Celebración por aniversario de Mitterrand, ensombrecido con el caso DSK

Triste celebración para el Partido Socialista francés la llegada al poder, hace 30 años, de François Mitterrand, su gestor, su arquitecto , el más visionario, la autoridad, el patriarca.

En sólo una semana, el Partido Socialista francés pasó de la exaltación de los años Mitterrand (mayo de 1981) con exposiciones, conferencias, conciertos, publicaciones dedicadas a honorar la memoria del fallecido Presidente (1), a la necesidad de protegerse ante el oprobio que se desató contra Dominique Strauss-Kahn, hasta hace poco director del Fondo Monetario Internacional, otro de sus más eminentes representantes, el más apto y preparado, el más popular, con un potencial intelectual y político indiscutible, capaz de convertirlo en el candidato del partido en la próxima campaña presidencial. Y seguramente se creía, en el heredero de François Mitterrand en mayo de 2012.

Ese proyecto quedó hecho trizas. El 10 de mayo de 2011 el Partido Socialista francés abrió las puertas de su sede principal de la Rue de Solferino para celebrar la “Era Mitterrand”, pero el 14 tuvo que cerrarlas precipitadamente ante el acoso mediático que desataron las imágenes transmitidas desde Nueva York de “DSK”, el brillante economista y político, jovial, hiperactivo, abierto y seguro de sí mismo, convertido en el lapso de sólo unas horas en un ser avejentado, disminuido, intimidado.

Un hombre con la mente perdida, sosteniéndose penosamente en pie ante una juez, para escuchar su veredicto de detención preventiva en una de las peores cárceles de Estados Unidos. Un procurador americano acababa de imputarle cargos por abusos sexuales cometidos contra una camarera de un hotel en Manhattan.

Desde Paris, los socialistas de Mitterrand observaron con estupor e incredulidad la caída abrupta de un hombre y su partido, un pasaje en tan solo una semana de “la luz a la oscuridad , como bien lo tituló “L’Humanité”, el órgano del Partido Comunista francés en estos turbulentos días para DSK.

François Mitterrand, aunque ya no sea de este mundo y de hecho se haya convertido en un personaje histórico controvertido, sigue siendo el líder de los socialistas. Ningún otro hasta la fecha ha logrado instalarse en el Palacio del Eliseo durante 14 años, tras haber sido reelegido para un segundo periodo consecutivo de siete años, en 1988.

Con Dominique Strauss-Kahn los socialistas creyeron poder repetir la misma historia, conquistar el Palacio del Eliseo, ocupado desde 1995 por presidentes del partido de derecha más importante de Francia, la Unión por un Movimiento Popular (UMP).

Las ligerezas de Strauss-Kahn enterraron la esperanza de los socialistas, convertidos en una especie de hermanos huérfanos desde la muerte de Mitterrand el 8 de enero de 1996. Miterrand fue para ellos el único capaz de canalizar temperamentos, ordenar tropas, modelar los orgullos de los llamados “elefantes socialistas” la élite del partido, el único realmente escuchado cuando daba lecciones de proselitismo político a sus herederos, cuando les enseñaba aquello que se debe hacer y sobre todo lo que se debe evitar, al menos en lugares públicos, cuando se aspira a la Primera Magistratura.

Los medios de comunicación internacionales abundan en comentarios sobre las ligerezas de Dominique Strauss Kahn, como si ligerezas no hubiera tenido también François Mitterrand, en cuyas exequias su esposa y su amante lo lloraron discretamente, ante la prensa del mundo entero. Una doble vida que la justicia americana no le habría tolerado a ninguno de sus presidentes.

Los comportamientos por los que hoy se acusa en Estados Unidos a Dominique Strauss-Kahn, en cambio no fueron tomados en serio en Francia. Hoy algunos lo lamentan. Jean Quatremer por ejemplo, periodista de Liberation quien ya había advertido cuando DSK fue nombrado director del Fondo Monetario Internacional en noviembre de 2007: “EL FMI es una institución internacional en donde las costumbres se acomodan a la mentalidad anglosajona. Un gesto desplazado, una alusión demasiado evidente y ya, ahí mismo está el escándalo”.

En “Sexus Politicus”, un libro que revela las aventuras extraconyugales de los presidentes franceses durante la V Republica (1958), sus autores Christophe Deloire y Christophe Dubois (2) citan anécdotas precisas y su investigación los lleva a concluir que en Francia no es un crimen ser libertino. “Por eso Francia es un paraíso terrenal para los hombres de Estado” sostienen. “Aquí no se tiene la costumbre de dimitir de un cargo por culpa de una aventura”.

Christophe Deloire, quien es director del Instituto de Formación de Periodistas de París, explica que “ mientras que en Estados Unidos o en Gran Bretaña los asuntos del corazón producen escándalo, en Francia se los oculta aunque ocupen el centro de la vida política nacional. Se debe a que vivimos en una especie de ley del silencio y tolerancia pues en materia de comportamientos íntimos la Republica nunca abolió el legado del Antiguo Régimen”.

Los autores de Sexus Politicus no pretenden ahondar en escándalos. La vida privada de los hombres políticos dicen ellos, no es lo que los inspiró a escribir este libro. “Es la relación que se crea entre la política y el sexo. Cuando entrevistamos a los interesados no se les vió molestos cuando les citábamos los rumores que circulaban sobre ellos, y aunque no los afirmaron, tampoco los negaron. Los hombres políticos saben que la colección de amantes ha sido desde hace lustros un atributo del poder, como las favoritas reales lo fueron en Versalles en tiempos de Luis XIV, Luis XV y Luis XVI”.

La mujer, el talón de Aquiles de Dominique Strauss-Kahn no lo fue de François Mitterrand. Cuestión de estilos y de maneras de manejar la imagen pública.

Aunque Casanova no fue un hombre político, “l’affaire DSK” invita a pensar en este veneciano que intentó vivir el siglo XIX con el manierismo del seductor del siglo XVIII. Casanova amó de forma libertina a mujeres de todos los rangos, lejos claro de la prisión de Los Plomos de Venecia, adonde fue encerrado por condenas ligadas a prácticas eróticas en lugares públicos. De ahí se logró escapar y fué justamente en París en donde pudo dar rienda suelta a su estravagancia.

El italiano Roberto Gervasio, reconocido biógrafo de Casanova, sostiene que aunque éste dominaba la técnica libertina, era también un hombre de gran sensibilidad, que dedicaba el tiempo necesario a cada mujer que conquistaba. Casanova era además muy generoso. Colmaba a la mujer de regalos, ramos de flores, joyas, que por supuesto compraba con el dinero de otros… “Lo que Casanova me ha permitido comprender es que para conquistar a una mujer es necesario darle un valor físicamente, y ennoblecerla espirtualmente. Se trata de situarse frente a ella en nivel de igualdad”.

Este párrafo de la biografía sobre Casanova de Roberto Gervasio seguramente si lo leyó el apasionado de literatura que fue François Mitterrand. No el eminente economista que es, y hombre de Estado que pudo llegar a ser Dominique Strauss-Kahn.

A bientôt
MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com París

(1) François Mitterrand. Laurence Pavaux-Drory y Fabien Lecoeuvre. Ediciones Ipanema. Paris, noviembre de 2010. ISBN : 978 -2 -9153974 -4- 4
(2) Sexus politicus- Christophe Deloire y Christophe Dubois. Ediciones Albin Michel. Colección Documentos. Paris, 2006 ISBN : 978 -2- 2900086-5- 2