Carlos Eduardo Caicedo vivió la cárcel por presión parapolítica

Pagó un elevado precio por no haber permitido que le metieran la mano a los recursos de la institución.

Un fallo del Tribunal Superior de Bogotá le devolvió la libertad a Carlos Eduardo Caicedo, exrector de la Universidad del Magdalena. Durante cuatro años y ocho meses, quien convirtió en modelo de gestión a una de las universidades públicas más saqueadas y al borde de la liquidación del país, vivió un largo período de señalamientos. Ahora le cuenta a El Espectador cómo afrontó esos duros años de atentados, amenazas y cárcel.

¿Cómo recibió el fallo del Tribunal Superior de Bogotá?

No pude más que darle gracias a Dios y pasó por mi mente una ráfaga de los recuerdos más duros y del sufrimiento vivido sabiéndome siempre inocente.

Aparte de librar una dura batalla contra un sector de la dirigencia parapolítica del Magdalena, ¿qué más hizo en estos años?

Leer, estudiar, acompañar a mis hijos y actualizarme con películas y documentos. Alegar, declarar, argumentar, aportar pruebas, defenderme y recibir notificaciones de más de 50 procesos fiscales disciplinarios y penales de los que fui absuelto.

¿Qué tan afectada se vio su reputación?

El peculado es el peor delito del que pueden acusar a un funcionario. A pesar de que la sociedad reconozca los resultados de la buena gestión, ante una acusación como esa se pierden la confianza y la honorabilidad.

¿Cuántos atentados y amenazas sufrieron usted y su familia?

Un ejemplo: durante tres meses seguidos estuvieron haciendo llamadas telefónicas de amenazas. Los jefes paramilitares reconocieron ante Justicia y Paz que estaba en una lista negra por supuestos vínculos con la guerrilla y narraron hasta el día que iban a cumplir su cometido.

¿Se expuso porque sus enemigos querían apoderarse de los recursos de la Universidad del Magdalena?


Siempre existirá confrontación entre el viejo modelo político del enriquecimiento de unos pocos con el presupuesto público y las prácticas administrativas responsables que rinden cuentas.

¿Por qué lo vincularon con la muerte de dos directivos y un estudiante?

Una falsa acusación más, con la insistencia de Trino Luna y de su delegado en el Consejo Superior de la universidad. Ante los fiscales los jefes paramilitares confesaron que eran los autores intelectuales y materiales de estos crímenes.

¿Cómo ve hoy a la Universidad del Magdalena?

Es lamentable. Sé que entre los primeros actos administrativos de la actual rectoría fue duplicar la asignación salarial del rector, no así para el resto de los funcionarios. No se ha avanzado en acreditación de nuevos programas, no se han creado nuevas carreras de pregrado presencial, no se ha aumentado el número de cupos.

¿Qué pasó a su salida?

Quedó encargada la persona más idónea para continuar con el proyecto, Carmen Yadira Romero. Lamentablemente, con su muerte llegó a la rectoría, quien se hizo elegir con la promesa de continuar el proyecto, pero se dedicó a presentar como propios los resultados de mi gestión y desterrarme de la historia de la universidad.

¿Quiere regresar a la universidad o buscar la Alcaldía de Santa Marta?

Ser rector ya no me anima, es un ciclo que abruptamente me hicieron terminar. Para definir una aspiración a la Alcaldía se necesita conocer y contar con el respaldo de mucha gente para contrarrestar la ausencia de maquinaria o recursos.

¿No le teme a una nueva arremetida de los políticos y sus adversarios?


Aprendí que el que hace el mal no descansa. Más que temer, desconfío, pues en la medida en que mis enemigos se sintieron invadidos en su terreno, usaron las más viles armas.

¿Con cuánta deuda quedó y a cuántas personas le debe plata?

Mis deudas están por el orden de los $200 millones, por lo que la venta de mi casa es inevitable. Le debo a bancos, tengo procesos administrativos. Pero son más grandes las deudas de gratitud con los amigos de la universidad que durante el primer año reunieron un aporte mensual, hasta que muchos fueron perseguidos laboralmente por mantener ese respaldo.

¿Qué aprendió de todo esto?

A perseverar, a valorar la verdadera amistad, a dedicar tiempo de calidad a mis hijos y a actualizarme en derecho penal y disciplinario. A no depositar confianza ciega en los hombres sino en Dios, a reconocer mis errores, a sobrellevar las privaciones de las vacas flacas con la dignidad de los tiempos de las vacas gordas.