China, muy drástica con el narcotráfico

Tres extranjeros han sido ejecutados en ese país. El último fue un británico, en 1999.

La situación del colombiano Hárold Carrillo Sánchez, el caleño de 45 años que desempleado y acosado por las deudas con bancos decidió llevar tres kilogramos de cocaína a China, es difícil. Luego de su captura, el 10 de marzo de 2010, y del juicio en el que se declaró culpable y fue condenado a pena de muerte, Carrillo sólo tiene una opción para evitar la pena capital, según expertos consultados por El Espectador: delatar a quien lo envió con la droga a China y demostrar sincero arrepentimiento.

Así lo explicó Guillermo Puyana, miembro de la Asociación de Amistad Colombo-China y abogado experto en el tema. “China, por razones históricas, relacionadas con el peor momento de su historia (1842-1911), es muy drástica con el narcotráfico. Durante un tiempo, los chinos, obligados por las potencias extranjeras, legalizaron el opio y eso desató serios problemas que provocaron una terrible guerra”, asegura Puyana.

China es el país que más personas ejecuta en el mundo, según organizaciones de derechos humanos. Aunque el número de ajusticiados oficial se desconoce, “porque es un secreto de Estado en China”, Amnistía Internacional (AI) estima que son más de cinco mil al año.

La Ley Criminal china tiene establecida esta condena para 68 delitos. Sin embargo, los principales crímenes por los que dictaminan la inyección letal o una bala en la nuca son asesinato, asalto armado, tráfico de drogas y corrupción. “Los chinos condenados por narcotráfico son ejecutados muy rápido y su condena es dictada en estadios repletos de gente para que esto sirva de ejemplo”, explica Puyana.

En la historia reciente no hay registro de extranjeros “no asiáticos”, ejecutados en China. El último caso se presentó en 2009 y fue el de un ciudadano británico “de origen paquistaní”, Akmal Shaikh, quien recibió la pena capital por posesión de cuatro kilos de heroína. Ni la intervención del primer ministro británico Gordon Brown, Estados Unidos y la Unión Europea sirvió. Shaikh se convirtió en el primer europeo al que se aplica la pena de muerte en casi 60 años en China.

“Creo que hubo razones políticas de fondo y también pesó mucho que era de origen paquistaní. Los extranjeros generalmente se convierten en una herramienta de negociación”, asegura Puyana, quien de paso recomienda al gobierno colombiano cambiar la estrategia que inició para evitar la ejecución de Hárold Carrillo. En un comunicado, la Cancillería aseguró que “puesto que la Constitución colombiana no contempla la pena de muerte por la comisión de un delito, se están adelantando gestiones ante el gobierno de la República Popular de China con el fin de que las autoridades competentes chinas reconsideren la pena impuesta al señor Hárold Carrillo Sánchez”.

Estrategia, que según Puyana, el gobierno colombiano debería reconsiderar: “En los años que viví en China, nunca un criminal obtuvo el perdón o la conmutación de la pena con este tipo de argumentos legalistas, eso no tiene importancia para ellos. Esto se hace a través de actos de contrición social”.