Carranga al Parque

Lea la frase que sigue de dos formas, primero a manera de pregunta y luego a manera de exclamación: Hay una banda que mezcla el rock y la carranga.

Se cuenta la anécdota de un filólogo inglés del siglo XIX que fue sorprendido por su esposa besando a una de las cocineras de la casa. Al verlo, la esposa exclamó: “¡Estoy absorta!”. A lo que el filólogo respondió con un breve silencio, después del que replicó: “No, no, yo estoy absorto. Tú estás estupefacta”. Como la esposa del filólogo, yo también quedé estupefacto al conocer a esta banda boyacense, artífice de lo imposible: una mezcla entre el rock y la carranga.

Su nombre es Velo de Oza, anagrama y tributo al maestro Jorge Velosa, que ha causado vapuleos en la escena musical colombiana desde 2004. Su lista de apariciones y reconocimientos, si bien hasta ahora locales, bastaría para llenar esta página del diario. Y es que, muy lejos de la risilla inicial que puede evocar la idea de un género carranga-rock, estos muchachos (la banda la integran 6; ninguno supera los 30 años) se han tomado el cuento como una novela: Despacio y firme –título de su segundo demo–, sabiendo que si el camino de la música no es fácil, menos lo será para una apuesta tan innovadora que produce el tradicional miedo a lo desconocido.

En 2007 Velo de Oza se trasladó de la plaza de pueblo al estudio de grabación, y produjo sus primeras canciones, todas covers de reconocidos temas: La china que yo tenía, Julia, Julia, Julia, La cucharita, Las diabluras. Eran el proemio natural al paso más importante de su carrera: el lanzamiento de su primer sencillo en 2009. Se titula To fly y es tan rockero como carranguero: “No se fume todo el pasto/ deje algo pa’l ganado/ to fly, to fly/ to fly, to fly, to fly”. Una canción pegajosa que puede disfrutarse lo mismo con ruana o con chaqueta de cuero, y en la que se expone un mensaje social en contra del consumo de drogas.

A los colombianos los delata su originalidad. Velo de Oza, con un espectáculo musical en el que hallan equilibrio la guitarra eléctrica y el tiple, es un imperdible de la edición de este año del Rock al Parque, festival que se lanza hoy en la Media Torta, en el centro de Bogotá, donde hace 17 años conoció la luz del día y la cómplice oscuridad de la noche.

 

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