Ceilán, el pasado

El corresponsal de 'The New Yorker' analiza el origen de la guerra en el antiguo Ceilán, hoy Sri Lanka, luego de independizarse de los británicos. ¿Por qué los nacionalistas cingaleses declaraban que los "invasores" tamiles ponían en riesgo su vida y su cultura?

En 1914, la hermana menor de Leonard Woolf, Bella Sidney Woolf, publicó una guía ilustrada titulada Cómo visitar Ceilán. Leonard, quien aún no se había casado con la novelista Virginia Stephen, trabajaba en Ceilán como administrador colonial cuando Bella fue a visitarlo, para luego ella misma radicarse allí. Era la era Eduardiana, época de lánguidos viajes en tren y calesa, clubes de croquet y sirvientes que servían el té en las tardes. Woolf escribió: “Un extraño, mirando aquella variopinta muchedumbre que habita las calles de Ceilán, se siente desconcertado y confundido. ¿Cómo ha de distinguir entre todas estas gentes?”. Se aventuró a realizar una breve comparación entre las dos principales etnias: “Debo conceder que el trabajador tamil acata más las normas, es más pacífico que el cingalés. Aparte de la sangre caliente que hace que en cualquier momento brille la hoja de un cuchillo y se presente un asesinato, existe un trasfondo maligno en la vida pueblerina”.

Mientras Ceilán se encontraba bajo el dominio británico, aumentaron las tensiones entre los cingaleses y los tamiles. Los primeros comprendían el 75% de la población, y los segundos sólo el 17%. (También se presentaron problemas con otras etnias, en 1915 un motín cingalés atacó la minoritaria comunidad musulmana). Los cingaleses consideraban que los tamiles habían injustamente recibido beneficios del gobierno colonial; contaban con una proporción considerablemente mayor de trabajos civiles e inscripciones universitarias; y la mayoría de ellos hablaban inglés con fluidez.

En 1948, luego de la independencia de Ceilán, los nacionalistas cingaleses declaraban con insistencia que los tamiles eran “invasores”, cuya presencia amenazaba la misma existencia de la cultura cingalesa. Tradicionalmente los cingaleses vivían al sur, habitando tierras fértiles, colmadas de antiguas plantaciones de arroz. Los tamiles habitaban las tierras áridas del norte, conocidas como el Vanni, y las tierras selváticas del oriente, tierras que sus ancestros habían ocupado hacía dos mil años, durante las guerras de conquista de los reyes hindúes de Tamil Nadu, el estado más meridional de la vecina India.

Los nacionalistas cingaleses dicen poder rastrear sus ancestros hasta las tribus arias del norte de India, aunque no hay evidencia de ello. Aunque era común que se llevaran a cabo matrimonios entre diferentes etnias, especialmente en las castas altas, para principios del siglo XX la política cingalesa se había visto impregnada de teorías racistas, promulgadas en la Europa de ese entonces. Anagarika Dharmapala, líder del movimiento de resurgimiento budista cingalés que comenzó en tiempos de la colonia británica, dijo en un discurso que durante mucho tiempo fue repetido con frecuencia: “Esta vibrante y hermosa isla fue convertida en un paraíso por los cingaleses arios, antes de su destrucción a manos de los vándalos bárbaros… Este antiguo pueblo, histórico y refinado, está en declive, está muriendo debido a un paganismo vicioso y diabólico, introducido por los administradores británicos”.

Claramente los “vándalos” a los que Dharmapala se refería eran los tamiles, y “el paganismo vicioso” su religión hindú. Para cuando se declaró la independencia, las semillas del sectarismo ya se habían enraizado. En 1948, los nacionalistas cingaleses pasaron una legislación que negaba la ciudadanía a cientos de miles de los llamados “indios tamiles”, la mayoría de ellos trabajadores de las plantaciones de té, descendientes de los trabajadores que los británicos habían llevado a la isla.

Luego pasaron una nueva ley donde se cambiaba el lenguaje oficial del inglés al cingalés. Debido a que no podían hablar el idioma, muchos de los tamiles que ocupaban puestos gubernamentales perdieron su trabajo. En los años setenta, se pasó una ley que favorecía el ingreso a la universidad para los estudiantes cingaleses, y poco después la nueva Constitución definió al budismo como religión oficial. Los políticos tamiles organizaron huelgas de desobediencia civil al estilo de Gandhi, pero los jóvenes radicales pedían una lucha armada por la “liberación nacional”. Se formaron grupos paramilitares que luchaban entre sí para definir la manera de establecer un Estado tamil independiente, secular y socialista. Algunos de ellos viajaron a Líbano, donde recibieron entrenamiento por parte de la guerrilla palestina.

En 1975, el alcalde de Jaffna, la cual extraoficialmente era considerada como la capital tamil, fue asesinado cuando llegaba a orar al templo budista. El asesino era Velupillai Prabhakaran, un joven de 20 años, delgado y de ojos saltones que había renunciado a sus estudios para dedicarse de lleno a la lucha por la independencia tamil. Se cuenta que Prabhakaran recortó todas las fotografías familiares en las cuales salía con el fin de evitar ser identificado por la policía. (Su padre, un servidor público, estaba horrorizado por el extremismo demostrado por su hijo, y se mantuvo alejado de él hasta que murió el año pasado, bajo custodia militar).

Cuando se sucedió el asesinato, Prabhakaran formaba parte de un incipiente grupo paramilitar llamado los Nuevos Tigres Tamiles. En el transcurso de un año, montó su propia organización llamada la Ltte Prabhakaran, quien era conocido como Thamby, o pequeño hermano, un hombre de grandes extravagancias: en sus primeros días como líder de los tamiles posó para unas fotografías con un cachorro de leopardo y hablaba con admiración de Napoleón Bonaparte y Alejandro Magno. Sus héroes contemporáneos incluían a Sylvester Stallone y Clint Eastwood, y frecuentemente proyectaba sus películas para deleite de los jóvenes guerreros o “cachorros”, como los llamaba. Pronto los Tigres se convirtieron en el más despiadado de los grupos guerrilleros tamiles, y eventualmente aniquilaron a todos sus rivales.

El 24 de julio de 1983, en una redada con minas anti persona, los Tigres asesinaron a 13 soldados, haciendo que los residentes cingaleses de Colombo se enfrentaran con sus vecinos tamiles. En una orgía de asesinatos que rápidamente se expandió por todo el sur de la isla, murieron más de 3.000 personas, violadas, quemadas, ejecutadas o acuchilladas. Los asesinatos continuaron durante una semana y miles de hogares y negocios tamiles fueron incendiados y saqueados. En una gran parte, las autoridades no se involucraron, incluso en algunos casos cooperaron con los sediciosos.

Esta violencia marcó un hito histórico. Cientos de miles de tamiles que vivían en el sur del país huyeron al norte y al oriente; muchos de ellos ingresaron a los campos de entrenamiento de los Tigres, donde existía un creciente movimiento por un Estado tamil separatista. Otro grupo de refugiados abandonaron el país, y esta diáspora tamil comenzó a apoyar la causa de los Tigres. La importante población tamil de India se mostró indignada, y sus políticos hicieron un llamado a la acción. El gobierno de Indira Gandhi respondió ofreciendo apoyo financiero y entrenamiento militar secreto. La guerra civil en Sri Lanka había comenzado.

Espere mañana la tercera entrega: “Viaje al campamento tigre”.

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