Celsito… Celso…Celsote

'Al agua manitos, al agua deditos', 'Mmmm… de dulce y de sal' y 'Un, dos, tres... ¡YA!' conforman un tríptico para que los niños se acerquen a la lectura.

Sus ocho hermanos y él se trepaban en la casa que durante meses construyeron  en un árbol. Celsito jugaba con perros, en su finca, al lado del río. Hacía figuritas con arcilla. Sembraba árboles. Retozaba con dinosaurios. Mataba dragones con espadas mágicas. Y quería ser el valiente caballero que encantara a una princesa. Su imaginación era tan pródiga como las quejas que sus profesoras les daban a sus padres.

 Con el tiempo, Celsito mudó en Celso. Estudió veterinaria en la Universidad Nacional. Como era introvertido optó por las letras. Se matriculó en una  facultad hipposa de la época y unos años después se hizo maestro en artes. En esas conoció a Jairo Aníbal, ‘El Niño’, quien por no saber inglés, un día, al lado de  su dálmata ‘Zoro’,  le dio una noticia que lo cambiaría: le cedió  una beca para estudiar en el Pratt Institute de Nueva York.

En Brooklyn se propuso vivir su día a día con régimen militar. O producía a diario una escultura o producía a diario un cuento. Solía hacerle caso a Thomas Edison, a su lema, ese de vivir con 1% de inspiración y 99% de expiración, así, si se le encendía el bombillo, Celso debía mantenerlo prendido. Siempre.

Ahora se pueden ver los resultados del esfuerzo: Celsote es escultor, veterinario, profesor, amante acérrimo de la defensa del medio ambiente y uno de los escritores de literatura infantil más leídos en Latinoamérica.

Considera que la vida es un aprendizaje permanente y que cobra sentido solamente cuando se comparte. Por eso siempre trata de cultivarse y de expandir su conocimiento científico y mediarlo por la expresión artística y literaria, como si se tratara de un filósofo griego, de uno de esos polímatas tan escasos en estos tiempos. 

Los animales domésticos y electrodomésticos, Rosendo Bucurú o Ezequiel Uricoechea: el niño que quería saberlo todo, han calado en el corazón de varias generaciones que agradecen haber encontrado en esas letras la fantasía que necesitaba su infancia.

Los premios ratifican su esfuerzo y disciplina: obtuvo el primer puesto en el Concurso Nacional Enka de literatura infantil en 1979 con Los amigos del hombre; ganó en 1982 el premio Netzahualcóyotl de literatura latinoamericana para niños en México; en 1988 fue galardonado por la Asociación Colombiana de Literatura Infantil y en 1998 fue el ganador del Premio latinoamericano de literatura infantil y juvenil Norma.

Este año, Celso Román, en compañía de la Fundación Taller de la Tierra y de Educar Editores, presenta la novedosa colección de cuentos Desde chiquitos, en la que a través de un lenguaje lúdico se conjugan la literatura, el arte y la ciencia. La intención, como indica el autor, es “propiciar un desarrollo integral en los niños, sin pensar que por tener poca edad no entienden de ciertos temas”.

La colección que consta de tres libros aborda temáticas elementales para que los más chicos crezcan amorosos consigo mismos, con la sociedad y con la naturaleza.

Al agua manitos, al agua deditos; Mmmm… de dulce y de sal y Un, dos, tres… ¡YA! son libros pedagógicos, instructivos y útiles. Les enseñan a los pequeños lectores cómo lavarse las manos de forma divertida; cómo tener una alimentación  balanceada para un adecuado desarrollo y cómo divertirse con un libro-juego con el que el niño podrá  despertar su imaginación.

Celso Román, llamado “el impulsor del nacimiento de la fantasía épica latinoamericana”, por su obra El imperio de las cinco lunas, espera conquistar varios pequeños corazones con su nueva colección, porque para él el oficio de escribir y de lanzar un libro es como tirarle lanzas a la luna y quedarse mirando desde la tierra en dónde se ha apuntado.

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