Cambio de terna: deber del Polo

EL ALCALDE DE BOGOTÁ, SAMUEL Moreno, fue suspendido hace tres semanas por la Procuraduría General. La razón: negligencia.

Algo jurídicamente difícil de mostrar a pesar de tenerse toda una ciudad como prueba. El Ministerio Público tiene entre manos, sin duda, un caso difícil. Y más allá de si la decisión de suspender al burgomaestre respondió, o no, a la voluntad mediática del procurador Ordóñez, tal dictamen marca un precedente importante: no sólo los corruptos salen de sus cargos. La negligencia, en la práctica, es casi tan dañina como la corrupción y, juntas, son tal vez la mayor amenaza de éste y cualquier otro Estado. No obstante, la incompetencia tiene socialmente una censura menor. Por algún motivo se cree que la corrupción es voluntaria, mientras lo segundo es sólo un error. No obstante, la negligencia se trata de una constante falta de esfuerzo y aplicación que permite de manera sistemática omisiones; algo distinto a un mero descuido. Y, en los cargos públicos, resolver incumplir con el deber, implica además decidir perjudicar a la ciudadanía.

El deber, a su vez, es más amplio de lo que recoge la ley. De aquí que al alcalde Moreno se le esté investigando por su omisión en casos concretos y no por ser, en general, negligente. Pero la razón de ser de la regla es frenar la negligencia, no omisiones esporádicas, aunque sea necesario ceñirse a lo que explícitamente se encuentra consignado. Un marco demasiado voluble haría inoficioso cualquier sistema legislativo. Sin embargo, la razón de ser de una ordenanza nunca puede perderse de vista; en últimas, todo mandato está supeditado a su justificación. Y es por ello, más específicamente por mantener el equilibrio de poderes y preservar la elección popular, que el reemplazo del alcalde Moreno tiene que ser del Polo Democrático Alternativo. El presidente de la República, Juan Manuel Santos, debe elegir a algún miembro de este colectivo para realizar el empalme. Que la ministra de Educación, María Fernanda Campo, continúe a la cabeza de la ciudad es, simplemente, antidemocrático.

No obstante, si bien el reemplazo del alcalde Moreno debe venir del grupo político que legítimamente ganó las elecciones —y de ahí la razón de ser de los artículos 53 del Decreto 1421 de 1992 (Estatuto Orgánico de Bogotá) y 106 de la Ley 36 de 1994—, no por eso el reemplazo puede ser cualquiera. El deber no se agota en lo consignado y no va en contra de las instituciones pedirle al Polo Democrático que retire su primera terna y ponga una a la altura de la ciudad. Como ya hemos insistido en este espacio, cumplir con los requisitos legales es insuficiente. Tenemos que dejar de creer que lo que no está escrito no existe. El deber del Polo de cumplirle a la ciudad es real. Como real está siendo su negligencia: primero, no vigiló al alcalde Moreno y a su hermano, el senador Iván Moreno; después, no tomó distancia, y ahora, parece no querer responder. ¿Errores espontáneos o falta de compromiso?

La ternada Mariella Barragán, a quien el Ejecutivo le sugirió inhabilidad e iba a ser revisada por el Consejo de Estado, anunció ya públicamente su retiro. Es la oportunidad para que el Polo aproveche tan responsable gesto y haga que sus dirigentes asuman la tarea de poner de pie a la ciudad que su partido tiene de rodillas. Una obligación que si bien no es legal, sí moral y política. Nada gana el Polo con esconderse bajo la ley e insistir que sus ternados tienen los requisitos. Lo que sucede con Bogotá es, como partido elegido, responsabildad del Polo. ¿Dónde están sus máximas figuras? ¿López, De Roux, Gavira, Robledo? ¿Por qué no aparece ninguno?

 

 

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