Cerca del primer trasplante de mano

Un grupo de médicos de la Fundación Santa Fe lleva tres años y medio preparándose para dar el salto. Aseguran que en 2012 podría realizarse la primera intervención.

La cuenta regresiva para el primer trasplante de mano en Colombia ya comenzó. La microcirujana Constanza Moreno, de la Fundación Santa Fe, cree que si el cronograma de trabajo que se han trazado se cumple al pie de la letra, en un año ella y sus colegas estarían entrando al quirófano para demostrar que la medicina colombiana está madura para dar este salto.

La semana pasada recibieron la visita del cirujano de mano Vijay Gorantla, de la Universidad de Pittsburgh, quien ha participado en seis de las 33 cirugías de este tipo que se han realizado en el mundo. Gorantla, asesor del grupo, quería verificar los procesos de implementación. Esta cirugía, que se puede extender por 10 horas, es una de las más complejas. Exige un grupo de trabajo multidisciplinario que incluye psiquiatras, psicólogos, trabajadoras sociales, patólogos, nefrólogos, inmunólogos y por supuesto cirujanos entrenados para conectar más de 12 estructuras anatómicas en el menor tiempo posible.

El médico de origen hindú recordó que el primer trasplante de mano se realizó muy cerca de aquí, en Ecuador, en 1964. Pero las cosas no salieron bien y el sistema inmunológico del paciente rechazó el implante. Pasarían 34 años antes de que en Lyon, Francia, un grupo lo intentara de nuevo con mayor éxito.

En este campo la medicina ha avanzado a grandes saltos. Esta semana, por ejemplo, el cirujano español Pedro Cavadas concluyó en el Hospital La Fe de Valencia el primer trasplante bilateral de piernas del que se tenga noticia. En 2006, Cavadas realizó el primer trasplante de dos manos a una mujer colombiana de 47 años que había perdido las extremidades 28 años atrás en una explosión.

Para Colombia, el país con más minas antipersona sembradas en sus campos y una vergonzosa estadística de 857.132 personas registradas con discapacidades,  12% de ellas víctimas de violencia, cualquier avance en la medicina de trasplante es una nueva esperanza que se abre.

Uno de los obstáculos para realizar este tipo de procedimientos en el país es que por no tratarse de una intervención para salvar la vida de alguien, sino para ofrecer una mejor calidad de vida, no existe legislación ni programas para financiarlas. En promedio, un tratamiento como éste ronda los US$300.000 ($600 millones).

La doctora Moreno confía en que en estos pocos meses logren resolver el problema. ¿Quién será el primer trasplantado? No lo sabe todavía. “El proceso de selección del paciente es lo más importante de todo. Hay que hacer una evaluación técnica, revisar la historia médica y practicar pruebas psicológicas, pues debe entender que tomará medicamentos toda la vida y enfrentará complicaciones. Además tiene que estar cerca de nosotros y tiene que ser un paciente que cuente con un soporte económico y familiar adecuado”.

La funcionalidad que gana un paciente trasplantado es “razonable”, según Gorantla. Puede vivir por su cuenta, abrir y cerrar puertas, encargarse de su higiene personal, vestirse, conducir e incluso volver a un trabajo de escritorio.

Para Moreno, un trasplante ofrece algo que ni la más costosa ni la mejor de las prótesis que actualmente se fabrican puede ofrecer: sensibilidad. Un trasplante de mano es una nueva oportunidad para conectarse con el mundo de las cosas, con las otras personas, para sentirlas a través del tacto.

No importa si han transcurrido 30 años o seis meses desde que una persona perdió su mano para ser un candidato elegible. Esto gracias a la enorme plasticidad del cerebro. Tras una amputación, las áreas del cerebro a cargo del control de las manos se van contrayendo y perdiendo volumen, pero cuando se reconecta una nueva mano “reaparecen, florecen como una planta, lo puedes ver en una resonancia magnética funcional”, dice Gorantla.

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