que se logra convertir una porción de harina en el pan de cada día. Un alimento que, en Colombia, genera algo más de 400.000 empleos, entre los productores de leche, levaduras, molineras y los mismos panaderos. Sin embargo, esta nutrida industria se está viendo afectada por la disminución en el consumo.

Según un estudio realizado por la firma Euromonitor, Colombia se ubica en la quinta posición de consumo en la región. Brasil lidera el mercado con ventas registradas el año pasado por US$20.206 millones, seguido por México con US$10.824 millones, Argentina con US$2.632 millones, Chile con US$1.879 millones y Colombia con US$1.692 millones. Y dice también el documento que los colombianos gastan en promedio 3,21 billones de pesos al año en pan.

Según Rafael España, director de Estudios Económicos de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), en el país el consumo de pan por persona es del orden de los 23 kilogramos al año. Mientras que en otros países como Chile ese consumo llega a 98 y en Argentina a 73, Turquía y Alemania superan los 120. ¿Y cuál es la causa? Dice España que la baja penetración del producto se debe a varios factores, pero el principal problema que enfrenta la industria es la ausencia de panaderos de vanguardia que se aparten de los convencionalismos y empiecen a innovar en los productos.

“Las panaderías de barrio manejan tres o cuatro ideas básicas, como el pan francés, blandito, roscón, calado y si son muy habilidosos, una mogolla integral. Falta mucha creatividad para realizar otros productos con los mismos ingredientes”, asegura España.

Jaime Jiménez Villarraga, director ejecutivo de la Cámara Fedemol de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), asegura que en un reporte elaborado por el sector formal de esta actividad a la Superintendencia de Sociedades se reveló que el año pasado se vendieron 1,02 billones de pesos, lo que significó una reducción del 2,3% respecto a las ventas de 2009.

Y Mauricio Hernández, gerente de la Asociación de Panaderos de Colombia (Panadecol), explica que las cifras se deben a que “existe un arraigo cultural de las raíces indígenas y por eso se tiene más afinidad con los productos derivados del maíz, y también porque las nuevas generaciones se están fijando cada vez más en la tabla nutricional de los productos que consumen, una información que no trae el pan a la hora de venderse en una tienda”.

Sin embargo, el investigador de estudios económicos de Fenalco asegura que la mayoría de las personas desconocen que la harina de trigo procesada en Colombia es enriquecida con vitaminas y minerales como el ácido fólico, la tiamina, el hierro, la niacina, “así que no son sólo hidratos de carbono como la mayoría piensa”, dice.

El tercer factor es la falta de unión y trabajo mancomunado de la cadena productiva. Los tres expertos coinciden en que es imposible estimular el consumo de pan si no se unen los productores de los insumos por un bien común.

La preocupación se hace más fuerte cuando se habla del número de empleados que genera este alimento como producto final. España asegura que teniendo en cuenta que cada establecimiento produce cinco empleos directos, se puede cifrar que de la actividad panadera dependen directamente unas 200.000 personas, y otras 200.000 indirectamente. Y eso sin contar los trabajadores que producen los demás insumos, como importadores de trigo, la industria láctea, los productores de azúcar, el negocio de las levaduras.

Por lo pronto, dicen los representantes gremiales que los panaderos de barrio seguirán dándole la pelea al pan empacado —el que más se vende en las grandes superficies— y que a pesar de ser más industrializado, aún mantiene el segundo lugar después del pan artesanal, que es el que se produce en las tiendas. Así las cosas, dicen los expertos, en Colombia el grueso del consumo lo tiene el pan fresco, con una participación del 80%, mientras que el empacado apenas equivale al 20%.